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Patriarca de Constantinopla (806-815), nacido cerca del 758; fallecido el
2 de junio del 829. Este campeón de la opinión ortodoxa en
la segunda contienda por la veneración de las imágenes pertenecía
a una notable familia de Constantinopla. Fue hijo del secretario imperial
Teodoro y de su piadosa esposa Eudoxia. Eudoxia era partidaria estricta
de la Iglesia y Teodoro haba sido desterrado por el emperador Constantino
Coprónimo (741-775) debido a su inquebrantable apoyo a la enseñanza
de la Iglesia en lo concerniente a las imágenes. Siendo aún
joven, Nicéforo fue llevado a la corte, donde se convirtió
en secretario imperial. Junto con otros dos oficiales de alto rango, representó
a la emperatriz Irene en el 787 en el segundo Concilio de Nicea (el séptimo
concilio ecuménico), el cual declaró la doctrina de la Iglesia
con respecto a las imágenes. Poco después, Nicéforo
buscó la soledad en el Bósforo tracio, donde fundó
un monasterio. Allí se dedicó a las prácticas ascéticas
y al estudio profano de gramática, matemáticas y filosofía,
así como a las Escrituras. Luego fue llamado a la capital y allí
se le encargó un gran hospital. A la muerte del Patriarca Tarasio
(25 de febrero del 806), hubo gran división entre el clero y los
altos oficiales de la corte en cuanto a quién escoger como sucesor
de aquél. Finalmente, con el asentimiento de los obispos, el emperador
Nicéforo (802-11) nombró patriarca a Nicéforo. Aunque
seguía siendo laico, todo mundo sabía que era muy religioso
y muy docto. Recibió las Sagradas órdenes y fue consagrado
obispo el 12 de abril del 806, domingo de Pascua. La elevación directa
de un laico al patriarcado, como había ya sucedido en el caso de
Tarasio, despertó oposición en el partido eclesiástico
entre el clero y los monjes. Los líderes eran los abades Platón
de Sacadio y Teodoro de Studita, y el hermano de Teodoro, el Arzobispo José
de Tesalónica. Por esta oposición, el abad Platón estuvo
encarcelado veinticuatro días por orden del emperador.
Nicéforo pronto dio otros motivos para un mayor antagonismo. En el 795,
un sacerdote llamado José había celebrado el ilegítimo
matrimonio del emperador Constantino VI (780-797) con Teodota, cuando todavía
vivía María, la legítima esposa del emperador, a quien
haba repudiado. Por este acto, José fue depuesto y desterrado. El emperador
consideró que era importante resolver este asunto y, a deseo suyo, el
nuevo patriarca, junto con la concurrencia de un sínodo compuesto de
un número pequeño de obispos, perdonó a José y,
en el 806, lo restauró en su cargo. El patriarca cedió a los deseos
del emperador a fin de evitar un mal más grave. El partido eclesiástico
estricto consideró que su acción fue una violación de la
ley eclesiástica y un escándalo. Antes que la cuestión
fuera resuelta, Teodoro había escrito al patriarca rogándole que
no restituyera en su cargo al sacerdote culpable, mas no recibió respuesta.
Aunque la cuestión no se debatió abiertamente, él y sus
seguidores prácticamente ya no mantenían comunión con Nicéforo
ni el sacerdote, José. Pero, mediante una carta escrita por el Arzobispo
José, el modo de proceder que él y el partido estricto habían
seguido se volvió asunto público en el 808 y causó furor.
Teodoro expuso, en discurso y por escrito, las razones de la acción del
partido estricto y mantuvo firmemente su posición. Al defenderse contra
la acusación de que él y sus compañeros eran cismáticos,
declaró que había guardado silencio en lo posible, que no había
censurado a ningún obispo y que siempre incluyó el nombre del
patriarca en la liturgia. Reafirmó su amor y adherencia al patriarca,
y dijo que retiraría toda oposición si el patriarca reconocía
la violación de la ley destituyendo al sacerdote José. El emperador
Nicéforo tomó ahora medidas violentas. Ordenó al patriarca
que convocara un sínodo, que fue celebrado en el 809, e hizo que Platón
y varios monjes comparecieran forzosamente ante él. Los oponentes del
patriarca fueron condenados, el Arzobispo de Tesalónica fue depuesto,
los abades Platón y Teodoro, junto con sus monjes, fueron desterrados
a las islas vecinas y echados a varias prisiones.
Esto, sin embargo, no desalentó a los decididos oponentes de la “herejía
adulterina”. En el 809, Teodoro y Platón, a través del archimandrita
Epifanio, enviaron un memorial al Papa León III; Teodoro luego colocó
la cuestión nuevamente ante el Papa en una carta, en la que rogó
al sucesor de san Pedro conceder una ayuda al Oriente de manera que no fuera
ahogado por las olas de la “herejía adulterina”. El Papa
León envió una respuesta alentadora y consoladora a los confesores
resolutos, y estos le volvieron a escribir a través de Epifanio. León
no había recibido comunicación de parte del patriarca Nicéforo
y, por tanto, no estaba completamente informado en la cuestión; también
deseó ahorrarle al emperador oriental en lo posible. Consiguientemente,
por un tiempo no tomó más medidas en el asunto. El emperador Nicéforo
continuó persiguiendo a todos los adherentes de Teodoro de Studita, y,
además, oprimió a los que tenía por sospechosos, ya fueran
del clero o dignatarios del imperio. Por otra parte, favoreció a los
paulicianos heréticos y a los iconoclastas y agotó al pueblo con
impuestos opresivos, de manera que fue odiado universalmente. En julio del 811,
el emperador fue muerto en una batalla con los búlgaros. Su hijo, Stauracio,
quien había sido herido en la misma batalla, fue proclamado emperador,
pero fue depuesto por los hombres principales del imperio porque seguía
el mal ejemplo de su padre. El 2 de octubre del 811, con la aprobación
del patriarca, Miguel Rhangabe, cuñado de Stauracio, fue elevado al trono.
El nuevo emperador prometió, por escrito, defender la fe y proteger tanto
al clero como a los monjes, y fue coronado con mucha solemnidad por el patriarca
Nicéforo. Miguel tuvo éxito en la reconciliación entre
el patriarca y Teodoro de Studita. El patriarca volvió a deponer al sacerdote
José y retiró sus decretos contra Teodoro y sus partidarios. Por
el otro lado, Teodoro, Platón y la mayora de sus adeptos reconocieron
al patriarca como el cabeza legítimo de la Iglesia bizantina, y trataron
de traer a los rebeldes de regreso a la obediencia. El emperador también
había recurrido al papado en relación con estas riñas y
obtenido una carta de aprobación de León. Por otra parte, el patriarca
ahora envió al Papa la tradicional notificación por escrito de
su instalación en el cargo (Synodica). En ella trató de justificar
el retraso con la tiranía del anterior emperador, entretejió una
intrincada confesión de fe y prometió notificar a Roma en el momento
apropiado en lo referente a todas las cuestiones importantes.
El emperador Miguel era un hombre honorable de buenas intenciones, pero débil
y dependiente. Por consejo de Nicéforo, mandó matar a los heréticos
y sediciosos paulicianos y trató de suprimir a los iconoclastas. El patriarca
intentó por todos los medios establecer una disciplina monástica
entre los monjes, y suprimir los monasterios dobles, que habían sido
prohibidos por el séptimo concilio ecuménico. Tras su total derrota,
el 22 de junio del 813, en la guerra contra los búlgaros, el emperador
perdió toda autoridad. Con la aprobación del patriarca, renunció
y entró en un monasterio con sus hijos. El general del pueblo, León
el Armeno, se convirtió en emperador el 11 de julio del 813. Cuando Nicéforo
exigió la confesión de fe, antes de la coronación, León
la postergó. No obstante esto, Nicéforo lo coronó, pero
luego León de nuevo renunció a hacer su confesión. En cuanto
el nuevo emperador había asegurado la paz del imperio con la derrota
de los búlgaros, sus verdaderas opiniones comenzaron a aparecer gradualmente.
Entró en relación con los oponentes de las imágenes, entre
los cuales se hallaba un número de obispos; poco a poco se volvió
más evidente que estaba preparando un nuevo ataque contra la veneración
de las imágenes. Ahora, con intrépida energía, el patriarca
Nicéforo procedió contra las maquinaciones de los iconoclastas.
Llevó a juicio a varios eclesiásticos opuestos a las imágenes
ante un sínodo y forzó a un abad llamado Juan y también
al obispo Antonio de Sileo a la sumisión. La aquiescencia del obispo
Antonio fue meramente simulada.
En diciembre del 814, Nicéforo tuvo una larga conferencia con el emperador
acerca de la veneración de imágenes, pero no se llegó a
ningún acuerdo. Luego el patriarca envió a varios obispos y abades
doctos para convencerlo de la verdad de la posición del patriarca en
cuanto a la veneración de las imágenes. El emperador deseó
un debate entre los representantes de las opiniones dogmáticas opuestas,
pero los adeptos de la veneración de las imágenes rehusaron participar
en dicha conferencia, puesto que el séptimo concilio ecuménico
ya había resuelto la cuestión. Entonces Nicéforo convocó
una asamblea de obispos y abades en la iglesia de santa Sofía, lugar
donde excomulgó al obispo Antonio de Sileo, quien haba perjurado. Un
gran número de laicos también estuvo presente en esta ocasión,
y el patriarca junto con el clero y el pueblo permaneció en la iglesia
toda la noche orando. El emperador después citó a Nicéforo,
y el patriarca fue al palacio imperial acompañado de abades y monjes.
Nicéforo primero tuvo una conversación larga y en privado con
el emperador, en la cual inútilmente intentó por todos los medios
disuadir a León de su oposición a la veneración de imágenes.
El emperador reicibió a los que habían acompañado a Nicéforo,
entre ellos a siete metropolitanos y al abad Teodoro de Studita. Todos repudiaron
la interferencia del emperador en cuestiones dogmáticas y una vez más
rechazaron la proposición de León de celebrar una conferencia.
El emperador luego ordenó a los abades a guardar silencio sobre el asunto
y les prohibió llevar a cabo reuniones. Teodoro declaró que el
silencio con esas condiciones sería traición y expresó
simpatía por el patriarca, a quien el emperador prohibió llevar
a cabo servicio público en la iglesia. Nicéforo enfermó;
cuando se recuperó, el emperador lo citó para defender su modo
de proceder ante un sínodo de obispos que simpatizaba con el iconoclasma.
Mas el patriarca no reconocería el sínodo e hizo caso omiso a
las citaciones. El conciliábulo ahora ordenaba que ya no se le llamara
patriarca. Su casa fue rodeada de multitudes de enfadados iconoclastas, que
le gritaron amenazas e improperios. Fue vigilado por soldados y no se le permitió
realizar ningún acto oficial. Protestando contra este modo de proceder,
el patriarca notificó a León que juzgaba necesario renunciar a
la sede patriarcal. Acto seguido, fue arrestado a medianoche en marzo del 815
y desterrado al monasterio de san Teodoro, que había construido en el
Bósforo.
León ahora elevó al patriarcado a Teodoto, un laico casado y
analfabeto que favorecía el iconoclasma. Teodoto fue consagrado el 1ero
de abril del 815. El exiliado Nicéforo perseveró en su oposición
y escribió varios tratados contra el iconoclasma. Tras el asesinato del
emperador León, el 25 de diciembre del 820, Miguel el amoriano ascendió
al trono, y los defensores de la veneración de imágenes fueron
ahora tratados con mayor consideración. Sin embargo, Miguel no consentiría
a una restauración propiamente dicha de las imágenes, como le
exigía Nicéforo, pues declaró que no deseaba interferir
en asuntos religiosos y dejaría todo como estaba. En consecuencia, las
medidas hostiles del emperador León no fueron revocadas, aun cuando la
persecución cesó. Nicéforo recibió permiso para
regresar del exilio si prometía permanecer callado. Él, no obstante,
no aceptaría y permaneció en el monasterio de san Teodoro, donde
continuó defendiendo, por discurso y por escrito, la veneración
de las imágenes. Los tratados dogmáticos que escribió,
principalmente sobre este tema, son los siguientes: una Apología para
la Iglesia católica en lo concerniente al recién surgido cisma
en relación a las sagradas imágenes (Migne, P.G., C, 833-849),
escrita en el 813-814; un tratado más largo en dos partes; la primera
es una Apología para la fe pura y no adulterada de los cristianos en
contra de quienes nos acusan de idolatría (Migne, loc. Cit., 535-834);
la segunda parte contiene el Antirrhetici, una refutación de un escrito
del emperador Constantino Coprónimo sobre las imágenes (loc. Cit.,
205-534). Nicéforo añadiá a su segunda parte setenta y
cinco extractos de escritos de los Padres [editados por Pitra, Spicilegium Solesmense,
I (Pars, 1852), 227-370]; en otros dos escritos, que aparentemente van juntos,
se examinan y explican pasajes de escritores antiguos que habían sido
usados por los enemigos de las imágenes para sostener sus opiniones.
Ambos tratados fueron editados por Pitra; el primero Epikisis en Spicilegium
Solesmense, I, 302-335; el segundo Antirresis en el mismo, I, 371-503, y IV,
292-380. Estos dos tratados hablan de pasajes de Macario Magno, Eusebio de Cesarea
y de un escrito equivocadamente atribuido a Epifanio de Ciro. Pitra editó
otra obra que justificaba la veneración de imágenes titulada Antirrheticus
adversus iconomachos (Spicil. Solesm., IV, 233-291). Un último y, al
parecer, especialmente importante tratado sobre esta cuestión no ha sido
publicado. Nicéforo también dejó dos pequeñas obras
históricas; una conocida como el Breviarium, la otra como Chronographis;
ambas fueron editadas por C. De Boor, Nicephori archiep. Const. Opuscula historica,
en la Bibliotheca Teubneriana (Leipzig, 1880). Al final de su vida fue venerado
y tras su muerte fue considerado santo. En el 874, sus huesos fueron trasladados
a Constantinopla con mucha pompa por parte del Patriarca Metodio y fue enterrado
el 13 de marzo en la Iglesia de los Apóstoles. Su fiesta se celebra en
este día tanto en la iglesia griega como en la romana; los griegos también
observan el 2 de junio como el día de su muerte.
J.P.KIRSCH
Transcribed by Donald J. Boon
Traducido por Manuel Rodríguez Ramírez
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur
+John Cardinal Farley, Archbishop of New York
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