Incluyendo bajo este nombre todo tipo de Hermandad de Caballeros, tanto seculares
como religiosos, los historiadores de las Órdenes Militares han llegado
a enumerar un número cercano al centenar, incluso sin tener en cuenta
las apócrifas y mortinatas. Este gran número se explica por la
avidez con que la Edad Media acogió una institución tan enteramente
adecuada con las dos ocupaciones de aquel período: la guerra y la religión.
La realeza más tarde utilizó la nueva idea para fortalecer su
propia posición o para premiar a los nobles leales, creando órdenes
seculares de caballería de forma que no hubo país que no tuviera
su orden real o principesca.
ÓRDENES MILITARES FALSAS
También individuos privados se metieron en este “negocio”;
algunos aventureros trataron de explotar la vanidad de la noblesse falsificando
insignias de caballería con las cuales se condecoraban ellos mismos,
y que distribuían pródiga, pero no gratuitamente, entre su clientela.
En consecuencia surgió todo un grupo de órdenes justamente consideradas
falsas.
En el siglo diecisiete Marino Caraccioli (1624), un noble napolitano, logró
hacerse pasar como Gran Maestre de la Orden de Caballeros de San Jorge, que
él pretendía se remontaba a Constantino el Grande.
En 1632 Baltasar Girón, que se autopresentaba como un etíope,
introdujo en Europa una orden no menos antigua, la de San Antonio de Etiopía,
un fraude inmediatamente desenmascarado por otro oriental, el erudito Abraham
Echelensis (1646).
En la corte de Luis XIV, un negro –traído a Francia desde la Costa
de Oro- se presentó como príncipe, hasta alcanzar el honor de
ser bautizado por Bossuet (1686), e instituyó la Orden de la Estrella
de Nuestra Señora antes de regresar a sus presuntos dominios.
ÓRDENES MILITARES “MORTINATAS”
Una Orden regular de caballería equivale a una hermandad o confraternidad
que combina con las insignias de la caballería los privilegios de los
monjes. Esto supone el reconocimiento de parte tanto de la Iglesia como del
Estado; para pertenecer al clero regular, necesitaban la confirmación
del Papa; no podían ser armados caballeros sin la autorización
del príncipe. Las Órdenes de caballería carentes de reconocimiento
oficial deberían ser excluidas de su historia, aunque figuren en las
páginas de todos los historiadores de las órdenes militares. Como
realidad efectiva, más de una regla de esta clase ha existido sin apenas
pasar de su etapa inicial; órdenes de este tipo deben ser calificadas
como “mortinatas” (muertas al nacer).
Ninguna huella se halla en el “Bullarium romanum” de la orden llamada
del Ala de San Miguel, atribuida al Rey Alfonso I de Portugal (1176), ni de
la Orden del Barco, supuestamente fundada por San Luis antes de la cruzada a
Túnez en la que murió (1270), ni de la de los Argonautas de San
Nicolás, atribuida al rey de Nápoles Carlos III
(1382).
Philippe de Mezières, canciller del Rey de Chipre, redactó los
estatutos de una Orden de la Pasión de Cristo (1360), cuyo texto fue
publicado recientemente, pero que nunca entró en vigor.
Tras la conquista de Lemnos por los Turcos, el Papa Pío II fundó
una Orden de Nuestra Señora de Belén, pretendiendo transferir
a la misma las posesiones de antiguas órdenes que no podían cumplir
más sus propósitos (1459), pero la pérdida de la isla impidió
su institución. La misma suerte corrió la Orden Germánica
de la Milicia Cristiana proyectada bajo Pablo V (1615), la Orden Francesa de
la Magdalena para la supresión de los duelos (1614) y la Orden de la
Concepción de Nuestra Señora, cuyos estatutos, ideados por el
Duque de Mantua y aprobados por Urbano VIII (1623) quedaron como letra muerta.
ÓRDENES MILITARES AUTÉNTICAS
La Edad de las cruzadas pasó. Las órdenes históricamente
existentes pueden reducirse a tres categorías: a) Grandes Órdenes
Regulares; b) Órdenes Regulares Menores; c) Órdenes Seculares.
Grandes Órdenes Regulares
Las grandes Órdenes militares tuvieron su origen en las cruzadas, de
las cuales retuvieron en su atuendo el distintivo común de toda orden
de caballería: la cruz sobre el pecho.
Órdenes Militares
La más antigua de ellas, los Caballeros Templarios, sirvió de
modelo para las demás. Tras apenas un siglo de existencia, fue suprimida
por Clemente V; pero dos restos quedaron más allá del siglo catorce,
la Orden de Cristo en Portugal y la Orden de Montesa en España. En el
siglo doce Portugal tomó prestada la regla de los Templarios y fundó
la Orden portuguesa de Avis. Casi al mismo tiempo surgieron la Orden de Calatrava
en Castilla y la Orden de Alcántara en León.
Órdenes Militares-Hospitalarias
Contemporáneas a estas órdenes puramente militares, fueron fundadas
otras a la vez militares y hospitalarias, la más famosa de las cuales
fue la de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén (Caballeros de Malta)
y la de los Caballeros Teutónicos (diseñada a ejemplo de la anterior),
ambas todavía existentes. En la misma categoría hay que incluir
la Orden de Santiago que se extendió en Castilla, León y Portugal.
Órdenes Hospitalarias
Finalmente, hay que referirse a las órdenes puramente hospitalarias,
cuyos comendadores, sin embargo, defendieron su rango de caballeros, aunque
jamás entraron en combate, como las Órdenes de San Lázaro
de Jerusalén y la del Espíritu Santo de Montpellier. Conexa a
ellas hay que colocar a la Orden de Nuestra Señora de la Merced (los
llamados Mercedarios), fundada en Aragón (1218) por San Pedro Nolasco
para la redención de cautivos. Incluyendo entre sus miembros tanto religiosos
caballeros como religiosos clérigos, fue considerada en su origen una
orden militar, pero surgieron discrepancias y cada rango eligió su propio
gran maestre. Juan XXII (1317) reservó la granmaestría para los
clérigos, lo que dio como resultado un éxodo general de los caballeros
hacia la recién fundada Orden militar de Montesa.
Órdenes Regulares Menores
Hay mención en el siglo doce, en Castilla, de una Orden de Montjoie,
confirmada por Alejandro III (1180), pero es difícil distinguirla de
la Orden de Calatrava, con la que fue pronto fusionada.
En 1191, tras el asedio de Acre, Ricardo I de Inglaterra fundó allí,
en cumplimiento de un voto, la Orden de Santo Tomás de Canterbury, una
orden de hospitalarios para el servicio de los peregrinos ingleses. Parece que
se la hizo depender de los Hospitalarios de San Juan, a los que siguió
a Chipre tras la evacuación de Palestina. Su existencia está atestiguada
por el Bullarium de Alejandro IV y Juan XXII; aparte de esto apenas ha dejado
huellas, si exceptuamos una iglesia de arquitectura remarcable, la de San Nicolás
en Nicosia (Chipre).
Mejor conocida es la historia de Schwertzbrüder (Ensiferi, Gladíferos
o “Portaespadas”) de Livonia, fundada por Alberto, primer Obispo
de Riga (1197), para propagar la fe en las provincias bálticas y proteger
allí a la nueva Cristiandad contra las naciones paganas todavía
numerosas en aquella zona de Europa. Contra los paganos fue predicada una cruzada,
pero como los cruzados temporales se apresurasen a retirarse, devino necesaria,
como en Palestina, su substitución por una Orden permanente. Esta Orden
adoptó lo estatutos, el manto blanco y la cruz roja de los Templarios,
con una espada roja como emblema distintivo, de ahí su nombre de “Portaespadas”.
La Orden fue aprobada en 1202 por una bula de Inocencio III. Abierta a toda
clase de gentes sin distinción de linaje, plagada de meros aventureros
cuyos excesos se dirigían más a exasperar a los paganos que a
convertirlos, se mantuvo, pero por poco tiempo, teniendo sólo dos grandes
maestres, el primero de los cuales, Vinnon, fue asesinado en 1209 por uno de
sus hombres, mientras que el segundo, Volquin, cayó en el campo de batalla
en el año 1236, con cuatrocientos ochenta caballeros de la Orden. Los
supervivientes pidieron autorización para ingresar en la Orden Teutónica,
de la cual los Caballeros de Livonia formaron en lo sucesivo una rama bajo su
propio maestre provincial (1238). Sus posesiones, adquiridas por conquista,
formaron un señorío bajo Carlos V (1525) y el último de
sus maestres, Gottart Kettler, apostató y lo convirtió en el ducado
hereditario de Courland bajo la soberanía de los Reyes de Polonia (1562).
Los Gaudenti de Nuestra Señora en Bolonia, confirmados por Urbano IV
en 1262 y suprimidos por Sixto V en 1589, fueron no tanto una Orden militar
cuanto una asociación de señores que se encargaron de mantener
la paz pública en aquellos tiempos turbulentos.
Una Orden de San Jorge de Alfama, en Aragón, aprobada por Urbano V en
1363, se fusionó con la Orden de Montesa en 1399.
Los Caballeros de San Jorge, en Austria, fundados por el Emperador Federico
III y aprobados por Pablo II en 1468, fracasaron en el perpetuar su existencia
debido a la carencia de posesiones territoriales y acabaron convirtiéndose
en una simple confraternidad secular.
La Orden de San Esteban Papa fue fundada en Toscana por el Gran Duque Cosmo
I y aprobada en 1561 por Pío IV, regulándose bajo la Regla benedictina.
Tuvo su casa principal en Pisa y fue obligada a equipar cierto número
de galeras para combatir a los Turcos en el Mediterráneo a la manera
de (y de acuerdo con) las “caravanas” de los Caballeros de Malta.
Órdenes Seculares
Desde el siglo catorce, se formaron fraternidades de caballeros laicos a semejanza
de las grandes Órdenes regulares; como en éstas, encontramos en
estas Órdenes seculares un patrón, un voto de servir a la Iglesia
y al soberano, unos estatutos, un gran maestre (normalmente el príncipe
reinante) y la práctica de ciertas devociones.
Las principales de estas Órdenes son las siguientes:
Inglaterra
En Inglaterra Eudardo III, en memoria de los legendarios Caballeros de la Tabla
Redonda, estableció en el año 1349 una hermandad de veinticinco
caballeros; exclusivamente de sangre real y príncipes extranjeros, con
San Jorge como patrón y con capilla en el Castillo de Windsor para reunirse
capitularmente. Tomó su nombre, Orden de la Jarretera, del emblema característico
llevado en la rodilla izquierda. La elección de tal emblema dio origen
a varias anécdotas de dudosa autenticidad. Nada se sabe hoy de la finalidad
inicial de la Orden del Baño, cuya erección se remonta a la coronación
de Enrique IV (1399). Una tercera Orden, escocesa en su origen, es la Orden
del Cardo, que data del reinado de Jaime V de Escocia. Estas Órdenes
existen aún, aunque perteneciendo al protestantismo.
Francia
En Francia las Órdenes reales de la Estrella, originada en tiempo de
Juan el Bueno (1352), de San Miguel fundada por Luis XI (1469) y del Espíritu
Santo, fundada por Enrique III (1570), de Nuestra Señora del Carmen,
amalgamada por Enrique IV con la de San Lázaro, fueron totalmente suprimidas
por la Revolución.
Austria y España
Austria y España se disputan la herencia (desde la Casa de Borgoña)
del derecho a conferir la Orden del Toisón de Oro, fundada por el duque
Felipe el Bueno, aprobada por Eugenio IV en 1433 y ampliada por León
X en 1516.
Piamonte
En Piamonte la Orden de la Annunziata en su última forma procede sólo
de Carlos III, duque de Saboya (1518), pero su primera dedicación a la
Bienaventurada virgen se remonta a Amadeo VIII, primer Duque de Saboya, antipapa
bajo el nombre de Félix V (1434). Hubo, antes de su dedicación,
en Saboya una Orden del Collar que tenía sus capítulos en la Cartuja,
fundada en 1298, de Rene-Châtel en Bugey. En el mismo lugar celebraban
los Caballeros de la Annunziata su fiesta de la Anunciación, de modo
que se consideraron a sí mismos como sucesores de la Orden del Collar.
Tras la cesión de Bugey a Francia, trasladaron la sede de sus capítulos
al recién fundado monasterio camaldulense en la Montaña de Turín
(1627).
Mantua
En el Ducado de Mantua, el duque Vicente Gonzaga, en ocasión de la boda
de su hijo Francisco II, instituyó, con la aprobación de Pablo
V, los Caballeros de la Preciosa Sangre, una reliquia de la cual se venera en
aquella ciudad.