En este artículo consideraremos las dos palabras Jesús
y Cristo que componen el Nombre Sagrado.
JESUS
La palabra Jesús es la forma
latina del griego Iesous,
que a su vez es la transliteración del hebreo Jeshua,
o Joshua, o también Jehoshua, que significa Yahveh es
salvación. Si bien el nombre aparece frecuentemente en el
Antiguo Testamento, no fue usado por ninguna persona destacada entre
el tiempo de Josué, hijo de Nun
y Josué, sumo sacerdote en tiempos de Zorobabel.
También fue el nombre del autor del Eclesiástico de uno de
los ancestros de Cristo mencionados en Su genealogía, encontrada
en el Tercer Evangelio (Lucas, iii, 29), y uno de los compañeros
de San Pablo (Col., iv, 11). Durante
el período helénico,
Jasón, nombre puramente griego y análogo de Jesús, parece haber
sido adoptado por muchos (I Mac., viii, 17; xii, 16; xiv, 22; II
Mac., i, 7; ii, 24; iv, 7 26; v, 5 10; Hch., xvii, 5 9; Rom., xvi,
21). El nombre griego está relacionado con el verbo iasthai,
sanar; no sorprende, por lo tanto, que algunos de los Padres Griegos
hayan asociado la palabra Jesús
con la misma raíz (Euseb., "Dem. Ev.", IV; cf. Hch., ix,
34; x., 38). Si bien en el tiempo de Cristo el nombre Jesús
parece haber sido bastante común (Jos., "Ant.", XV, ix,
2; XVII, xiii, 1; XX, ix, 1; "Bel. Jud.", III, ix, 7;
IV, iii, 9; VI, v, 5; "Vit.", 22) fue impuesto a Nuestro
Señor por orden expresa de Dios (Lc., i, 31; Mat., i, 21), como
señal de que el Niño estaba destinado a salvar a su pueblo
del pecado. Por lo tanto Filo ("De Mutt. Nom.",
21) está en lo correcto cuando explica que Iesous
significa soteria kyrion;
Eusebio (Dem., Ev., IV, ad fin.; P. G., XXII, 333) le da el significado
de Theou soterion; mientras que San Cirilo
de Jerusalén interpreta la palabra como un equivalente de soter (Cat., x, 13; P.G., XXXIII, 677). Sin embargo, este último escritor
parece concordar con Clemente de Alejandría en considerar que la
palabra Iesous tiene origen
griego (Paedag., III, xii; P. G., VIII, 677); San Juan Crisóstomo
enfatiza nuevamente la derivación hebrea de la palabra y su significado
soter (Hom., ii, 2), y así concordando con la exégesis del ángel hablándole
a San José (Mat., i, 21).
CRISTO
La palabra Cristo, Christos, equivalente
griego para la palabra hebrea Mesías,
significa ungido. De acuerdo a la Antigua Ley, los sacerdotes
(Ex., xxix, 29; Lev., iv, 3), los reyes (I Sam., x, 1; xxiv, 7),
y los profetas (Is., lxi, l) debían ser ungidos para sus respectivos
oficios; ahora, el Cristo, o el Mesías, reunía estas tres dignidades
en Su Persona. Por lo tanto no sorprende que por siglos los judíos
se hayan referido a su esperado Salvador como el ungido.
Quizás esta designación alude a Is., lxi, 1, y Dn., ix, 24 26, o
incluso a Sal., ii, 2; xix, 7; xliv, 8. De este modo el término
Cristo o Mesías era un título
más que un nombre propio: "Non
proprium nomen est, sed nuncupatio potestatis et regni",
dice Lactancio (Inst. Div., IV, vii). Los Evangelistas reconocen
la misma verdad; exceptuando Mat., i, 1, 18; Mc., i, 1; Jn., i,
17; xvii, 3; ix, 22; Mr., ix, 40; Lc., ii, 11; xxii, 2, la palabra
Cristo está siempre precedida
por el artículo el.
Sólo luego de la Resurrección el título se convirtió gradualmente
en nombre propio, y la expresión Jesucristo
o Cristo Jesús se convirtió
en una sola designación. Pero
en esta etapa los griegos y romanos entendían poco o nada acerca
del sentido de la palabra ungido; para ellos no constituía ninguna
concepción sagrada. De aquí que ellos sustituían Chrestus, o excelente, por Cristo o ungido,
y Chrestians en lugar de Cristianos.
Puede haber una alusión a esta práctica en I Pe., ii, 3;
hoti chrestos ho kyrios,
que se traduce que el Señor es bueno. El mártir Justino
(Apol., I, 4), Clemente de Alejandría (Strom., II, iv, 18), Tertuliano
(Adv. Gentes, II), y Lactancio (Int. Div., IV, vii, 5), así como
San Jerónimo (In Gal., V, 22), saben de la sustitución pagana de
Chrestes por Christus, y son cuidadosos al explicar el nuevo término
en un sentido favorable. Los paganos hicieron poco o ningún esfuerzo
por aprender lo correcto acerca de Cristo o los cristianos; Suetonius,
por ejemplo, atribuye la expulsión de los judíos de Roma bajo el
gobierno de Claudio, a la constante instigación de sedición por
parte de Chrestus, a quien considera líder de los insurgentes y
que actúa en Roma. El uso
del artículo determinado antes de la palabra Cristo
y su gradual desarrollo hacia un nombre propio muestra la identificación
de los cristianos con el Mesías prometido de los judíos. Combinaba
en Su Persona las dignidades de profeta (Jn., vi, 14; Mat., xiii,
57; Lc., xiii, 33; xxiv, 19), de rey (Lc., xxiii. 2; Hch., xvii,
7; I Cor., xv, 24; Apoc., xv, 3), y de sacerdote (Heb., ii, 17;
etc.); cumplió las promesas mesiánicas en un sentido más alto y
pleno del que enseñaban los maestros en las sinagogas.
A. J. MAAS
Transcrito por Joseph P. Thomas
En Memoria del Arzobispo Mathew Kavukatt
Traducido por Armando Llaza Corrales