(O Damiani)
Doctor de la Iglesia, Cardenal-Obispo de Ostia, nacido en Ravena “cinco
años después de la muerte del Emperador Otto III”,
1007; muerto en Faenza el 21 de Febrero de 1072.
Era el menor de una familia numerosa; sus padres eran nobles, pero pobres.
A su nacimiento, un hermano mayor protestó contra esta nueva carga
para los recursos de la familia, con tal efecto que su madre rehusó
amamantarlo y el bebé casi murió. Una servidora de la familia,
sin embargo, alimentó al niño hambriento y mediante el ejemplo
y los reproches hizo retornar a la madre a su deber. Dejado en un orfanato
a temprana edad, primero fue adoptado por un hermano mayor, quien lo maltrataba
y sub-alimentaba mientras lo empleaba como cuidador de cerdos. El chico
mostraba signos de gran piedad y de extraordinarias dotes intelectuales,
y después de algunos años de servidumbre, otro hermano,
que era arcipreste en Ravena, se apiadó de él y se lo llevó
para educarlo. Este hermano se llamaba Damián y generalmente se
ha aceptado que San Pedro añadió este nombre al suyo en
reconocimiento de gratitud a la bondad de su hermano. Progresó
rápidamente en sus estudios, primero en Ravena, luego en Faenza,
finalmente en la Universidad de Parma, y cuando tenía cerca de
veinticinco años de edad era ya un famoso maestro en Parma y Ravena.
Pero, aunque muy dado al ayuno y otras mortificaciones, no pudo soportar
los escándalos y distracciones de la vida universitaria y decidió
(alrededor de 1035) retirarse del mundo. Mientras meditaba en su resolución
encontró dos ermitaños de Fonte-Avellana, quedó cautivado
con su espiritualidad y desprendimiento, y quiso unirse a ellos. Animado
por ellos, Pedro, después de un retiro de cuarenta días
en una pequeña celda, dejó a sus amigos en secreto y emprendió
el camino a la abadía de los ermitaños de Fonte-Avellana
(q.v.). Aquí fue recibido, y, para su sorpresa, vestido de una
vez con el hábito monástico.
Tanto como novicio así como religioso profeso, su fervor era extraordinario
y lo conducía a tales extremos de penitencia que, por un tiempo,
su salud se vio afectada. Ocupó el tiempo de su convalecencia en
un esmerado estudio de la Sagrada Escritura y, a su recuperación,
fue designado para dar conferencia a sus hermanos monjes. A solicitud
de Guy de Pomposa y otros directores de monasterios vecinos, por dos o
tres años dio conferencia a sus súbditos también,
y (alrededor de 1042) escribió la vida de San Romualdo para los
monjes de Pietrapertosa. Poco después de su regreso a Fonte-Avellana
fue designado ecónomo de la casa por el prior, quien también
lo nombró como su sucesor. Esto, en efecto, llegó a serlo
en 1043, y permaneció como prior de Fonte-Avellana hasta su muerte.
Su priorazgo se caracterizó por una prudente moderación
de la regla, así como por la fundación de eremitorios dependientes
en San Severino, Gamugno, Acerata, Murciana, San Salvador, Sitria y Ocri.
Fue notable, también, por la introducción del uso regular
de la disciplina, un ejercicio penitencial que él indujo a la gran
abadía de Monte Casino a imitar. Hubo mucha oposición a
esta práctica por fuera de su propio círculo, pero la persistente
intercesión de Pedro aseguró su aceptación a tal
punto que fue obligada más tarde para moderar el imprudente celo
de algunos de sus ermitaños. Otra innovación fue la de la
siesta diaria, para compensar la fatiga del oficio nocturno. Durante su
tenencia del priorato se construyó un claustro, se compraron cálices
de plata y una cruz procesional de plata, y se agregaron muchos libros
a la biblioteca. (Ver Fonte-Avellana).
Aunque viviendo en el aislamiento del claustro, Pedro Damián cuidaba
estrechamente los destinos de la Iglesia, y como su amigo Hildebrando,
el futuro Gregorio VII, luchó por su purificación en aquellos
tiempos deplorables. En 1045 cuando Benedicto IX renunció al supremo
pontificado en favor del arcipreste John Gratian (Gregorio VI), Pedro
saludó el cambio con alegría y le escribió al papa,
urgiéndolo a tratar con los escándalos de la iglesia en
Italia, especialmente con los obispos malvados de Pesaro, de Citta di
Castello, y de Fano (ver BENEDICTO IX, GREGORIO VI). Estuvo presente en
Roma cuando Clemente II coronó a Enrique III y su esposa Inés,
y también asistió a un sínodo celebrado en la Lateranense
en los primeros días de 1047, en el que se adoptaron decretos contra
la simonía. Después de esto regresó a su eremitorio
(ver Clemente II, Dámaso II). El Papa San León IX (q.v.)
fue solemnemente entronizado en Roma, el 12 de Febrero de 1049, para suceder
a Dámaso II, y alrededor de dos años más tarde, Pedro
publicaba su terrible tratado sobre los vicios del clero, el “Liber
Gomorrhianus”, dedicándolo al papa. Esto causó
un gran alboroto y despertó no poca enemistad en contra de su autor.
Aún el papa, quien al comienzo había elogiado la obra, fue
persuadido de que era exagerada y su frialdad provocó de parte
de Damián una vigorosa carta de protesta. Mientras tanto surgió
el problema de la validez de las ordenaciones de los clérigos simoníacos.
El prior de Fonte-Avellana fue llamado a escribir (1053) un tratado, el
“Liber Gratissimus”, a favor de su validez, una obra
que, aunque muy combatida en el momento, fue eficaz en decidir la cuestión
en su favor antes del final del siglo doce. En Junio de 1055, durante
el pontificado de Víctor II (q.v.), Damián asistió
a un sínodo celebrado en Florencia, donde una vez más fueron
condenadas la simonía y la incontinencia clerical. Cerca de dos
años más tarde cayó enfermo en Fonte-Avellana y casi
muerto, pero repentinamente, después de siete semanas de sufrimiento,
se recuperó, como el creía, a través de un milagro.
Durante su enfermedad el papa murió, y Federico, abad de Monte
Casino, fue elegido como Esteban X. En el otoño de 1057, Esteban
X decidió erigir a Damián cardenal. Por largo tiempo él
resistió el ofrecimiento, pero fue finalmente forzado, bajo amenaza
de excomunión, a aceptar, y fue consagrado Cardenal-Obispo de Ostia
en Noviembre 30 de 1057. Adicionalmente fue nombrado administrador de
la Diócesis de Gubbio. El nuevo cardenal estaba impresionado con
las grandes responsabilidades de su cargo y escribió una conmovedora
carta a sus hermanos cardenales, exhortándolos a brillar por su
ejemplo antes que nada. Cuatro meses más tarde el Papa Esteban
murió en Florencia y la Iglesia fue una vez perturbada por el cisma.
El Cardenal de Ostia fue vigoroso en su oposición al antipapa Benedicto
X, pero la fuerza estuvo del lado del intruso y Damián se retiró
a Fonte-Avellana. (Ver NICHOLAS II; GREGORIO VII).
Alrededor del fin del año 1059 Pedro fue enviado como legado a
Milán por Nicolás II. La Iglesia de Milán había
sido, por algún tiempo, presa de la simonía y la incontinencia.
Tan malo era el estado de las cosas, que se compraban y vendían
beneficios abiertamente y el clero públicamente “se casaba
con” las mujeres con quienes vivían. Pero la feligresía
de Milán, guiada por San Arialdo el Diácono de San Anselmo,
Obispo de Lucca, luchó duro para remediar estos males. Al fin la
contienda entre las dos partes llegó a ser tan agria que se hizo
una súplica a la Santa Sede para decidir el asunto. Nicolás
II envió a Damián y el Obispo de Lucca como sus delegados.
Pero ahora el grupo de los clérigos irregulares tocó la
alarma y alzó el grito de que Roma no tenía autoridad sobre
Milán. De una vez Pedro tomó acción. Confrontando
osadamente a los alborotadores en la catedral, les probó la autoridad
de la Santa Sede con tal efecto que todas las partes se sometieron a su
decisión. Primero exigió un juramento solemne de parte del
arzobispo y todo su clero de que en el futuro no se pagaría por
un nombramiento; luego, imponiendo una penitencia sobre todo el que hubiese
sido culpable, readmitió en sus beneficios a todos los que se comprometieran
a vivir en continencia. Esta prudente decisión fue atacada por
algunos de los rigoristas de Roma, pero no fue revocada. Infortunadamente,
a la muerte de Nicolás II, estallaron las mismas disputas; no fueron
finalmente zanjadas hasta después del martirio de San Arialdo en
1066. Mientras tanto, Pedro estaba suplicando en vano ser liberado de
las obligaciones de su cargo. Ni Nicolás II ni Hildebrando consentirían
en prescindir de él.
En Julio de 1061, el papa murió y una vez más sobrevino
un cisma. Damián utilizó todos sus poderes para persuadir
al antipapa Cadalous a retirarse, pero fue en vano. Finalmente Hanno,
el Regente de Alemania, convocó un concilio en Augsburgo en el
cual fue leído por San Pedro Damián un extenso razonamiento
que contribuyó grandemente a la decisión en favor de Alejandro
II (q.v.). En 1063 el papa celebró un sínodo en Roma, en
el cual Damián fue designado legado para zanjar la disputa entre
la Abadía de Cluny y el Obispo de Macón. Prosiguió
a Francia, convocó un concilio en Châlon-sur-Saône,
probó la justicia de los argumentos de Cluny, resolvió algunos
asuntos en disputa en la Iglesia de Francia, y regresó en el otoño
a Fonte-Avellana. Mientras él estaba en Francia, el antipapa Cadalous
se había puesto nuevamente activo en sus intentos para ganar Roma,
y Damián se buscó para sí mismo una punzante reprensión
de Alejandro e Hildebrando por apelar dos veces imprudentemente al poder
real para juzgar el caso nuevamente. En 1067 el cardenal fue enviado a
Florencia para resolver la disputa entre el obispo y los monjes de Vallombrosa,
que acusaban al primero de simonía. Sus esfuerzos, sin embargo,
no tuvieron éxito, principalmente porque juzgó mal el caso
y echó el peso de su autoridad sobre el lado del obispo. El asunto
no fue resuelto hasta el siguiente año por el papa en persona.
En 1069 Damián fue como legado del papa a Alemania para prevenir
al Rey Enrique de repudiar a su esposa Bertha. Esta tarea la llevó
a cabo en un concilio en Franckfort y regresó a Fonte-Avellana,
donde fue dejado tranquilo por dos años.
A comienzos de 1072 fue enviado a Ravena para reconciliar a sus habitantes
con la Santa Sede, habiendo sido excomulgados por apoyar a su arzobispo
en su adhesión al cisma de Cadalous. A su regreso de allí
fue agarrado por la fiebre cerca de Faenza. Yació enfermo durante
una semana en el monasterio de Santa María de los Angeles, ahora
Santa María Vecchia. En la víspera de la fiesta de la Cátedra
de San Pedro en Antioquía, pidió que el oficio fuera recitado
y al final de las Laudes murió. De una vez fue sepultado en la
iglesia del monasterio, por miedo a que otros reclamaran sus reliquias.
Seis veces ha sido trasladado su cuerpo, cada vez a un lugar de descanso
más espléndido. Ahora reposa en una capilla dedicada al
santo en la catedral de Faenza en 1898. Aún no ha tenido lugar
la canonización formal, pero su culto ha existido desde su muerte
en Faenza, en Fonte-Avellana, en Monte Casino, y en Cluny. En 1823 León
XII extendió su fiesta (23 de Febrero) a toda la Iglesia y lo declaró
Doctor de la Iglesia. El santo es representado en el arte como un cardenal
que lleva una disciplina en su mano; también algunas veces es representado
como un peregrino que sostiene una Bula papal, para significar sus muchas
legaciones.
Acta SS. Boll., III, Feb. (Venice, 1736), 406-27; BIRON, St. Pierre Damien,
1007-72 (Paris, 1908); CAPECELATRO, Storia di San Pier Damiano (Rome,
1887); KLEINERMANNS, Der heilige Petrus Damiani (Steyl, 1882); LADERCHI,
Vita S. Petri Damiani (3 vols., Rome, 1702); MABILLON, Acta SS. O.S.B.,
S=E6c. VI, P. ii (Venice, 1733), 253-273; MARTIN, Saint L=E9on IX 1002-54
(Paris, 1904); MIGNE, Dictionnaire de Patrologie, V (Paris, 1864), 959-1000;
P.L.., CXLIV, CXLV (Paris, 1867); MITTAREELLI ET COSTADONI, Annales Camaldulenses,
II (Venice, 1756), 40-359; NEUKIRCH, Das Leben des Petrus Damiani=85bis
zur=851059 (Göttingen, 1875); PF=DCLF, Damiani=92s Zwist mit Hildebrand
in Stimmen aus Maria-Laach, XLI (1891), 281-307, 400-416, 508-525; ROTH,
Der heilige Petrus Damiani, O.S.B., in Studien O.S.B., VII (1886), i,
110-134; ii, 357-374; iii, 43-66; iv, 321-336; VIII (1887), i, 56-64;
ii, 210-216.
LESLIE A. ST. L. TOKE.
Transcrito por Joseph C. Meyer
Traducido por Daniel Reyes V.