Antipapa bajo el nombre de Benedicto XIII, nacido en Illueca, Aragón,
en 1328; murió en Peñíscola, en la región
de Valencia, España, en 29 de Noviembre de 1422 o en 23 de Mayo
de 1423. Elegido el 28 de Septiembre de 1394, fue depuesto por el Concilio
de Constanza el 26 de Julio de 1417. Pedro Martines pertenecía
a la familia de los Luna; estudió derecho en Montpellier, donde
obtuvo el doctorado; más tarde enseñó derecho canónico
en aquella Universidad. El 30 de Diciembre de 1375 Gregorio XI lo hizo
cardenal diácono de S.María in Cosmedin. Al Papa le atrajo
su noble linaje, su vida austera y gran saber, así como su incansable
energía y gran prudencia. El Cardenal Pedro de Luna volvió
a Roma con Gregorio XI y, muerto éste en 1378, tomó parte
en el cónclave que fue atacado por los Romanos y que eligió
a Urbano VI, por quien Luna votó. Mostró gran valentía
frente al inesperado ataque al cónclave, no queriendo emprender
la huida, diciendo: “Incluso si debo morir, permaneceré aquí”.
Fue uno de los primeros cardenales en volver al Vaticano el 9 de abril,
en orden a continuar la elección de Urbano VI. Al principio se
puso distinguida y decididamente del lado de este Papa (Valois, “La
France et le grand schisme d’occident”, I, 72-74). Hacia el
24 de junio de 1378 se reunió con los cardenales no italianos en
Anagni, donde quedó convencido de la invalidez de la elección
de Urbano VI. Tomó parte en la elección de Roberto de Ginebra
(Clemente VII) en Fondi en 20 de Septiembre de 1378, y devino un celoso
partidario de este antipapa cuya legitimidad defendió enérgicamente
y al que prestó importantes servicios.
Clemente VII lo envió a España como legado a los Reinos
de Castilla, Aragón, Navarra y Portugal, en orden a conseguir su
obediencia al Papa de Aviñón. Debido a sus poderosas relaciones,
fue muy grande su influencia en la provincia de Aragón. En 1393
Clemente VII lo designó como legado para Francia, Brabante, Flandes,
Escocia, Inglaterra e Irlanda. Aunque estuvo principalmente en París,
no por ello limitó sus actividades a aquellos países que
pertenecían a la obediencia de Aviñón. No se opuso
a la unión; al contrario, simpatizó con los esfuerzos de
la Universidad de París, que se empeñaba en suprimir el
cisma; a causa de esto, cuando regresó a la curia de Aviñón
se dio cierto distanciamiento con Clemente VII. Cuando éste murió
(16 de septiembre de 1394), Pedro de Luna fue por unanimidad elegido para
sucederle (28 de septiembre). Su deseo de poner fin al cisma, incluso
si tuviera que renunciar a la dignidad papal (via cessionis) constituyó
un fuerte incentivo para que los cardenales de obediencia aviñonesa
se unieran votando a su favor. Tras la elección, renovó
solemnemente las promesas hechas durante el cónclave de trabajar
por el restablecimiento de la unidad, y de renunciar al papado si fuese
necesario a fin de terminar con el cisma. Como solamente era diácono,
fue ordenado de presbítero el 3 de Octubre y el 11 de Octubre consagrado
obispo y entronizado como Papa. Tomó el nombre de Benedicto XIII.
La elección del cardenal Luna fue bien acogida por la corte francesa
y por la Universidad de París; esperaban que el nuevo Papa, muy
apreciado por su vida austera y su habilidad, pudiese por sus propios
medios restaurar la unidad de la Iglesia. Sin embargo, Benedicto XIII
intentó preservar su total libertad de acción en sus relaciones
con el Rey de Francia y la Universidad de París. La asamblea del
clero francés que tuvo lugar entre el 3 y el 18 de febrero de 1395
en orden a debatir sobre los medios de acabar con el cisma, acordó
que el único camino era que ambos Papas abdicasen (via cessionis),
y la corte francesa creyó que podía sin más poner
este designio en práctica. Una brillante embajada, encabezada por
tres de los más poderosos príncipes franceses, llevó
esta resolución a Benedicto XIII y trató de obtener su consentimiento.
Pero el Papa se opuso obstinadamente, a pesar del hecho de que los cardenales
apoyaron la embajada. Insistió en que las negociaciones personales
entre los dos Papas era el mejor rumbo a seguir (via discussionis) y mantuvo
tenazmente esta opinión. Por ello, la corte francesa y la Universidad
de Paris intentaron ganar el apoyo de los príncipes seculares para
la via cessionis. Pero las diversas embajadas del año 1396 se encontraron
con poco éxito. Entretanto Benedicto XIII intentó entablar
una alianza con el Papa romano Bonifacio IX. Fueron enviadas embajadas
de Aviñón a Roma y viceversa; pero Bonifacio IX rechazó
tratar la idea de la renuncia, firmemente convencido como estaba, igual
que Benedicto, de ser el Papa legítimo.
El Papa de Aviñón tenía posesiones en Italia, que
mantuvo con todo su poder, buscando no sólo predisponer a los reyes
y príncipes de Escocia, Castilla y Aragón, que pertenecían
a su obediencia, contra la acción de la corte francesa, sino también
ganarlos para su propia causa; trató incluso de recuperar al monarca
francés. Otra asamblea del clero francés se reunió
el 16 de agosto de 1396. Volvieron a decidir a favor de la abdicación
de ambos Papas; esta vez los embajadores de la corte francesa se encontraron
con importantes éxitos en las cortes extranjeras. De todos modos,
ni el Papa de Roma ni el de Aviñón quisieron aceptar este
medio, por lo que el cisma continuó como hasta entonces, mientras
el descontento general reinaba en todos los países cristianos.
Una embajada a Benedicto emprendida por Pierre d’Ailly, obispo de
Cambray, por orden de Carlos VI de Francia y Wenceslao de Alemania no
logró nada. En mayo de 1398 tuvo lugar una tercera asamblea del
clero francés que decidió retirar la obediencia a Benedicto.
La resolución se hizo pública el 27 de Julio de 1398 y enseguida
entró en vigor. El 1 de Septiembre dos comisionados reales anunciaron
públicamente la retirada de obediencia en Villeneuve, cerca de
Aviñón, invitando al clero francés a dejar la curia
de Benedicto, bajo pena de confiscación de sus beneficios en Francia.
También aquellos que no fuesen franceses perderían sus beneficios
en Francia si seguían con el Papa de Aviñón. El 2
de septiembre 17 cardenales dejaron Aviñón y se instalaron
en Villeneuve, en territorio francés. Mandaron un mensajero a Benedicto,
requiriendo su adhesión a la via cessionis. Pero él declaró
que prefería morir. Entonces 18 cardenales le abandonaron y retiraron
la obediencia; sólo 5 cardenales se mantuvieron fieles.
Geoffroy Boucicout ocupó Aviñón con tropas y sitió
al Papa en su palacio. Pero fracasó al intentar tomar al asalto
la fortaleza papal. Benedicto se vio finalmente obligado a tratar con
sus enemigos. En un acuerdo con sus cardenales se comprometió a
renunciar al papado si el Papa romano hacía lo mismo. Sin embargo,
el 9 de mayo de 1399 el Papa, ante notario, en presencia de dos testigos,
redactó una protesta oponiéndose a aquellas estipulaciones
como obtenidas por la fuerza. Las negociaciones, al igual que con los
guardas del Papa en su palacio de Aviñón, se alargaron mucho,
debido a la inteligente política de Benedicto; al final Louis de
Orleans fue elegido. Mientras tanto, tuvo lugar un cambio en la opinión
pública a favor del Papa a quien se consideró estar siendo
maltratado. Se hicieron avances entre el Papa y los cardenales, y muchos
teólogos, entre ellos Gerson y Nicolás de Clémanges,
empezaron a atacar como ilegal la antedicha retirada de obediencia francesa.
Las negociaciones que Francia había seguido con los diferentes
príncipes para finalizar el cisma no obtuvieron éxito. El
12 de marzo de 1403 Benedicto huyó secretamente de Aviñón
y llegó a territorios de Luis II de Anjou, donde estaba a salvo.
Aviñón inmediatamente se le volvió a someter y sus
cardenales igualmente le reconocieron, de modo que en poco tiempo su obediencia
se había restablecido en toda Francia.
Benedicto XIII renovó entonces las interrumpidas negociaciones con
el Papa romano, y en 1404 mandó cuatro enviados a Roma, proponiendo a
Bonifacio IX elegir un punto seguro para un encuentro entre los dos Papas y
los dos colegios de cardenales, y allí de mutuo acuerdo poner final al
cisma. Bonifacio no quiso escuchar esta propuesta. Tras su muerte (1 de octubre
de 1404), los enviados de Benedicto continuaron parlamentando con los cardenales
romanos. Sin embargo, estos eligieron el 17 de Octubre a Inocencio VII, quien
también declinó entrar en negociaciones. Entretanto, Benedicto
XIII estaba tratando de reforzar su posición en toda la extensión
de su obediencia. En mayo de 1405 fue a Génova, para entablar nuevas
negociaciones con Inocencio VII, pero nuevamente sin resultado positivo. Benedicto
pensó en ganar nuevos adherentes a su causa y esperaba con su ayuda sacar
a su adversario de Roma y situarse como el único Papa. Pero su posición
en Italia se había vuelto otra vez crítica. Su actitud en Francia
causaba gran insatisfacción, en parte a causa de su exacción de
beneficios y en parte por su indiferencia respecto a la restauración
de la unidad eclesial; también por su marcha de Aviñón.
Volvió a Marsella por la vía de Niza y se declaró dispuesto
a reunir un concilio de la obediencia aviñonesa. Otra asamblea del clero
francés tuvo lugar a fines de 1406; querían revocar el derecho
del Papa a gravar los beneficios franceses. A pesar de que Benedicto fue seriamente
censurado, encontró también celosos partidarios. Pero no se obtuvieron
resultados palpables.
A la muerte de Inocencio VII en 6 de noviembre de 1406, se esperaba, en caso
de que no fuera elegido nuevo Papa en Roma, que Benedicto se avendría
finalmente a cumplir su promesa de abdicación a fin de abrir el camino
para una elección nueva y unánime; pero como sólo dio respuestas
evasivas a tales propuestas, Gregorio XII fue elegido Papa el 30 de noviembre
en Roma. Escribió inmediatamente a Benedicto comunicándole que
por su parte estaba dispuesto para abdicar a condición de que él
hiciera lo propio y que después los cardenales de Aviñón
se unieran a los de Roma para una elección papal conjunta. Benedicto
respondió el 30 de enero de 1407 aceptando la proposición. Se
hicieron nuevamente denodadas gestiones para inducir a ambos Papas a ceder y
para este fin fue organizado un encuentro entre Benedicto y Gregorio en Savona.
Nunca tuvo lugar. Benedicto llegó a Savona el 24 de septiembre, pero
Gregorio no se presentó. La posición del Papa de Aviñón
empeoró; el 23 de noviembre de 1407 su principal protector en Francia,
Louis de Orléans, hermano del rey, fue asesinado. El Papa no recibió
por más tiempo rentas de los beneficios franceses, y cuando escribió
una carta conminatoria al rey Carlos VI, éste la rasgó. El 25
de mayo de 1408 el rey declaró que Francia sería neutral respecto
a ambos pretendientes papales. Pronto cierto número de cardenales pertenecientes
a una y otra obediencia coincidieron en proponer la convocatoria de un concilio
universal (véase Concilio de Pisa). Benedicto XIII huyó a Rosellón
y en su sede convocó un concilio en Perpiñán que se inauguró
en 21 de noviembre de 1408. Ambos Papas fueron depuestos por el Concilio de
Pisa. La delegación allí enviada por Benedicto llegó demasiado
tarde. A pesar de esto, el Papa de Aviñón fue todavía reconocido
por Escocia, Aragón, Castilla y Sicilia.
El Papa de Pisa (Alejandro V) se apoderó del territorio de Aviñón.
Desde 1408 Benedicto residió en Perpiñán. El Emperador
Segismundo acudió el 19 de septiembre de 1415, desde el Concilio de Constanza,
para urgir la abdicación de Benedicto, pero no lo consiguió. Más
tarde se decidió celebrar en Narbona en diciembre de 1415 una conferencia
entre representantes de aquellos países que hasta entonces habían
reconocido a Benedicto, con el propósito de retirarle la obediencia en
atención a su obstinación. Después de esto Benedicto se
retiró al castillo de Peñíscola (cerca de Valencia, en
España) que pertenecía a su familia. Una embajada del Concilio
de Constanza para vencer su terquedad fracasó, y fue depuesto por el
Concilio el 26 de Julio de 1417. Nunca se sometió a la decisión
conciliar, sino que continuó considerándose a sí mismo
como el único Papa legítimo y comparó a Peñíscola
con el Arca de Noé. Cuatro cardenales que quedaron con él reconocieron
más tarde a Martín V como el Papa legítimo. Benedicto mantuvo
que en 1418 uno de los embajadores de Martín V había tratado de
envenenarle. La fecha de la muerte de Pedro de Luna nunca ha sido verificada.
Es difícil decidir entre el 29 de noviembre de 1422 o el 23 de mayo de
1423; la fecha generalmente dada (1424) es incorrecta. Los pocos partidarios
de Pedro de Luna le dieron un sucesor, Muñoz, quien por un tiempo continuó
el cisma. Pedro de Luna escribió un par de tratados de derecho canónico
(“De concilio generali”; “De novo schismate”) publicados
sólo parcialmente (Ehrle en “Archiv für Literatur –und
Kirchengeschichte des Mittelaters”, VII, 515 ss.).