El precursor de la enseñanza de los sordomudos en Francia fue
el español Jacobo Rodríguez Pereira, nacido el 11 de abril
de 1715 en Berlanga (Badajoz), séptimo de los nueve hijos del matrimonio
judío formado por Abraham (Juan) Rodríguez Pereira y Abigail
(Leonor) Rica Rodríguez, al que bautizaron con el nombre cristiano
de Francisco Antonio.
Según la opinión de Marcelino Menéndez Pelayo y de
Julio Caro Baroja, en 1725 la Inquisición española procesó
en Llerena (Badajoz) a la familia Rodríguez por judaizantes, motivo
por el cual Rodríguez Pereira tuvo que huir, primero a Cádiz
y después a Portugal, afincándose entre los años
1732 y 1734 en Burdeos (Francia), donde llevaba la representación
de los negocios de un hermano suyo.
En Burdeos y por motivos desconocidos, Rodríguez Pereira decidió
abrir escuela en el año 1741, dando inicio a su enseñanza
con los sordomudos, lo que, ante el éxito obtenido, le llevó
a trasladarse a París en 1745, aunque continuando con la tónica
de la mayoría de los maestros españoles o extranjeros de
sordos que le habían precedido de no hacer jamás público
su método, que en la actualidad sólo se puede llegar a intuir
gracias a algunos comentarios de alumnos suyos, a los cuales les hacía
jurar guardar el secreto de su enseñanza, actitud que le generará
el reproche constante del abate francés Carlos Miguel de L’Epée.
El 11 de septiembre de 1749, Rodríguez Pereira presentó
en la Academia Real de las Ciencias de París a dos sordomudos a
los que había enseñado a escribir y hablar. Uno de ellos,
Azy d’Etavigny, fue la admiración de la Academia a juzgar
por los informes elaborados en su día por ésta.
Aquel informe, unido al que la misma Academia emitió en 1751 con
motivo de la presentación de otro de sus discípulos, el
sordo Saboureux de Fontenay, ahijado del Duque de Chaulnes, le significaron
las simpatías de todos, despertando y propagando en Francia la
afición al estudio de aquella enseñanza particular, momento
en que Luis XVI decidió premiar a Rodríguez Pereira con
una gratificación de 800 libras.
Hecho éste que, en 1755, levantó la rivalidad profesional
entre Rodríguez Pereira y el abate francés Carlos Miguel
de L’Epée, provocando como consecuencia positiva que este
último abriera en París la primera escuela pública
y gratuita en Europa para sordos, por la cual pasarán muchos de
los maestros de sordos europeos, incluidos algunos españoles.
Sin embargo, el jesuita español Lorenzo Hervás y Panduro
afirmaba que Rodríguez Pereira no había adelantado nada
respecto a la instrucción de los sordomudos, al haber sido fiel
ejecutor del método publicado por su compatriota español
Juan de Pablo Bonet en su obra “Reduction de las Letras y Arte para
enseñar á ablar los Mudos”, editada en Madrid en 1620.
En 1776, todavía en vida de Rodríguez Pereira, L’Epée
publicó, aunque de forma anónima, su “Instruction
des sourds et muets par la voi des signes methodiques”, obra que,
reformada y con su título cambiado, volvió a reeditar en
1784, defendiendo en ambas las virtudes de su sistema, denominado de las
“señas metódicas”, frente al de Rodríguez
Pereira, impugnando de paso el “alfabeto dactilológico”
usado por éste, lo que provocó su respuesta airada.
Según Rodríguez Pereira, resultaba cierto que su “alfabeto
dactilológico” era el mismo que se usaba de antiguo en España,
hecho que él mismo había reconocido ante la Academia Real
de las Ciencias en 1749, pero advirtiendo que lo había aumentado
y perfeccionado adaptándolo al idioma francés, dado que
en dicho idioma es frecuente que los mismos sonidos vocales expresaran
diferentes letras, motivo por el cual el alfabeto manual de su invención
debería llamarse “dactilogía” [sic], al estar
exento de aquellos inconvenientes, que no existían en el idioma
castellano.
Con independencia de su dedicación a la enseñanza de sordos,
Rodríguez Pereira fue también un hombre dotado de gran talento
para los negocios o las finanzas. Muestra de ello es que participó
en diversos proyectos económicos encargados por los ministros franceses
Bertin y Laverdy, o que en 1765 presentase un proyecto de seguros marítimos
a la Cámara de Comercio de Burdeos.
De su prestigio como educador de sordos son buena muestra su admisión
como miembro de la Academia de Ciencias de París, el hecho de que
en la Enciclopedia de D´Alambert y Diderot, en el artículo
dedicado a la palabra “mudo” (“muet”), se haga
referencia explícita a Rodríguez Pereira, o que, según
Lorenzo Hervás y Panduro, el Rey de Francia (Luis XVI) le premiara
en 1751con una pensión anual de 320 escudos de oro, siendo, a su
vez, intérprete del monarca para las lenguas española y
portuguesa desde 1765. Rodríguez Pereira falleció en Paris
en septiembre de 1780 sin dejar obra escrita.
Libro recomendado: Historia de la Educación de los sordos en España
y su influencia en Europa y América. Antonio Gascón Ricao y José
Gabriel Storch de Gracia y Asensio. Editorial Universitaria Ramón Areces,
Madrid 2004 (ISBN 84-8004-671-6), pp. 154-158 y 203-208.
Autores del texto: Antonio Gascón Ricao y José Gabriel Storch
de Gracia y Asensio