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Según la historiografía oficial, el monje benedictino español
fray Pedro Ponce de León (OSB), fue el primer educador de sordos conocido
y documentado en el mundo, circunstancia que se dio gracias a labor de divulgación
y propaganda realizada por una serie de cronistas de su propia orden, la de
San Benito, aunque el hecho en sí, a la vista de la documentación
actual, no es totalmente cierto pues en España se le anticipó
unos años antes el fraile jerónimo Vicente de Santo Domingo.
Fray Pedro Ponce de León, nacido en Sahagún (León), en
una fecha indeterminada, pero cercana y anterior a 1508, tomó el hábito
benedictino en el monasterio de aquella misma población en noviembre
de 1526, apareciendo su nombre citado por vez primera en las relaciones conventuales
de dicho monasterio en 1531, lugar desde donde fue trasladado en 1533, por causas
desconocidas, al monasterio de San Salvador en Oña, Burgos.
Hombre sin estudios superiores, según un cronista contemporáneo,
ejercía en su monasterio la profesión de herbolario, si bien durante
sus estancias en él, pues durante tres periodos, 1534-1536, 1543-1545
y 1564-1566, desapareció del mismo, probablemente por traslados a otro
monasterio o a algún Priorato de la propia orden.
A su regreso a Oña en 1546, su nombre o su firma aparecen profusamente
entre los documentos del monasterio, al ser nombrado “Procurador de Causas”
en representación del mismo, encargado de firmar los documentos de préstamos
y arrendamiento, los contratos de trueques, cartas de arriendo o como promotor
o testigo en los pleitos entablados entre el monasterio y los concejos campesinos
cercanos. Dicho cargo legal consta documentado que ejerció, sucesivamente,
en 1548, 1549, 1550, 1553, 1556 y 1560.
En medio de aquellos años, en 1546, Ponce de León ejerció
también el oficio de “Teniente mayordomo” del monasterio,
firmando contratos de trueque o de arrendamientos, cargo que repitió
en 1548, mientras que en 1555 fue nombrado miembro de la comisión para
la reparación de los hospitales de Santa Catalina, San Lázaro
y San Iñigo, todos ellos feudos del monasterio.
Hacia los años 1548 o 1549, Ponce de León se debió hacer
cargo, en el propio monasterio de Oña, de dos muchachos sordos llamados
respectivamente Francisco y Pedro de Tovar, hijos de los Marqueses de Berlanga
y sobrinos de Pedro IV Fernández de Velasco, Condestable de Castilla,
con la intención de hacerlos “hablar”. Hecho que, al parecer,
consiguió, aunque con muchos matices, de aceptar como buena la historia
que aparece en el denominado “Tratado legal sobre los mudos”, obra
del Licenciado Lasso, concluida en Oña en 1550 y que actualmente se conserva
en la Biblioteca Nacional de Madrid.
Logro que, al parecer, Ponce de León había conseguido, según
el Licenciado Lasso, tras “curar” a los muchachos, primero, de una
vieja “enfermedad” que ambos tenían en la garganta, se supone
que mediante un tratamiento basado en el uso de determinadas hierbas, enseñándoles
después a hablar “en cierta forma”, a leer y a escribir,
esperándose de Pedro Ponce de León en aquellos días que
consiguiera curarles igualmente el oído, curación que, según
todos los indicios, no logró. Tras lo cual, prohibió a sus discípulos
el uso de la lengua de señas, el lenguaje propio de los sordos, motivo
por el que se le considera como el inventor del método oral puro en la
enseñanza del sordo.
En 1576, Ponce de León explica en una escritura pública que poseía
una importante suma de dinero de índole personal, proveniente, según
él, de sus “ahorros”, de “mercedes” y “limosnas”
que había recibido, y de “bienes de discípulos que he tenido”,
el último de los cuales, Pedro de Tovar o Velasco, había muerto
a finales de 1571 o en los principios del año siguiente, capital que
dedicó a partir de entonces, con la debida autorización verbal
de sus superiores, a la actividad de “préstamos” que tenían
como destinatarios tanto los concejos municipales locales como personas particulares,
bajo un interés sobre el 7%, origen de su gran fortuna personal.
Dos años más tarde, Ponce de León justificó de nuevo
sus beneficios económicos al fundar con ellos una Capellanía,
cuyos intereses deberían servir a su muerte para cubrir el pago ciertas
misas semanales encaminadas a la eterna salvación de su alma. Actividad
lucrativa como prestamista que llevó a cabo, personalmente, hasta 1580,
momento en que, ya muy mayor, otorgó poderes a un vecino de Oña,
para que la continuara en su nombre. En 1582, en un capítulo privado
del monasterio, se le autorizó oficialmente a continuar su actividad
como prestamista, autorización que se reitera y se extiende a sus hermanos
en religión del mismo monasterio en un capítulo general al año
siguiente.
Al fallecer Ponce de León en Oña (Burgos) a finales de agosto
de 1584, todo aquel dinero acumulado pasó a figurar, mediante una escritura
testamentaria, como rentas del monasterio de Oña, encaminadas a dotar,
en primer lugar, la Capellanía escriturada en 1578, dejando también
una importante cantidad de dinero en rentas para la farmacia o para pago del
médico del monasterio, encargado en su caso de cuidar a los monjes ancianos
y enfermos.
Sin embargo, no consta que dejara en su testamento nada para ayudar a los sordos
pobres o para crear una escuela para ellos, pagándose a un maestro especializado.
Rentas que siguieron produciendo intereses hasta la invasión napoleónica
de España en 1808, momento a partir del cual se perdieron definitivamente.
Una de las muchas tradiciones de los cronistas benedictinos, es la que afirma
que fray Pedro Ponce de León consiguió educar a unos cuantos alumnos
sordos más, hijos todos ellos de la nobleza castellana o, en algún
caso puntual, aragonesa.
Aunque, estudiados en la actualidad algunos de los personajes que de común
se le atribuyen, se observa que no pudieron ser sus discípulos por los
más diversos y variados motivos, o que dichos personajes existieron únicamente
en la imaginación de los cronistas de su Orden, que los confundieron
mezclando sus parentescos, o duplicándolos en número y cuando
algunos de ellos en realidad eran personas oyentes.
Del mismo modo que en la actualidad no existe obra pedagógica escrita
de Pedro Ponce de León, salvo un reducido folio incompleto que se conserva
en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, donde explica su sistema.
Explicación que se reduce a describir un alfabeto bimanual de su invención
muy primitivo y que, con la lógica evolución, es similar al actualmente
usado por los sordos ingleses, basado en la idea de la “mano musical”,
original del italiano Guido de Arezzo, mediante la cual se entonaba el “canto
llano” o gregoriano, explicando de paso como se debería enseñar
a un sordo a “escribir”, con la esperanza puesta en que, al final,
éste entendería, por sí mismo y sin más ayuda, el
significado de las palabras trazadas sobre el papel, método en realidad
muy antiguo, pues hay noticias jurídicas de que ya se había utilizado
con éxito en Italia, cuando menos, dos siglos antes que lo volviera a
reutilizar Pedro Ponce de León.
Resumiendo: Pedro Ponce de León fue una realidad histórica, es
cierto; su invento pedagógico –el uso de la mano para mostrar las
letras-, de puro sencillo, fue realmente genial; pero -a causa principal de
la notoriedad social de la familia de sus alumnos y por los propios cronistas
de la orden benedictina de los siglos XVI y XVII, aumentado en los siglos XVIII
y XX- le han convertido en un mito mediático, pues ni inventó
método propiamente original, ni enseñó a hablar fonéticamente;
sólo –lo que no es poco, hay que reconocerlo- enseñó
a leer y escribir a, al menos, un sordo notorio y probablemente postlocutivo,
Pedro de Tovar o Velasco.
Libros recomendados: Historia de la Educación de los sordos en España
y su influencia en Europa y América / Antonio Gascón Ricao y José
Gabriel Storch de Gracia y Asensio. Editorial Universitaria Ramón Areces,
Madrid 2004 (ISBN 84-8004-671-6), passim // Fray Pedro Ponce de León,
el mito mediático (Los mitos antiguos sobre la educación de los
sordos en España) / Antonio Gascón Ricao y José Gabriel
Storch de Gracia y Asensio. Editorial Universitaria Ramón Areces, Madrid
2006, passim.
Autores del texto: Antonio Gascón Ricao y José Gabriel Storch
de Gracia y Asensio
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur
+John Cardinal Farley, Archbishop of New York
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