Entre los símbolos usados por los primeros Cristianos en la decoración
de sus tumbas, aquellos relacionados con la Eucaristía tienen un
lugar de primera importancia. Los monumentos de mayor consecuencia donde
se ven estos símbolos aún existen, principalmente en los
subterráneos cementerios de los primeros tiempos de la Roma cristiana,
mejor conocidos como las catacumbas romanas. Su descubrimiento y apertura
en la segunda parte del siglo XIX han arrojado gran luz sobre alusiones
más o menos oscuras de la literatura Cristiana de los primeros
tiempos. De esta manera la teología católica ahora posee
información suplementaria de gran valor relacionada a la creencia
y modo de celebración de la Eucaristía en los tiempos preapostólicos.
Según Wilpert, un académico experto en la arqueología
cristiana, los símbolos relacionados con la Eucaristía representados
en las catacumbas forman tres grupos, inspiradas por tres de los milagros
de Cristo. Estos son la milagrosa multiplicación de los panes y
peces, el banquete de los siete Discípulos en el Mar de Galilea
posterior a la resurrección y el milagro de las bodas de Caná.
Probablemente, es por los primeros dos de esos milagros, que debamos el
famoso símbolo del pez, que brevemente condensó los principales
artículos de la creencia Cristiana. El más antiguo y siempre
favorito símbolo eucarístico en los monumentos fue el inspirado
por el milagro de la multiplicación de los panes y peces. El banquete
de los siete Discípulos aparece solamente en una escena en una
catacumba del siglo II, el milagro de Caná en dos que datan de
temprano en el siglo III y el otro del siglo IV.
I. El Milagro de la Multiplicación
En dos ocasiones Cristo alimentó a las muchedumbres que le siguieron
al desierto con panes y peces que milagrosamente multiplico. En la primera
de ellas, anotada por los cuatro Evangelistas, cinco panes y dos peces
saciaron la necesidad de cinco mil personas. En la segunda ocasión,
que solo la menciona San Mateo (15, 32 sig.), siete panes y "algunos"
pececillos fueron suficiente para cuatro mil personas. De acuerdo con
la práctica de presentar solo los detalles necesarios para llevar
el significado de un símbolo, los artistas Cristianos de las catacumbas
representaron la milagrosa multiplicación como un banquete donde
los invitados se ven compartiendo una cena de panes y peces. En los frescos
de esta categoría la fuente de inspiración del artista claramente
la indican las cestas de fragmentos a ambos lados de la escena. El número
de cestas representadas no siempre concuerda con la historia ya que se
le consideraba irrelevante en su relación con los símbolos.
De los frescos eucarísticos, seis ilustran siete cestos y en otros
tres frescos se ilustran dos, ocho y doce cestos respectivamente. El número
de huéspedes en todas las simbólicas cenas eucarísticas
invariablemente es de siete. Una particularidad que Wilpert estima se
debe al gusto de los primero Cristianos por el simbolismo de los números.
Según San Agustín (Tract. cxxiii, en Joan.), el número
siete representaba la totalidad del mundo Cristiano. La más antigua
representación eucarística en las catacumbas es el fresco
conocido como "Fractio Panis", que ornamenta la "Capella
Greca" en el cementerio de Santa Priscila. Wilpert data la fecha
de este fresco, y de otras obras de esta capilla, a la primera parte del
siglo II, y su opinión es generalmente aceptada. La escena presenta
a siete personas en la mesa, reclinados en un diván semicircular,
ilustrado sobre el receso en la pared de esta pequeña capilla subterránea,
por ende cerca de donde una vez estuvo el altar. Uno de los comensales
es una mujer. El sitio de honor a la derecha (in cornu dextro), es ocupado
por el "presidente de la asamblea de hermanos" (descrito para
el 150 al 155 por Justino, Mártir, en su obra Culto Cristiano),
el obispo o un sacerdote escogido para sustituirle en la ocasión
(Apol. I, lxvi). El Presidente (proestos), un personaje venerable y barbudo,
es presentado realizando la función descrita en los Hechos de los
Apóstoles (2, 42-46; 20, 7) partiendo el pan, por ende el nombre
"Fractio Panis" (he klasis tou artou), adecuadamente
dado al fresco por su descubridor. Hay que notar que esas palabras son
frecuentemente usadas en la temprana literatura Cristiana no inspirada
como un sinónimo para la Eucaristía, (para los textos ver
Wilpert, "Fractio Panis", Freiburg, 1895). Por tanto,
el momento representado es aquel previo a la comunión, cuando al
igual que hoy el celebrante divide la Sagrada Hostia. Como para disipar
toda duda sobre el carácter de la imagen, el artista añade
un detalle no encontrado en ninguna otra representación eucarística.
Frente al celebrante coloca una copa de dos agarraderas, evidentemente
el cáliz (calix ministerialis) de la segunda centuria. Tales
son las primeras representaciones de arte Cristiano sobre el ofrecimiento
de la Misa. Un reciente escritor considera la escena una representación
de la celebración eucarística en conexión con el
ágape funeral en el aniversario de alguna persona sepultada en
la capilla. Desde esta perspectiva, los comensales en el banquete representan
las relaciones del fenecido asistiendo en una Misa de aniversario (sacrificium
pro dormitione) para el descanso de su alma (Wieland, Mensa und Confessio,
p. 139). En adición a esos únicos detalles demostrando la
verdadera celebración de la Misa temprano en el siglo II, el autor
de este fresco ilustra a la par con la realidad un símbolo de la
Eucaristía. En el centro de la mesa hay dos platos, uno con cinco
panes y el otro con dos peces mientras a ambos lados del diván
hay siete cestas con pan están simétricamente distribuidas.
Siguiendo al "Fractio Panis", los más singulares
frescos donde la milagrosa multiplicación es usada como símbolo
eucarístico, lo son dos en la cripta de Lucinia que es la parte
más antigua de la catacumba de San Calixto. Cada una consiste de
un pez y una cesta con panes en un campo verde. A primera vista parece
como si los peces estuviesen representados cada uno cargando una cesta
con panes mientras nadan. Un minucioso examen de los frescos realizado
por Wilpert demuestra que las cestas han sido puestas muy cercanas, pero
no en los peces y que la supuesta superficie color azul verdaderamente
es verde. Por ende el tema es la milagrosa multiplicación y la
superficie verde representa un campo. Como símbolo de esas imágenes
es particularmente impactante la introducción de dos vasos, que
contienen una substancia roja, dentro de los cestos. Evidentemente, con
este detalle, el artista tenia en mente la parte eucarística del
vino. Consecuentemente, todos los frescos dejan en un observador del siglo
II un mensaje cercano a: el pan milagrosamente multiplicado, junto al
vino, forma la sustancia de la Eucaristía, que a su vez por un
mayor milagro, se convierte en el Cuerpo y la Sangre del Divine Ichthys,
Jesús Cristo.
Las varias escenas de los banquetes eucarísticos de las catacumbas
apropiadamente simbolizaban la recepción de la Sagrada Comunión.
En una ocasión anterior el artista representó, aparte de
una representación de este carácter, un nuevo símbolo
con especial relación a la Consagración. Esto consistió
de una escena demostrando dos personas en torno al trípode donde
hay pan y un pez. Una de las dos figuras es vestida en la túnica
y pallium reservado en el temprano arte Cristiano a las personas de carácter
sagrado, mientras la otra queda localizada en el lado opuesto en actitud
orante. La persona sagrada mantiene sus manos extendidas sobre el pan
y los peces, así como un sacerdote tendiendo sus manos sobre el
cáliz antes de la Consagración. Wilpert interpreta la escena
de modo que la figura con sus manos extendidas representa a Cristo realizando
el milagro de la multiplicación, acto donde la intención
del artista era simbolizar la Consagración. Sin embargo, el orante
es un símbolo de los fenecidos el cual a través de la Sagrada
Comunión ha logrado felicidad eterna: "el que come este pan
vivirá para siempre" (Jn 6, 58). La representación
descrita forma una en una serie de tres temas, todos relacionados a la
Eucaristía. La segunda serie es el usual banquete de siete personas
simbolizando la Comunión, mientras la tercera presenta a Abraham
y a Isaac en actitud orante. En el simbolismo de la época Isaac
era estimado como una figura de Cristo, por ende se infiere que esta representación
del sacrificio de Abraham era figurativa del Sacrificio de la Cruz.
II. El Banquete de los Siete Discipulos
La cena de los siete Discípulos en el mar de Galilea está
grabada por San Juan, el Evangelista (21, 9 sig.). San Pedro y sus compañeros
pescadores, un total de siete, luego de tomar la milagrosa pesca, llevaron
sus barcas a la orilla donde encontraron "unas brasas encendidas
y un pez puesto sobre ellas y pan". El resucitado Salvador entonces
les invito a comer, "Ninguno de los discípulos se atrevió
a preguntarle: ¿Tú quién eres?, sabiendo que era
el Señor". El incidente narrado era tan apropiado como símbolo
de la Eucaristía como el milagro de la multiplicación y
como tal es una vez ilustrado en una pintura del siglo II. En este, como
en todos los frescos eucarísticos, el símbolo de la Comunión
aparece cercano a un símbolo bautismal. A primera vista la escena
del banquete no parece diferente al tipo de representación previamente
descrita: siete personas en una cena que consiste de panes y peces. Particularmente
dos detalles diferencian esta imagen (Capilla del Sacramento A2, en el
cementerio de Calixto), de los simbólicos banquetes basados en
la milagrosa multiplicación. El primero de esos detalles es la
ausencia del cesto de fragmentos siempre presentes en los frescos inspirados
por el último tema y el segundo es el hecho que los siete comensales
se encuentran desnudos, como invariablemente se representan a los pescadores
en el arte clásico. Ciertamente podemos concluir que el autor de
este fresco se inspiró en la cena del mar de Galilea, la cual ilustra
como un símbolo de la Eucaristía. San Agustín alude
a este símbolo cuando habla de los "peces asados" en
las brazas como representando a Cristo crucificado (Piscis assus Christus
est Passus, Tract. cxxiii, en Joan.).
Durante los siglos I y II, con una sola excepción, el único
símbolo eucarístico utilizado en el arte Cristiano lo fue
el inspirado en la milagrosa multiplicación. La forma de representar
este símbolo durante el periodo apenas vario: siete comensales
comparten los simbólicos panes y peces mientras las cestas de pan
están distribuidas a los lados. Sin embargo, en una ocasión
los huéspedes fueron omitidos y solamente el trípode, con
los panes, peces y las cestas de panes, fué ilustrado. Este fresco,
que ocupa una porción de la Capilla del Sacramente que contiene
el símbolo de los siete Discípulos, Wilpert lo considera
como un tipo de compendio de los dos símbolos de la Consagración
y la Comunión anteriormente descritas. Durante el siglo III, en
un número de frescos, se adopto una nueva forma para representar
los símbolos eucarísticos favoritos. Estos son la escena
donde Cristo realiza el milagro de la multiplicación tocando con
una vara una de las varias cestas de pan ubicadas frente a Él.
En los panes también se notan incisiones hechas a manera de cruces.
Pinturas de este tipo eran símbolos de la Consagración.
Una de ellas (en la cámara III en la catacumba de Santa Domitila),
es de singular interés. Desafortunadamente ha sufrido serios daños
a manos de coleccionistas. Con la ayuda de un diseño realizado
por Bosio, Wilpert ha sido capaz de reproducir la imagen que consiste
de tres escenas. En el centro Cristo realiza el milagro de la multiplicación
con una vara. En el lado derecho, Él esta nuevamente representado
con su diestra levantada en un gesto de oración, mientras en los
pliegues de su pallium se notan cinco panes marcados con la cruz. Balanceando
la figura a la izquierda esta la mujer samaritana sacando agua del pozo
de Jacob. De acuerdo a los principios generales en que se basa el temprano
arte Cristiano, se intentaba alguna relación entre los tres grupos
de imágenes. Ordinariamente la mujer samaritana era símbolo
del refrigerium (o refresco) pedido en el recordatorio por los difuntos
durante la Misa.
En la ocasión actual Wilpert estima que el propósito de
ella era simbolizar el alma gozando de la felicidad eterna: la Eucaristía
como una fuente de agua (Jn 4, 14) "se hará en él una
fuente que salte hasta la vida eterna", siendo una promesa de inmortalidad.
En la catacumba de San Calixto hay una cuarta pintura del milagro de la
multiplicación que mejor se acomoda a la narración histórica
que las representaciones previas. En esta Cristo es representado con ambas
manos sobre los panes y peces que le llevaron a Él dos Apóstoles.
Se puede añadir que aún existen en las catacumbas romanas
más de treinta frescos de la milagrosa multiplicación. Para
una exacta y confiable reproducción de los mismos ver Wilpert,
"Le Pitture delle catacombe Romane", Roma, 1903.
III. Las Bodas de Caná
La costumbre iniciada en el siglo III de representar la multiplicación
de los panes excluyendo los peces se piensa que fue indirectamente instrumental
en traer un nuevo y bello símbolo de la Eucaristía en la
pintura Cristiana de los primeros tiempos. Previamente solo dos frescos
contenían alguna alusión al vino eucarístico, el
cáliz del "Fractio Panis" y la substancia roja
en los cestos de la cripta de Lucinia. Pero la representación del
símbolo de la multiplicación omitiendo los peces (dejando
solo el pan, una de las dos especias necesarias para la Eucaristía)
probablemente sugiere la idea de un símbolo especial para el vino
eucarístico. No había símbolo más deseable
para este propósito que el milagro de Caná (Jn 2, 1-11),
que fue finalmente adoptado. Como Cristo en la fiesta de bodas cambio
el agua en vino, en otra ocasión Él cambió el vino
en su propia sangre. Muy acorde con esta relación de símbolos
eucarísticos de los primeros tiempos de la era Cristiana son reproducidos
en una nueva y chocante manera. Esta imagen ocupa un reborde en el receso
de la pared en una pequeña basílica funeraria y consecuentemente
está ubicada sobre el lugar que ocupó el altar. Dentro del
santuario, el estrado de piedra para los clérigos todavía
existe. Se ilustran tres escenas separadas por árboles. El objeto
central es la milagrosa multiplicación. Cristo, identificado por
las nubes, está sentado en un trono y en el acto de bendecir los
panes y peces presentados por San Pedro y San Andrés (identificados
por inscripciones). A sus pies doce cestos de pan son simétricamente
distribuidos. A la derecha e izquierda de esta imagen hay dos escenas
de banquetes. La anterior esta casi totalmente destruida, pero una inscripción
en griego da una idea sobre el tema. Esta lee: "Aquellos que comparten
la eulogía de Cristo". Eulogia es un término utilizado
por San Pablo (I Cor 10, 16) como referencia a la Eucaristía: "El
cáliz de bendición (eulogia) que bendecimos, ¿no
es la comunión de la sangre de Cristo?" Por consiguiente la
aplicación del término a la comida frente a los comensales
lleva a inferir que se representó una escena eucarística
donde los huéspedes cenaron los simbólicos panes y peces.
Inscripciones ("Jesús", "Maria", "Sirvientes")
nos indican que la escena al lado derecho representa el milagro de Caná.
El autor de este fresco, que conocía muy bien el simbolismo de
los primeros siglos, evidentemente reprodujo primeramente el símbolo
favorito de la Eucaristía, y la milagrosa multiplicación
de los panes y peces; y en segundo lugar, el posterior símbolo
del vino eucarístico inspirado por el milagro en la fiesta de boda.
WILPERT, Fractio Panis (Freiburg, 1895); IDEM, Le pitture
delle catacombe Romane (Freiburg im Br. and Rome, 1903), large folio,
replaces for completeness and trustworthiness all previous similar works,
e.g. DE ROSSI, GARRUCCI, etc.; WIELAND, Mensa und Confessio (Munich, 1906);
KRAUS in Real-Encyklopédie, etc. (Freiburg, 1882), 433-41; MARUCCHI,
Eléments d'archéol. chrét. (Paris, 1905), I, 291-307,
also new edition (1908); NORTHCOTE AND BROWNLOW, Roma Sotterranea (London,
1878), passim; LOWRIE, Monuments of the Early Ch. (New York, 1901), non-Catholic.
MAURICE M. HASSETT
Transcrito por Bob Elder
Traducido por Anónimo de Borinquen