La
historia de estas célebres vírgenes de Colonia descansa en diez líneas,
que además están sujetas a discusión. Esta leyenda, con sus incontables
variantes y aumentados eventos fabulosos, podría llenar más de un
centenar de páginas. Varias características de la misma ya han sido
consideradas con sospecha por ciertos escritores medievales, y desde
Baronius han sido universalmente rechazadas. Subsecuentemente, a pesar
de esfuerzos realizados más ingeniosos
que científicos para salvar cuando menos parte de ella, el carácter
apócrifo de su totalidad ha sido reconocido en forma gradual. Resumiendo,
para la sólida reconstrucción de la verdadera historia
de las vírgenes mártires, solo existe la inscripción de Clematius
y algunos detalles suministrados por antiguos libros litúrgicos. Desgraciadamente,
estos últimos son muy escuetos, y la inscripción es en parte extremadamente
oscura. Este documento, tallado
en una roca que puede ser observada en el coro de la Iglesia de Santa
Úrsula en Colonia, esta acuñada en los siguientes términos:
DIVINIS
FLAMMEIS VISIONIB. FREQVENTER
ADMONIT. ET VIRTVTIS MAGNÆ MAI
IESTATIS MARTYRII CAELESTIVM VIRGIN
IMMINENTIVM EX PARTIB. ORIENTIS
EXSIBITVS PRO VOTO CLEMATIVS V. C. DE
PROPRIO IN LOCO SVO HANC BASILICA
VOTO QVOD DEBEBAT A FVNDAMENTIS
RESTITVIT SI QVIS AVTEM SVPER TANTAM
MAIIESTATEM HVIIVS BASILICÆ VBI SANC
TAE VIRGINES PRO NOMINE. XPI. SAN
GVINEM SVVM FVDERVNT CORPVS ALICVIIVS
DEPOSVERIT EXCEPTIS VIRCINIB. SCIAT SE
SEMPITERNIS TARTARI IGNIB. PVNIENDVM
Su
autenticidad, que es aceptada más allá de la sombra de la duda por
los más eminentes epigrafistas ( de Rossi, Ritschl), en algunas ocasiones
ha sido puesta en duda sin una razón justificada, y Domaszewski (C.I.L.,XIII,
ii, 2, no. 1313) se equivoca al constar que la roca no fue tallada
hasta el siglo quincuagésimo. La inscripción pertenece indisputadamente
al siglo quinto cuando muy tarde, y muy probablemente al cuarto. La
reciente hipótesis de Reise, la cual establece que las primeras ocho
líneas, hasta la palabra RESTITVIT, pertenece al siglo cuarto, mientras
que el resto fue añadido en el noveno, es más elegante que sólida.
Con mayor razón aún debemos de rechazar como puramente arbitraria
la de J.Ficker, que divide las primeras ocho líneas en dos
partes, la primera de origen pagano anterior a la Era Cristiana,
la segunda proveniente del siglo segundo. Pero a pesar de su autenticidad
la inscripción está lejos de ser clara. Muchos intentos se han realizado
para interpretarla, ninguno de ellos satisfactoriamente, pero al menos
el siguiente contenido se puede obtener:
Un tal Clematius, un
hombre con rango senatorial, que al parecer vivió en el Oriente antes
de ir a Colonia, fue guiado por frecuentes visiones para reconstruir
en esta ciudad, en tierra de su propiedad, una basílica que había
caído en ruinas, en honor de las vírgenes que sufrieron martirio en
ese sitio.
Este
breve texto es muy importante, porque testifica la existencia de una
basílica previa, proveniente tal vez de comienzos del siglo cuarto,
y si no del período pre-Constantiniano.
Por
el culto auténtico y por lo tanto por la actual existencia de las
vírgenes mártires, es una garantía de gran valor, pero se debe de
agregar que la fecha exacta de la inscripción es desconocida, y la
información que proporciona es muy vaga. La misma no indica el número
de vírgenes, sus nombres, o el período de su martirio. Ni tampoco
ningún otro documento proporciona detalles probables del último punto.
Nuestra ignorancia en los primeros dos es atenuada en cierto grado
por la mención de la fecha Octubre 21 en varios textos litúrgicos
(martirologios, calendarios, letanías) de las vírgenes de Colonia,
ahora cinco, ahora ocho, ahora once, por ejemplo: Úrsula, Sencia,
Gregoria, Pinnosa, Martha, Saula, Brítula, Saturnina, Rabacia, Saturia,
y Paladia. Sin duda alguna ninguno de estos documentos es anterior
al siglo noveno, pero son independientes de la leyenda, que para entonces
ya había empezado a circular, y su evidencia no debe de ser pasada
por alto completamente. Es de notar que en solo uno de estos se enlista
a Úrsula en primer lugar.
Posterior
a la inscripción de Clematius hay un hueco de casi quinientos años
en nuestros documentos, ya que no se encuentra trazas de las mártires
hasta el siglo noveno. El texto escrito más antiguo, "Sermo in
natali sanctarum Coloniensium virginum", que aparenta ser de
este período, sirve para probar que en Colonia no había una tradición
específica relacionada con las mártires vírgenes. De acuerdo a esto,
eran tantas como miles en números, y sufrieron persecución durante
el reinado de Dioclesiano y Maximiano. Los nombres de unas cuantas
de ellas son conocidos, y de estos el escritor da solo uno, el de
Pinnosa, que entonces era considerada la más importante del grupo.
Algunas personas, probablemente de acuerdo con una interpretación,
ciertamente cuestionable, de la inscripción de Clematius, las consideraban
provenientes del Este, y las conectaban con los mártires de la Legión
Tebana; otros las consideraban nativas de la Gran Bretaña, y esta
es la opinión compartida por los autores del " Sermo ".
Aparentemente algún tiempo después del " Sermo" encontramos
el martirologio de Wandalberto de Prum, compilado alrededor de 850
que menciona a varias miles de vírgenes.
Por otra parte Usuard, en su martirologio fechado
alrededor de 875, menciona solamente
" Martha y Saula con muchas otras" . Pero desde
una época tan temprana como el final del siglo noveno o comienzos
del décimo, la frase " las once mil vírgenes" es admitida
sin disputa. Como fue que se llegó a este número? Todo tipo de explicaciones
se han ofrecido, algunas más ingeniosas que otras.
La principal y más aceptadas suposiciones es que provienen
de varios errores de lectura o de interpretación, e.g., " Úrsula
y sus once mil acompañantes" proviene de los dos nombres Úrsula
y Undecimillia (Sirmond), o de Úrsula y Ximillia (Leibniz), o de la
abreviatura XI.M.V. ( undecim
martyres virgines), mal interpretada como undecim millia virginum, etc. También
se ha conjeturado, y esto es menos arbitrario, que es la combinación
de las once virgenes mencionadas en los antiguos libros litúrgicos
con la figura de varios miles (millia)
dada por Wandalberto. Como quiera que sea, este número es desde entonces
aceptado, así como el origen Británico de las santas, mientras que
Úrsula sustituye a Pinnosa tomando el puesto principal entre las vírgenes
de Colonia.
Las
experiencias de Úrsula y sus once mil acompañantes se volvieron el
tema de un piadoso romancero que adquirió considerable celebridad.
Además de las subsecuentes revisiones de esta historia existen dos
antiguas versiones, ambas originarias de Colonia. Una de estas (Fuit
tempore pervetusto) proviene dela segunda mitad del siglo noveno (969-76),
y fue raramente copiado durante la Edad Media.
El otro ( Regnante Domino), también compilado en el siglo noveno,
gozó de amplia circulación, pero agrega poca cosa de importancia al
primero. El autor del último, probablemente para ganar más aceptación
a su relato, reclama haberlo
recibido de alguien que en turno lo escuchó de los labios de San Dunstan
de Canterbury, sin embargo los serios anacronismos que el comete en
su relato lo colocan bajo la duda. Este relato legendario es bien
conocido: Úrsula, hija de
un rey Cristiano de la Gran Bretaña, fue pedida en
matrimonio por el hijo de un gran rey pagano. Deseando conservarse
virgen, obtuvo una demora de tres años.
A su solicitud se le dieron diez mujeres jóvenes de noble cuna,
y ella y cada una de las diez fueron acompañadas por mil vírgenes,
y todo este grupo, embarcó en once barcos navegando por tres años.
Cuando el plazo se venció, y el prometido de Úrsula estaba a punto
de reclamarla, una ráfaga
de viento llevó a las once mil lejos de las costas de Inglaterra,
llegando primero por el agua a Colonia
y de ahí a Basilea, y después por tierra de Basilea a Roma. Finalmente
retornaron a Colonia, donde fueron asesinadas por los Hunos por su
odio a la Fe.
El
origen literario de este romancero no es fácil de determinar. Aparte
de la inscripción de Clematius, transcrita en la Pasión "Fuit
tempore" y parafraseada en la Pasión "Regnanate Domino"
y en el " Sermo in natali ",
los escritores aparentemente tenían conocimiento de una leyenda
Gálica de la cual una versión tardía es encontrada en Geoffrey de
Monmouth: El usurpador Maximus ( como Geoffrey se refiere al Emperador
Maximiano), habiendo conquistado la Armórica Británica, envió ahí
desde la Gran Bretaña 100,000 colonos y 30,000 soldados, y habiendo
entregado el gobierno de Armórica a su antiguo enemigo, ahora su amigo,
el príncipe Bretón, Conanus Meriadocus.
Este último decidió traer mujeres desde Gran Bretaña para casarlas
con sus súbditos, para cuyo fin apeló a Dionotus, Rey de Cornwall,
para que le enviara su hija Úrsula, acompañada de 11,000 vírgenes
nobles y otras 60,000 mujeres jóvenes.
Cuando la flota que las transportaba hacia Armórica, una violenta
tormenta destruyó algunas de las embarcaciones y acarreó el resto
de ellas a las islas bárbaras en Germania, donde las vírgenes fueron
asesinadas por los Hunos y los Pictos. Las improbabilidades, inconsistencias,
y anacronismos del relato de Geoffrey son evidentes, y han tenido
que ser tratados frecuentemente en detalle: más aún la historia de Úrsula y sus acompañantes
está arropada con un carácter menos idealizado que en las Pasiones
de Colonia. Sin embargo, este relato ha sido considerado por varios
escritores desde Baronius como poseedor de un resumen de la verdadera
historia de las santas mártires. Al igual que las Pasiones de Colonia, ha sido sometida al proceso del método anti-científico,
consistente en dejar fuera como falsas las improbabilidades,
imposibilidades, y fábulas manifiestas, y considerar el resto como
historia auténtica. Como consecuencia de esto dos temas esenciales
se conservan: el origen Británico de las santas y su masacre por los
Hunos; y entonces, de acuerdo a la adhesión dada en el " Sermo
in natali ", Geoffrey de Monmouth, o la Pasión "Regnante
Domino" , el martirio de Santa Úrsula es colocado en los siglos
tercero, cuarto, o quinto. Para
poder responder a todos los detalles, dos masacres de vírgenes en
Colonia han sido aceptadas, una en el siglo tercero, la otra en el
quinto. Las diferentes soluciones con sus variantes sugeridas por
los estudiosos, algunas veces con ligereza, otras con profundo estudio,
todas comparten el importante defecto de estar basados en documentos
relativamente tardíos, desautorizados y desfigurados por fábulas manifiestas.
Ninguna conclusión se puede obtener de estos textos. Aún así,
las fábulas que contienen son insignificantes en comparación con aquellas
que fueron inventadas y propagadas posteriormente. Como actualmente
son rechazadas sin vacilación por todos, es suficiente mencionarlas
brevemente. En el siglo décimo-segundo fueron descubiertos en el Ager
Ursulanus en Colonia, distantes de la Iglesia de Santa Úrsula,
esqueletos no solamente de mujeres, pero también de niños pequeños,
e incluso de hombres, y con ellos inscripciones que son imposibles
de no reconocer como burdas falsificaciones. Todo esto dio origen
a una cantidad de fantásticas leyendas, que están contenidas en los
relatos de la visión de Santa Elizabeth de Schonau, y de un religioso
que ha sido considerado como idéntico al Beato Hermann Joseph de Steinfeld.
Debe notarse de paso que las visiones han jugado un rol importante
en la cuestión de las Once Mil Vírgenes, como se puede observar en
aquellas de Clematius y de la monja Helintrude contenidas en la Ager Ursulanus, resultando en proporcionar los nombres de gran cantidad de los
acompañantes masculinos y femeninos de Úrsula, en particular--y lo
que sigue puede dar idea del resto-- que un Papa Ciriaco, un nativo
de la Gran Bretaña, que se dice que recibió a las vírgenes durante
su peregrinaje a Roma, abdicó a su trono papal para
poder seguirlas, y ser martirizado con ellas en Colonia. Sin
duda es tempranamente reconocido que este Papa Ciriaco es desconocido
en los registros pontificios, pero esto, se dice que debido a que
los cardenales, disgustados con su abdicación, borraron su nombre
de todos los libros. A pesar de que la historia de estas santas de
Colonia es oscura y muy corta, su culto está muy diseminado, y tomaría un volumen relatar en detalle sus
abundantes y notables manifestaciones.
Para mencionar solo dos características, desde el siglo décimo-segundo
una gran cantidad de reliquias han sido enviadas desde Colonia, no
solamente a los países vecinos pero también a través de toda la Cristiandad
Occidental, e incluso a la India y China.
La leyenda de las Once Mil Vírgenes ha sido fuente de inspiración
de numerosas obras de arte, muchas de ellas del más alto mérito artístico,
las más famosas siendo las pinturas de los viejos maestros de Colonia,
aquellas de Memling en Brujas, y las de Carpaccio en Venecia.
La
Orden de las Ursulina, fundada en 1535 por Santa Ángela de Merici,
especialmente dedicada a la educación de las jovencitas, ha también
asistido en llevar a través del mundo el nombre y devoción de Santa
Úrsula.
Para
la inscripción de Clematius, frecuentemente publicada y comentada
véase KRAUS, Die Christliche Inshriften der Rheinlande, I (1890),
143-47. Los relatos Latinos
de las Once Mil Vírgenes, con mención de todas las ediciones, han sido catalogadas por los Bolandistas en le Biblioteca Hagiográfica
Latina, no. 8426-51. Véase también KROMBACH, S. Ursula vindicata
(Cologne, 1847), una gran compilación no crítica; RETTBERG, Kirchengeschichte
Deutschlands, I (1846), III, 23; SCHADE, Die Sage von der heiligen
Ursula (Hanover, 1854), un ensayo en que la exégesis es desgraciadamente
mitológica; DE BUCK in Acta SS., Oct. III, 73-303; FRIEDRICH, Kirchengeshichte
Deutschlands, I (1867), 141-66; KLINKENBERG in Jahrb=81cher des Vereins
von Alterthumsfreunden im Rheinland, LXXXVIII (1889), 79- 95; LXXXIX
(1890), 105-34; XCIII (1892), 130-79; D=9ANTZER, ibidem (1890), 150-63;
DELPY, Die Legende von der heiligen Ursula in der K=94lner Malerschule
(Cologne, 1901); TOUT, Leyenda de Santa Úrsula en Ensayos Históricos,
por miembros del Owens College, Manchester (London, 1902), 17-56;
MAIN, L'inscription de Clematius in M=82langes Paul Fabre (Paris,
1902), 51-64; HAUCK, Kirchengeschichte Deutschlands, I (1887), 24-25
(3rd-4th ed., 1904), 25; REISE, Die Inschrift des Clematius in Bonner
Jahrb=81cher, CXVIII (1909), 236-45; ZILLIKEN, ibid., CXIX (1910)
108-09; cf. Analecta bollandiana, X, 476; XVI, 97-99; XXII, 109-11;
XXIII, 351-55; XXX, 339; 362-63.
ALBERT
PONCELET
Transcrito por Robert B. Olson
Traducido por Edmundo B Durell.
Ofrecido a Dios Todopoderoso por su generosidad y bondades recibidas.