El P. José
Aparicio Sanz nació el 12 de marzo de 1893 en Enguera. Sus
padres fueron Manuel Aparicio Sanz y Leonor Sanz Sanz, quienes lo
educaron en un ambiente profundamente cristiano, dando señales
desde muy niño de piedad y vocación sacerdotal.
Luego de finalizar
sus estudios secundarios, ingresó en el Colegio de Vocaciones
Eclesiásticas de San José, de Valencia. Después
pasó al Seminario Conciliar Central de Valencia, que entonces
tenía el rango de Universidad Pontificia, donde fue un seminarista
modelo tanto por su aplicación al estudio como por sus virtudes.
Fue ordenado
sacerdote el 17 de junio de 1916 por el obispo de Segorbe, el también
Siervo de Dios fray Luis Amigó Ferrer. El día 30 del
mismo mes celebró su primera Misa en su parroquia natal, la
arciprestal de San Miguel de Enguera. Ejerció su primer ministerio
sacerdotal en la vicaría de Benalí, donde, además
de su buen ejemplo, dejó el recuerdo de la reconstrucción
de la iglesia y de la casa abadía.
En 1917 fue trasladado
a Santa María de Oliva, como coadjutor, y, al tratarse de una
parroquia mayor, pudo tener más campo para desarrollar sus
actividades en todos los sectores de la pastoral, añadiendo
a ello el alto espíritu de caridad que demostró durante
la epidemia de gripe del año 1918, que afectó gravemente
a numerosas poblaciones valencianas.
Más tarde
pasó a Luchente, parroquia de la que tomó posesión
el 16 de octubre de 1921 y lugar apropiado para el desarrollo de su
profunda devoción eucarística. Tal vez desde entonces
comenzó a firmar sus escritos como director espiritual de almas
y escritor místico con el título de "Centinela
de mi Sagrario". De este pueblo, santificado por el prodigio
de los Corporales de Daroca, hizo un centro de irradiación
y atracción eucarísticas.
En 1930, cuando
tenía 37 años, fue nombrado arcipreste de su población
natal, Enguera, parroquia que dirigió hasta coronar su vida
de apóstol con el martirio. Fue en esta parroquia donde culminó
su trabajo pastoral iniciado anteriormente en otros pueblos, y en
todos los campos, aspectos y matices del apostolado dejó huellas
indelebles de la fuerza de su espíritu. Al
estallar la revolución española de 1936, el P. José
Sanz reaccionó como verdadero sacerdote católico. El
11 de octubre de 1936 fue detenido por unos milicianos en casa de
su familia, siendo trasladado a la Cárcel Modelo donde encontró
a otros feligreses. Estos feligreses le pidieron al P. Sanz que interceda
y pida clemencia al Comité de Enguera, que los habaía
encarcelado, al estar cerca las fiestas navideñas. El sacerdote
accedió y el resultado fue que pusieron en libertad a unos
y a otros les martirizaron, entre ellos el fiel sacerdote. Durante
los meses que permaneció en cautiverio, el P. Sanz animó
a sus compañeros a sufrir el martirio por Cristo y a perdonar
de corazón a sus ejecutores, pues la recompensa del "cielo"
estaba esperando por ellos. Fue
ejecutado el 29 de diciembre de 1936 en Paterna. Sus restos descansan
en la Capilla del Santísimo de la parroquia de Enguera.