Sara (del hebreo, “princesa”, otra forma es Sarai,
una palabra cuyo significado se encuentra en duda, esas denominaciones se encuentran
en pasajes anteriores a Génesis, 17:15)
Fue la esposa de Abraham y también su hermanastra (Génesis 12:15;
20:12). No encontramos otro recuento de su parentesco. Cuando Abraham va a Egipto
debido al hambre que se ha generalizado, induce a Sara, quien tenía entonces
sesenta y cinco años de edad y era hermosa, a que dijera que era su hermana.
Ella es tomada para ser esposa del Rey de Egipto, quien la restaura a su condición
luego de una admonición divina (Génesis 12).
En una variación de este recuento, ella es tomada en condiciones similares
por Abimelech, Rey de Gerara, y restaurada a Abraham por intervención
divina. Hasta llegar a tener la edad de noventa años y en cumplimiento
a la promesa divina, da luz a Isaac (Génesis 21: 1-7).
Más tarde la encontramos amenazando a su sirvienta por celos, Agar
la egipcia, quien le ha dado un niño a Abraham, y luego la presiona a
que se vaya, junto a su hijo Ismael (Génesis 21).
Sara vivió hasta la edad de ciento veintisiete años, y fue sepultada
en la cueva de Macphelah en Hebrón (Génesis 23). Isaías
51:2 alude a Sara como la madre del pueblo escogido. San Pedro la alaba en cuanto
a su sumisión para con su esposo (1 Pedro 3:6). Otras referencias del
Nuevo Testamento respecto a Sara se encuentran en Romanos 4:19; 9:9; Gálatas
4:22-23; y Hebreos 11:11.