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Siete
Durmientes de Éfeso
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El relato es uno de los muchos ejemplos de la leyenda alrededor de un
hombre que cae dormido y años después despierta para encontrar
el mundo cambiado. Es contado en Griego por Simeón Metaphrastes
(q.v.) en su “Vida de los Santos” para el mes de Julio. Gregorio
de Tours lo hizo en Latín. Hay una versión Siríaca
por James de Sarug (m. En 521), y a partir del Siríaco, se hizo
el relato en otros lenguajes Orientales. Hay también un poema Anglo-Normando,
“Li set dormanz”, escrito por un tal Chardry, y se
presenta de nuevo en la “Leyenda de Oro” (Leyenda Aurea) de
Jacobo de Voragines y en un fragmento Nórdico Antiguo. De todas
estas versiones y re-ediciones parece que la forma Griega del relato,
que es la base de Simeón Metaphrastes, es la fuente. La historia
es esta: Decio (249-251) llegó una vez a Éfeso para imponer
sus leyes contra los Cristianos – sigue una descripción terrible
de los horrores que les hizo sufrir – allí encontró
siete nobles hombres jóvenes, llamados Maximiliano, Jamblico, Martín,
Juan, Dionisio, Exakostodianos, y Antonino (así en Metaphrastes;
los nombres varían considerablemente: Gregorio de Tours tiene Aquílides,
Diomedes, Diógenes, Probato, Esteban, Sambato, y Quiriaco), que
eran Cristianos. El emperador los puso a prueba y luego les dio un corto
tiempo para que consideraran su situación, hasta que él
regresara de nuevo a Éfeso. Ellos dieron sus propiedades a los
pobres, tomaron solamente unas pocas monedas y fueron a la cueva de Monte
Anchilo a orar y prepararse para la muerte. Decio regresó después
de una expedición y preguntó por estos siete hombres. Ellos
supieron de su regreso y luego, en cuanto dijeron su última plegaria
en la cueva antes de entregarse, cayeron dormidos. El emperador mandó
a sus soldados encontrarlos, y cuando los encontraron dormidos en la cueva
ordenó que fuera cerrada con grandes piedras y fuera sellada; así,
fueron sepultados vivos. Pero un Cristiano vino y escribió en el
exterior los nombres de los mártires y su historia. Pasados los
años, el imperio llegó a ser Cristiano, y Teodosio [bien
sea el Grande (379-395) o bien el Joven (408-450), Koch, op.cit. infra,
p.12], reinaba. En esta época algunos herejes negaban la resurrección
del cuerpo. Mientras continuaba esta controversia, un rico hacendado llamado
Adolio había abierto la cueva de los Durmientes, para usarla como
establo para ganado. Entonces ellos despiertan, pensando que han dormido
solo una noche, y envían a uno de ellos (Diomedes) a la ciudad
a comprar comida, que puedan comer antes de entregarse. Diomedes llega
a Éfeso y sigue el chiste habitual de malentendidos. El se maravilla
de ver cruces sobre las iglesias, y la gente no puede entender dónde
consiguió él dinero acuñado por Decio. Por supuesto,
por fin sale a la luz que la última cosa que el conoció
fue el reinado de Decio; eventualmente el obispo y el prefecto suben a
la cueva con él, donde encuentran a los otros seis y la inscripción.
Teodosio es mandado a llamar, y los santos le cuentan su historia. Todos
ellos se alegran de esta prueba de la resurrección del cuerpo.
Los durmientes, habiendo mejorado la ocasión con una larga conversación,
mueren entonces orando a Dios. El emperador desea construirles tumbas
de oro, pero ellos se le aparecen en un sueño y piden ser sepultados
en la tierra dentro de su cueva. La cueva es adornada con piedras preciosas,
se construye sobre ella una gran iglesia, y cada año se celebra
la fiesta de los Siete Durmientes. Koch (op.cit.) ha examinado el desarrollo
de este relato y la propagación de la leyenda del milagrosamente
largo sueño. Aristóteles (Phys., IV, xi) se refiere a una
historia similar acerca de durmientes en Sardes; hay muchos más
ejemplos de varios países (Koch, pp, 24-40, cita versiones Alemanas,
Británicas, Eslavas, Indias, Judías, Chinas, y Arábigas).
Federico Barbaroja y Rip Van Winkle son ejemplos recientes bien conocidos.
El relato de Éfeso es contado en el Corán (Sura xviii),
y ha tenido una larga historia y mayores desarrollos en el Islam (Koch,
123-152), así como en la Cristiandad (ib., 153-183). Baronio fue
el primero en dudar de él (Ann. Eccl. en los Acta SS. Julio, 386,
48); luego fue desacreditado hasta que el estudio moderno del folclor
le otorgó de nuevo un lugar de honor como ejemplo clásico
de un mito ampliamente difundido. Los Siete Durmientes tienen fiestas
en el Calendario Bizantino en Agosto 4 y Octubre 22; en el Martirologio
Romano son conmemorados como Santos Maximiano, Malco, Martiniano, Dionisio,
Juan, Serapio, y Constantino en Julio 27.
Metaphrastes’ version is in P.G., CXV, 427-448; Gregory
of Tours, Passio VII Dormientium in the Anal. Bolland., XII, 371-387; Chardry,
Li Set Dormanz, ed. Koch (Leipzig, 1879); Legenda Aurea and Caxton’s version
for July; Koch, Die Siebenschlafereigende, ihr Ursprung u. ihre Verbreitung
(Leipzig, 1883); an exhaustive monograph with a full bibliography.
ADRIAN FORTESCUE
Traducido por Daniel Reyes V.
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur
+John Cardinal Farley, Archbishop of New York
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