Nacido en Olesko en 1629; fallecido en Willanow en 1696; hijo de Jacobo,
Castellano de Cracovia y descendiente por parte de su madre del heroico
Zolkiewski, quien murió en la batalla de Cecora. Su hermano mayor
Marco fue su compañero de armas desde la época de la gran
rebelión Cosaca (1648), peleando en Zbaraz, Beresteczko, y finalmente
en Batoh donde, después de haber sido tomado prisionero, fue asesinado
por los Tártaros. John, el último de toda su familia, acompañó
a Czarniecki en la expedición a Dinamarca; entonces, a las órdenes
de Jorge Lubomirski combatió a los Moscovitas en Cudnow. Durante
la rebelión de Lubomirski, permaneció fiel al rey (John
Casimiro), se convirtió sucesivamente en Comandante de Campo, Gran
Mariscal, y – después de la muerte de Revera Potocki –
Gran Comandante o Comandante en jefe. Su primer hazaña como Comandante
fue en Podhajce, donde, sitiado por un ejército de Cosacos y Tártaros,
a su propio costo reclutó 8000 hombres y abasteció el lugar
con trigo, desconcertando al enemigo tan completamente que éste
se retiró con grandes pérdidas. Cuando en 1672, bajo el
reino de Miguel Wisniowiecki, los Turcos tomaron Kamieniec, Sobieski los
derrotó una y otra vez, hasta que coronó la victoria de
Chocim perdiendo éstos 20.000 hombres y gran cantidad de armas.
Esto dio a Polonia un respiro, y Sobieski se convirtió en héroe
nacional, tal es así que, al morir el Rey Miguel en ese momento,
fue unánimemente electo rey en 1674. Antes de su coronación
fue forzado a volverse contra las hordas Turcas, que habían invadido
una vez más el país; las derrotó en Lemberg en 1675,
llegando a tiempo para levantar el sitio de Trembowla, y para salvar a
sus defensores, Chrzanowski y su heroica mujer. Apenas coronado, se apresuró
a pelear en las provincias Rutenias. Como tenía muy pocos soldados
(20.000) para atacar a los Turcos, que los superaban numéricamente
diez a uno, los debilitó, atrincherándose en Zurawno, dejando
que el enemigo lo encerrara por una quincena, liberándose luego
con una maravillosa destreza y coraje, y recuperando finalmente mediante
un tratado una buena parte de Ucrania.
Por algún tiempo hubo paz: los Turcos habían aprendido
a temer al “Invencible Leon del Norte”, y Polonia estaba también
exhausta. Pero pronto el Sultán volvió sus armas contra
Austria. Pasando a través de Hungría, gran parte de la cual
había estado en manos Turcas por ciento cincuenta años,
avanzó con un enorme ejército, calculado en entre 210.000
y 300.000 hombres (la última cifra es de Sobieski). El Emperador
Leopoldo huyó de Viena, y rogó la ayuda de Sobieski, del
mismo modo que lo hiciera el nuncio papal. Aunque disuadido por Luis XIV,
cuya política fue siempre hostil a Austria, Sobieski no vaciló
un instante. Mientras tanto (Julio de 1683) el Gran Visir Kara Mustafá,
había llegando a las puertas de Viena y armado el sitio a la ciudad,
defendida por el valiente General Imperial Conde Stahremberg, con una
guarnición de solamente 15.000 hombres, expuestos a los horrores
de la enfermedad y el fuego, así como a los ataques hostiles. Sobieski
comenzó el rescate en Agosto, llevando a su hijo Jacobo con él;
pasando por el santuario de Nuestra Señora en Czefistochowa, las
tropas oraron por la bendición de sus armas; a principios de septiembre,
habiendo cruzado el Danubio y unido sus fuerzas con los ejércitos
Alemanes a las órdenes de John Jorge, Elector de Sajonia, y del
Príncipe Carlos de Lorraine, se aproximaron a Viena. El 11 de Setiembre,
Sobieski estaba en las alturas de Kahlenberg, cerca de la ciudad, y al
día siguiente dio batalla en la planicie debajo de ellas, con un
ejército de no mas de 76.000 hombres, formando los Germanos el
ala izquierda y los Polacos, bajo los Comandantes Jahonowski y Sieniawski,
con el General Katski al comando de la artillería formando el ala
derecha. Los húsares cargaron con su impetuosidad habitual, pero
la densa masa del enemigo era impenetrable. La retirada de los húsares
fue tomada como una huida por los Turcos, quienes se precipitaron avanzando
en su persecución; los húsares se volvieron con refuerzos
y cargaron nuevamente, cuando con sus gritos hicieron saber que el “León
del Norte” estaba en el campo, los Turcos huyeron, atacados por
el pánico, con la caballería de Sobieski aún persiguiéndolos.
Sin embargo se continuó combatiendo furiosamente por un tiempo
a lo largo de toda la línea de batalla; ambos bandos pelearon con
bravura, y el rey estaba en todos lados comandando, peleando, alentando
el coraje de sus hombres y urgiéndolos a avanzar. Fue el primero
en asaltar el campamento: Kara Mustafá había escapado con
su mujer, pero recibió el lazo de cuerda en Belgrado algunos meses
después. Los Turcos fueron devueltos por su ruta, Viena y la Cristiandad
había sido salvada, y las noticias fueron enviadas al papa junto
al Estandarte del Profeta, tomado por Sobieski, quien había escuchado
Misa en la mañana.
Postrado con las armas extendidas, declaró que él estaba
peleando la causa de Dios y atribuyó la victoria sólo a
Él (Veni, vidi, Deus vicit – de su carta a Innocencio XI).
Al día siguiente entró a Viena, aclamado por el pueblo como
su salvador. Leopoldo, disgustado de que el rey Polaco se llevara toda
la gloria, condescendió en visitarlo y agradecerle, pero trató
a su hijo Jacobo y a los comandantes Polacos con una extrema y altanera
frialdad. Sobieski, aunque profundamente ofendido, persiguió a
los Turcos dentro de Hungría, atacó y tomó Ostrzyhom
después de una segunda batalla, y retornó a Polonia para
el invierno, con inmensos botines tomados del campo Turco. Estas y la
gloria derramada sobre su nación fueron todas las ventajas inmediatas
de la gran victoria. El peligro Otomano se había desvanecido para
siempre. La guerra todavía continuó: paso a paso se hizo
retroceder al enemigo, y dieciseis años después Kamieniec
y la Podolia completa fueron restauradas a Polonia. Pero Sobieski no vivió
para ver este triunfo. En vano había intentado una y otra vez retomar
Kamieniec, y había hasta construido una fortaleza para destruir
su valor estratégico; esta fortaleza permitió a los Tártaros
invadir las provincias Rutenias en varias ocasiones, aún a las
puertas de Lemberg. Fue también forzado por un tratado a dar Kiev
a Rusia en 1686; tampoco tuvo éxito en asegurar la corona para
su hijo Jacobo. Sus últimos días fueron pasados en el seno
de su familia, en el castillo de Wilanow, donde murió en 1696,
vencido tanto por los conflictos políticos como por la enfermedad.
Su mujer, Marie-Casimire, una Francesa viuda de John Zamoyski, aunque
no merecedora de tan gran héroe, fue tiernamente amada por él,
como lo muestran sus cartas: lo influenció en gran medida y no
siempre sabiamente. Su familia está ahora extinta. Carlos Eduardo,
el Joven Pretendiente, fue su bisnieto –hijo de la hija de Jacobo,
Clementina, quien desposó a James Stuart en 1719.
S. TARNOWSKI
Transcripto por Michael Philip Baranowski
Traducido por Luis Alberto Alvarez Bianchi