Decimocuarto General de la Compañía de Jesús,
nació en Modena, el 27 de septiembre de 1648; murió el
28 de febrero de 1730. Después de haber enseñado filosofía
escolástica y teología durante doce años, fue nombrado
sucesivamente rector de varias universidades, fue elegido teólogo
privado del cardenal Reinoldo de Este, ocupó los cargos de secretario
general y vicario de Thyrsus González y, por último, a
la muerte de éste, fue elegido general el 3 de enero de 1706,
cargo que ocupó hasta su muerte. La reputación de recta
virtud, paciencia y valor que adquirió en los distintos grados
de su orden, no se opacó en lo más mínimo durante
los largos años de su generalato.
Mientras Tamburini ocupó el cargo de superior de la Compañía
de Jesús, la actividad apostólica de esta orden experimento
su mejor momento; sin embargo, se vislumbraban al mismo tiempo, los
signos de la tormenta que, medio siglo después, la aniquilaría.
Las Reducciones de Paraguay comenzaban a dar fruto; los misioneros estaban
entregando sus vidas por las víctimas de la peste en Levante
o estaban abriéndose camino en las estepas del Tibet entre dificultades
inenarrables. Pedro el Grande, deseoso de dar a sus súbditos
bárbaros las ventajas de una verdadera religión y una
genuina civilización, admitió a los jesuitas en Rusia.
El jansenismo, el peor enemigo de la Compañía de Jesús,
recibió el golpe de gracia en 1708 con una Bula de Clemente XI,
en la que ordenaba la supresión de Port-Royal. Tres jesuitas,
Tolomei, Cienfuegos y Salerno, ascendieron en corta sucesión
a la dignidad del cardenalato. John Francis Regis fue beatificado, Aloysius
de Gonzaga y Stanislaus Kostka fueron elevados a los altares. Al mismo
tiempo, los futuros santos San Francisco de Jerónimo y los Beatos
Antonio Baldinucci, en Italia y Emmanuel Padial, en España) trabajaban
con extraordinario éxito para salvar almas. Sin embargo, también
durante este período, el debate sobre los ritos chinos estaba
en su apogeo. Se había acusado a los misioneros jesuitas en China
de no obedecer las órdenes del Sumo Pontífice. Tamburini,
aunque de carácter naturalmente amable, podía ser muy
estricto cuando el honor de la Compañía de Jesús
estaba en juego. En nombre de todos los asistentes y procuradores reunidos
en Roma, protestó ante Clemente XI la fidelidad y la obediencia
de toda la Compañía de Jesús al Vicario de Cristo.
Así decía la última frase de su declaración:
"Pero si, no lo quisiera Dios, hubiera alguno entre nosotros que
abrigara otros pensamientos o respirara otros sentimientos - porque,
cuando el número de súbditos es tan grande, la resulta
difícil a la prudencia humana impedir o evitar que dichas cosas
ocurran - el General, a nombre de la Compañía declara,
asegura y protesta que reprobamos y rechazamos, desde ahora, a dicha
persona, que es digna de castigo y que no puede considerarse como un
verdadero y legitimo hijo de la Compañía de Jesús
".
CRÉTINEAU-JOLY, Hist. de la Comp. de Jésus,
IV-V; DE GUILHERMY, Ménologe, Assistance d'Italie, 266-68; SOMMERVOGEL,
Bibl. de la C. de J., VII, 1827-30.
A. C. COTTER.
Trascrito por Douglas J. Potter
Dedicado al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen
María
Traducido por Rosario Camacho-Koppel