Considerando el tono de lo que ha llegado hasta nosotros de las obras
de los grandes tragedistas griegos y hasta de las comedias de Plauto y
Terence, inicialmente parece difícil entender la inflexible actitud
tomada hacia el teatro por los escritores cristianos de los primeros siglos.
Pero sigue siendo cierto que los Padres tanto del este como del Oeste
prohibieron indiscriminadamente y en términos de la más
severa reprobación toda forma del drama. Podemos solamente inferir
que las obras y mimos más populares durante el Imperio, como regla,
eran burdamente indecentes y venenosos para la virtud. Las obras supervivientes
de Aristófanes por si solas serían suficiente para mostrar
que inconcebiblemente laxa era la opinión pública, aún
en los períodos más cultos del paganismo, mientras que la
infamia que marcaba el estado legal de un actor en Roma, es significativa
de la degradación involucrada por esa profesión. Las tragedias
y hasta las mejores clases de comedias eran poco representadas en pública
bajo el Imperio. Eran consideradas más bien como literatura y cuando
mucho leídas en voz alta en un selecto círculo de amigos.
La forma más popular de obra era el mimus, y como implica Diómedes,
un retórico del siglo quinto, la nota de indecencia podría
decirse que forma parte de su definición. (Mimus est factorum
et dictorum turpium cum lascivia imitatio, cf. Ovid, "Tristia,"
II, 497, y Valerius Maximus, ii, 6 and 7, etc.) Además,
hay una gran cantidad de evidencias que en los siglos tercero y cuarto
la parodia de ritos Cristianos era una característica regular de
los mimos. Probablemente los Cristianos (ho christianos komodoumenos)
eran un objeto de ridículo casi tan familiar en estas representaciones
como es el tonto en la pantomima moderna (Greg. Nazianz., "Orat,"
II, 84; P.G., XXXV, 489). Existen Actos de los Mártires, sin duda
más o menos legendarios, en los que se registra la conversación
de un actor a quien se le da a conocer la verdad en el rito del bautismo,
que simula en la escena. Porfirio (4 Nov.) y Genesius (25 Aug.) son por
tanto conmemorados, mientras que la historia de Santa Pelagia (8 Oct.),
aunque sea apócrifa, presenta la profesión del actor en
colores aún más obscuros (ver Delehaye, "Légendes
hagiographiques"). Pero aún aceptando estos hechos, es
notable la violencia del lenguaje en que los Padres condenan todas las
representaciones escénicas. Tertulliano en su tratado "De
Spectaculis" pulsa la nota clave y, como observa Chambers, "su
vívida retórica africana es una justa muestra de una cadena
de francos comentarios que se extiende por todo el siglo tercero desde
Tatiano hasta Lactantius" ("Mediaev. Stage," I,
ii). Para Crisóstomo y casi todos sus contemporáneos el
teatro es el templo del Maligno, y todos los que frecuentan el teatro
lo reconocen como su maestro (P.G., LVI, 263; LVII, 71, 426; LVIII, 120,
188, etc.). Hasta Juliano el Apóstata prohibió acceso al
teatro para el nuevo sacerdocio que estaba ansioso por crear. Casi solo
entre los Padres, San Agustín ("De Civ. Dei,"
ii, 8) parece hacer alguna distinción entre la burda indecencia
de los mimos y el drama clásico de una época anterior, y
aprueba el estudio de estos últimos para fines educacionales. No
queda enteramente claro de las "Confesiones" del mismo autor
(iii, 2) si la representación de tragedias serias aún se
mantenía en su juventud.
Viles y degradantes como eran las más populares formas de representaciones
escénicas bajo el Imperio, el proletariado estaba tan casado con ellas
que aún los emperadores Cristianos no se atrevían a suprimir totalmente
tales diversiones. Empero, algo fue hecho. Por el Código Teodosiano (XV,
5), omnis theatorum atque circensium voluptas (todas las diversiones en el teatro
y circo) fueron prohibidas los Domingos, festivales, y temporadas de santidad
especial. A las actrices, etc. se les impusieron limitaciones de diversas clases,
incluyendo restricciones en el vestido, pero por otra parte las leyes de castas
fueron hechas a un lado y se hizo posible ahora que una actriz al volverse Cristiana
y abandonar esta forma de vida, adquiriera un status de respetabilidad. En una
fecha aún más temprana algunos de los Concilios Cristianos habían
tratado el asunto. En Elvira, España, cerca del A.D. 302, se decidió
que los actores podían ser bautizados, pero solo bajo condición
de que abandonaran esa forma de vida. En Arles en 314 theatrici y agitatores
(actores y conductores de cuadrigas en los juegos) fueron declarados excomulgados.
Algún tiempo después el Sínodo de Laodicea dió instrucciones
que el clero que estuviere presente en fiestas de bodas o banquetes no deberían
permanecer para las obras que pudieran ser representadas después. En
Hipona, en el año 393 estaba prohibido que los hijos de los obispos o
de eclesiásticos estuvieran presentes en representaciones o que las dieran.
Respecto a los actores se decidió que si deseaban hacerse Cristianos,
no debería posponerse indefinidamente su bautizo. En 401 un Concilio
de Cartago decidió que las representaciones no deberían tener
lugar en Domingos y fiestas, y fulminaron contra engañar a los artistas
para que volvieran a su anterior forma de vida (excepto cf. Cod. Theod., XV,
vii, 13). Finalmente el Concilio en Trullo en 692, para los que lo reconocieron,
condenó las completamente las obras, amenazando con degradación
contra todos los clérigos y excomunión contra todos los laicos
que asistieran a las representaciones (Hefele-Leclereq, "Conciles,"
I, 256, 283, 1032; II, 87, 89, 126, 471; III, 566, 569). El tono de toda esta
legislación es más suave que el lenguaje empleado por los Padres
individualmente, pero está muy claro que la profesión de actor
era considerada como la de un pecador público y la mayoría de
los primeros obispos habrían estado de acuerdo con San Cipriano (Ep.,
ii) que era preferible mantener un tal hombre con fondos de la Iglesia, más
bien que permitirle que continuara con su oficio.
El teatro de Shakespeare, Calderón, Molière, y Schiller no tiene
conexión directa con el denigrado drama del Imperio Romano. Los aislados
mimi o nugatores que pudieron haber sobrevivido por algún tiempo la caída
del Imperio y convertirse en actores ambulantes, santimbanquis, joculatores
(jongleurs) y hasta trovadores, no puede probarse que hallan inspirado ningún
nuevo y dramático desarrollo. Su conexión con los estrifs normandos,
una de las formas de los antiguos débats franceses o diálogos,
es muy problemática. Además las razas teutonas tenían su
scop o cantante itinerante que muy probablemente al fin halla desarrollado,
como los actores ambulantes, una forma de diálogo para algunas de sus
composiciones. De nuevo, las imitaciones Cristianas de Terence por la Abadesa
Hroswitha de Gandersheim (d. 1002) o "el Sufriente Cristo" (Christos
paschon) de la literatura bizantina no inspiraron imitadores y aparentemente
no estaban pensadas para representación. Hay, por lo tanto, un consenso
de opinión que el drama moderno surgió de las obras de misterio
u obras milagrosas de la Edad Media y que ultimadamente es religioso en su origen
(ver OBRAS MILAGROSAS Y MISTERIOS). Hasta podemos poner el dedo con alguna confianza
en el germen primitivo de todo el siguiente desarrollo. Se encuentra en una
trova que Frere y otros han impreso de un manuscrito de San Gall del siglo noveno,
unida al introito de la misa de Pascua. Aparece en las más tempranas
metáforas inglesas escritas antes de 1016, siendo indicada la forma dramática
por los encabezados:
Angelica de Christi Resurrectione.
Quem queritis in sepulchro christiocle?
Sanctarum Mulierum Responsio.
Ihesum Nazarenum crucifixum o celicole.
Angelice vocis consolatio.
Non est hic, surrexit sicut praedixerat;
Ite nuntiate quia surrexit, dicentes;
Sanctarum mulierum ad omnem clerum modulatio.
Alleluia. Resurrexit dominus hodie,
Leo fortis, christus filius dei, deo gratias dicite; eia.
Dicat Angelus.
Venite et videte locum; etc.
Este diálogo fue transformado en fecha temprana en un interludio separado
siguiendo la tercera lección de los Maitines de Pascua y representando
la visita al Sepulcro. El Sepulcro mismo había sido constituido anteriormente
en Viernes Santo encortinando un altar vacante y depositando ahí el crucifijo
y algunas veces el Santísimo Sacramento. El rito completo es descrito
enteramente en la "Concordia regularis" de San Aethelwold
(siglo décimo), en que el compilador hace notar a modo de introducción:
"desde este día celebramos el enterramiento del cuerpo de nuestro
Salvador, si pareciera bueno o agradable a cualquiera seguir en líneas
similares el uso de los religiosos que sea digno de imitación para el
fortalecimiento de la fe en el inculto vulgar y en los neófitos, lo hemos
ordenado en ese sentido". Estas escenas de la deposición el Viernes
Santo y la visita al sepulcro en la mañana de Pascua se volvieron gradualmente
más y más desarrolladas y menos distintamente litúrgicas,
hasta que alcanzamos una etapa en que la representación dramática
es realizada por laicos fuera de la Iglesia. Gran luz se ha arrojado en las
etapas de transición en Inglaterra con el descubrimiento de los fragmentos
Shrewsbury, como fue traído el asunto al nivel del pueblo con la Inserción
de versos vernáculos en canciones en latín. Igualmente "para
el fortalecimiento de la fe en el vulgo sin educación y en los neófitos"
había versos irónicos y dramáticos familiares que se adoptaban
en el tiempo de Navidad. La forma de uno de estos versos irónicos del
siglo décimo de San Marcial en Limoges parece mostrar una imitación
directa del interludio de Pascal: Quem quaeritis in praesepe pastores?
(A quien buscáis, pastores, en el pesebre?) Así empezaba el diálogo.
Había otras influencias en los versos que condujeron al mismo resultado.
Por ejemplo, se acostumbraba leer entre las lecciones de los maitines de Navidad
porciones de un sermón, equívocamente atribuido a San Agustín.
Presentaba a varios profetas que dieron testimonio de Cristo. A cada uno se
asignaba una voz diferente, muy parecido al Evangelio de la Pasión cuando
se lee en Semana Santa, y esto inmediatamente daba los elementos de un prometedor
drama de Navidad (ver "Prophetes du Christ," 10).
Probablemente podríamos distinguir, con Mr. Chambers, tres etapas en
la evolución: (1) la etapa litúrgica, v.gr. el desarrollo de estos
diálogos dramáticos, auxiliados como lo hacían con la personificación
y gestos, dentro del mismo ceremonial de la Iglesia; (2) la etapa de transición,
v.gr. estas obras en latín fueron traducidas al idioma vernáculo
o interpoladas con pasajes vernáculos, mientras que diferentes incidentes
se fusionaban para formar una representación y se le agregaban otros
nuevos elementos, hasta que el ciclo completo del asunto tratado se extendía
desde la Creación hasta el Juicio; (3) la fase final en la que las obras
eran secularizadas completamente. Cayeron en las manos de las hermandades, algunas
obras asignadas a una y otras a otra hermandad, al tiempo que hacían
cambios constantemente en el diálogo y reacomodaban los incidentes para
adaptarlos a las nuevas condiciones; pero adheridos firmemente a la forma cíclica.
Por otro parte, claro que estas etapas en la evolución del drama no estaban
nítidamente definidas y se fusionaban unas con otras. Para más
detalles el lector será referido a los artículos OBRAS MILAGROSAS
Y MISTERIOS Y MORALIDADES, pero debe hacerse notar que las obras en latín
proveyeron una importante influencia en el proceso de secularización,
en parte ejercicios escolásticos y en parte desviación, que las
escuelas monásticas y de las catedrales se habituaron a representar,
particularmente en tiempo de Navidad y de Pascua. Es fácil ver como esas
representaciones dirigidas a audiencias de jóvenes o misceláneas
pudieron llegar a ser interpoladas con pasajes en su lengua materna, particularmente
aquellas de carácter más humorístico. Además, era
natural extender el alcance de esas desviaciones y tenemos evidencia que en
el siglo doce en Francia, Inglaterra y Alemania se representaban composiciones
dramáticas que trataban asuntos como la vida de San Nicolás, el
martirio de Santa Catalina, la resurrección de Lázaro, la parábola
de las vírgenes, o un ludus prophetarum ornatissimus, que incluía
a Gedeon y los Filisteos, David y Herodes. Pero la transferencia siguiente de
esas representaciones a las hermandades debe haber sucedido temprano, ya que
se está generalmente de acuerdo en que la obra del siglo doce de "Adán,"
escrita en francés anglonormando, fue probablemente la primera representada
por una hermandad y en suelo inglés (ver Grass, "Das Adamsspiel,"
1907). Sin embargo en Alemania, la obra religiosa parece haber permanecido casi
enteramente en manos de los estudiantes, aunque en Italia el impulso principal
provino de las confraternidades laudesi, los supervivientes del movimiento Flagelante,
que se reunían en su propia capilla a cantar laudi (cánticos)
en honor de la Santísima Virgen, los que gradualmente asumieron forma
dramática y se convirtieron en rappresentazioni sacre. Una obra en dialecto
romano del siglo catorce, editada por Vattasso (Studi e Testi, no. 4), explícitamente
lleva el título lauda (loc.cit., p. 53). Pero en cada país de
Europa, sin exceptuar España y Polonia, parece haber surgido un nuevo
drama que vino a existir en dependencia de la Iglesia. Fue solo en pequeños
pasos que estas obras en lengua vernácula perdieron contacto con algún
propósito religioso. Una totalmente nueva fuente de inspiración
entró en juego contemporáneamente con el humanismo de la expirante
Edad Media. En Italia especialmente empezó tan temprano como el siglo
catorce, con el revivir del estudio de las tragedias de Séneca, y lo
que fue más importante, con la composición de tragedias originales
en latín sobre temas provistos por la historia medieval. De éstas
ya solo quedaba un paso a las obras llamadas mescidati, en las que podían
ser claramente discernidas tanto la influencia de la rappresentazioni sacre,
que era el desarrollo final del drama religioso, como también de los
modelos clásicos. Pero es imposible continuar el tema aquí. Tenemos
una tragedia italiana, la "Sofonisba," por G. Trissino, actuada
ante el papa León X en 1515, al tiempo que las primeras comedias (Boiardo's
"Timone" era representada antes de 1494) fueron introducidas gradualmente
siguiendo a los improvisados burlesques a los que contribuía el arlecchino
(arlequín) con un hilo de unidad pero que aún saboreaba algo de
las más tempranas obras moralizantes. De todas maneras debe hacerse notar
que apenas se había establecido un drama independientemente de la influencia
eclesiástica, que los licenciosos excesos de escritores como Ariosto,
Macchiavelli, y Aretino (Leonardo Bruni) forzaban a la Iglesia de nuevo a la
misma actitud de intransigencia casi al grado que existía bajo el Imperio
Romano. La representación de dramas sagrados y morales y a veces de obras
clásicas era animada por colegios e instituciones similares. Las obras,
principalmente en latín, que eran escritas y actuadas en las escuelas
de los Jesuitas, formaban en si una significante literatura (Ver por ejemplo,
Bahlmann, "Jesuiten-Dramen d. Niederrhein. Ordensprov.,"
1896). Pero aparte de estos ejercicios escolásticos, los teatros públicos,
a causa de la laxitud moral que como regla domina en esas representaciones,
estaban prohibidos casi en todos lados al clero por los decretos de sínodos
provinciales y diocesanos (ver la "Collectio Lacensis," passim).
Se ha sostenido que algunas de estas prohibiciones tenían vigencia solamente
para los clérigos pertenecientes a la diócesis o provincia en
la que se dictaban mientras permanecieran dentro de los límites de la
diócesis, pero el punto es dudoso en el mejor de los casos. Nunca ha
sido hecha una decisión autorizada que permitiera a los clérigos
que vienen de una diócesis donde la asistencia al teatro está
prohibida, que al pasar por una diócesis donde está igualmente
prohibida se sintieran libres de visitar el teatro como deseen. Desde luego
que está prohibido tanto a los clérigos como a los laicos asistir
a representaciones que sean burdamente impropias ya sea por el próximo
peligro de pecado así como por el escándalo que se podría
causar a otros. Finalmente podemos hacer notar que en los Estados Papales no
se permitió que se construyera ningún teatro público permanente
hasta 1691 y que el teatro que fue abierto entonces con permiso de Alejandro
VIII en Tor di Nona fue después desmantelado por su sucesor Inocencio
XII. Pero en el transcurso del siglo dieciocho fueron construidos varios teatros
en Roma con sanción papal, aunque fueron sujetos a una muy estricta censura
y eran cerrados por razones sagradas.
LA IGLESIA Y EL TEATRO. -- STARA, Zur Wuendigung der kirch.
Anschauungen ueber der Theaterwesen in Theol. Quartalschrift, LXIX,
(1887), 832-866; HEFELE, Ueber den Rigorismus, etc. en Theol. Quartalschrift,
XXIII (1841) 396 seq., después reimpreso en su Beitraege (1864);
MOEHLER, Symbolik, 6ª ed., 512 ff.,; BOSSUET, Maximes et reflexions
sur la comedie (Paris, 1693); PLUMPTRE, en Dict. Christ. Ant.,
s.v. Actors; MAYOR, loc.cit. s.v. Theatre; PRYNNE, Histriomastix
(London, 1672).
DRAMA MEDIEVAL. – Una basta literatura ha crecido
sobre este tema especialmente en años recientes. Aquí se
pueden mencionar solo unas pocas obras notables . E.K. CHAMBERS, The
Medieval Stage (2 vols., Oxford, 1903); CREIZENACH, Geschichte
des neueren Dramas I (Halle, 1873); PETIT DE JULLEVILLE, Les
Mysteres (2 vols., Paris, 1880); D'ANCONA, Origini del Teatro
Italiano (2a ed., 2 vols., Turin, 1891); A.W. WARD, History of
Eng. Dramatic Literature, I (2a ed., Londres, 1899); GAYLEY, Plays
of our Forefathers, New York, 1908; W. MEYER, Fragmenta Burana (Goettingen,
1901); DAVIDSON, English Mystery Plays (Londdres, 1892); DU MERIL,
Origines latines du Theatre moderne (Caen, 1849); COUSSEMAKER,
Drames liturgiques du moyen age (Paris, 1860); with music (Paris,
1896); MILCHBACK, Die Oster- und Passionsspiele (Wolfenbuettel,
1880); CASTE, Les drames liturgiques de la cathedrale de Rouen
(Evreux, 1893); R. FRONING, Das Drama des Mittelalters (3 vols.,
Stuttgart, 1891); LANGE, Die lateinischen Osterfeiern (Munich,
1887); WECHSSLER, Die romanischen Marienklagen (Halle, 1893);
SCHOENBACH, Die Marienklagen (Graz, 1875); COHEN, Histoire
de la mise-en-scene dans le theatre religieux francais du moyen age
(Paris, 1906); SEPET, Les prophetes du Christ in Bib. de l'Ecole des
Chartres, XXVIII, y publicada separadamente (Paris, 1878); IDEM,
Le drame chretien au moyen age (Paris, 1878); WIRTH, Die
Oster- und Passionsspiele bis zum XVI jahrhundert; FRONING, Das
Drama des Reformationzeit, (Stuttgart, 1910); HARTMANN, Ueber
das altspanische Dreikoenig-spiel (Leipzig, 1679); ANE, Die lateinischen
magier-spiele (Leipzig, 1905); POLLARD, English Miracle Plays
(2a ed., Londres, 1898); CADY, Liturgical Basis of Townsley Mysteries
in Publications of Modern Lang. A'n of America, XXIV (Baltimore,
1909), 419-69; K. YOUNG, Some Texts of Liturg. Plays in Publications
of Modern Lang. A'n, XXIV (Baltimore, 1909), 294-332 y otros documentos
en la misma publicación; K. YOUNG, The 'Harrowing of Hell'
in Liturgical Drama in Trans. of Wisconsin Academy, XVI, pt. 2, 1909;
RAND, Sermo de Confusione Diaboli in Modern Philology, II (1904);
FRERE, The Winchester Troper (Henry Bradshaw Society, Lond.,
1878); WARD and others in Cambridge History of English Literature
V, i-iii.
HERBERT THURSTON
Transcrito por John Fobian
En memoria de John Crowley, S.J.
Traducido por Javier L. Ochoa Medina