Educador, filántropo, nacido en Fuentellana, España, en 1488; muerto
en Valencia, el 8 septiembre, 1555. Hijo de Alonso Tomás García y Lucía Martínez
Castellanos, el santo fue educado en la práctica de la religión y la caridad.
Cada viernes su padre daba a la caridad todos los alimentos que obtenía del molino,
además de su diaria ración de pan. En los días festivos adicionaba madera, vino
y dinero; mientras que a los granjeros pobres les prestaba dinero y semillas.
A la muerte de su esposo, Lucía continuó con las limosnas acostumbradas y les
daba a las madres indigentes del vecindario ropa y dinero. A los 16 años de edad,
Tomás ingresó a la Universidad de Alcalá, en donde después de graduarse como Maestro
de Artes y Licenciado en Teología, ocupo la Cátedra (1514) de Artes, Lógica y
Filosofía. Entre sus pupilos se cuentan famosos estudiantes como Fernando de Encina
y Dominico Soto. Con la Universidad de Alcalá terminaron su relaciones con la
docencia, habiendo declinado la Cátedra de Filosofía en Salamanca, en donde se
unió a los Agustinos en 1516, haciendo sus votos un año más tarde y su ordenación
sacerdotal al siguiente año; su primera misa fue celebrada en Navidad en 1518.
En el Convento de Salamanca se le asignó a Tomás la clase de Teología Escolástica
por su apego a los libros, principalmente a Santo Tomás y Lombardo y su vida ejemplar.
Predicar en los púlpitos de España fue pronto una de sus tareas, entre otros lugares
en Valencia, el lugar de sus pasos posteriores y Valladolid, sede de la Corte
Imperial y residencia del Emperador Carlos V cuando visitaba tierras bajas. En
esta última ciudad, Santo Tomás fue nombrado por el Emperador, como Predicador
de la Corte y uno de sus Consejeros de Estado. Sin embargo, muy raramente el Santo
visitó al por aquel entonces amo de Europa, con quien su correspondencia escrita
era voluminosa, ya que el Emperador tenía sus opiniones en gran estima. Hacia
el final de su vida, mientras estaba en Valencia, destruyó todas las cartas del
Emperador; sin embargo, sus propias cartas al Emperador, se conservan en Simancas. Aparte de estos encargos, Tomás tuvo otros oficios y encargos
en su orden, como por ejemplo, como Superior del Convento en varias ciudades,
entre otras Valladolid en 1544, el año en que fue llamado a la Sede de Valencia.
Más aún, fue dos veces Provincial-Superior, primero de Andalucía y Castilla en
1527, y seis años después de Castilla solamente, en donde su primera misión fue
enviar el establecimiento de casas de su orden en México, al otro lado del Atlántico.
El 5 de agosto, recibió el nombramiento de Arzobispo de Valencia, que fue confirmado
por el Papa Paulo III. Previamente, Santo Tomás había declinado la Sede de Granada,
ofrecida por el Emperador, teniendo que aceptar la de Valencia en obediencia a
sus Superiores. Fue Consagrado en la iglesia de su orden en Valladolid por el
Cardenal Juan de Tavera de Pardo, Arzobispo de Toledo. El ingresar a su Sede el
primero de enero de 1545, de la cual fue el Obispo número treinta y dos y octavo
Arzobispo, Santo Tomás inició su carrera como legislador y filántropo, que le
valió los títulos Caritativo, Padre de los pobres y Modelo
de los Obispos, mismos que le fueron conferidos en su beatificación en 1618
por Paulo V. Durante sus once años de episcopado, sus actos más notables fueron:
las visitadurías en su Diócesis, abierta pocas semanas después de su llegada a
la Sede. Entre otras enmiendas prohibió a sus visitadores que recibieran algún
regalo. Después convocó a un Sínodo, el primero en Valencia en muchos años en
donde buscó desterrar con numerosos abusos tales como derramamientos de sangre,
divorcios, concubinatos y muchos privilegios excesivos o exenciones irracionales;
abolió la prisiones subterráneas, reconstruyó el hospital general de Valencia
que recién había destruido el fuego; fundó dos colegios, uno para jóvenes eclesiásticos
y otro para estudiantes de escasos recursos; laboró para la conversión de los
nuevos Cristianos, cuya profesión de Cristiandad había sido un mero espectáculo;
estableció una guardería cerca de su Palacio para los padres de familia indigentes;
dispuso misas a una hora temprana para las clases trabajadoras y en resumen, por
medio de estatutos, de predicación y de ejemplo, condujo a una reforma moral de
laicos y religiosos. Hacia los pobres tenía un sentimiento de compasión; para
ellos, su palacio estaba siempre abierto; diariamente hacía un repaso hacia cada
persona pobre que se acercaba por ayuda, en ocasiones trescientas o cuatrocientas
personas obteniendo alimento de sus manos. En cada distrito de la ciudad tenía
alguaciles designados con órdenes de buscar a las personas respetables que rehuían
a las mendigos; a estos los proveía con dinero, comida y vestido, mientras que
a los trabajadores indigentes, a los granjeros pobres y a los mecánicos, les compraba
herramientas y les rellenaba sus reservas, poniéndolos en el camino de rehacer
sus vidas. Su vida completa está repleta de actos de caridad práctica. Dedicó
su tiempo libre principalmente en predicar y estudiar; su mesa era simple, sin
lujos. Sus ropas no eran costosas; él mismo remendaba con sus manos lo que hacía
falta. Innumerables son las muestras de los dones sobrenaturales que le fueron
conferidos a Santo Tomás: su poder de curar a los enfermos, la multiplicación
de los alimentos, su éxtasis, su conversión de los pecadores. Cayó enfermo en
agosto de 1555, de angina de pecho, de la cual murió a los 67 años de edad, al
término de una misa en su dormitorio. Sus últimas palabras fueron los versículos:
"In manus tuas, Domine", etc.; sus restos fueron enterrados en
el convento extramuros de la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, desde
donde fueron traídos posteriormente a la Catedral. El Santo era de buena estampa,
estatura mediana, de piel oscura, ojos brillantes, pómulos rudos y nariz de perfil
romano. Fue beatificado por el Papa Paulo V (7 Oct., 1618), quien fijó su día
festivo el 18 de septiembre y fue Canonizado por el Papa Alejandro VII el primero
de noviembre de 1658. Varias razones se dan para justificar la ausencia de Santo
Tomás en el Concilio de Trento, entre ellas su enfermedad que no le permitiría
aguantar la fatiga del viaje; que su gente no soportaría su ausencia y que el
Emperador no podía prescindir de su ayuda en casa. Los escritos de Santo Tomás,
principalmente sermones, están repletos de normas prácticas de teología mística.
Se han publicado alrededor de veinte ediciones, siendo quizá la mejor y la más
completa la de Manila, 1882-1884, en 5 tomos.
EDWARD
G. DOHAN
Transcrito por Marie Jutras
Traducido
por Fernando Pérez Valdez Godina