Brest Brest-Litovski, en ruso;
Brzesc, en polaco; citada como Brestii o Brestov en las crónicas
antiguas.
Brest es una ciudad en Lituania, con unos 50,000 habitantes, famosa
en la historia de la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa
de Rusia por la unión de los rutenos al Catolicismo.
Tras la anexión de Rutenia Roja, o Ucrania, a Polonia, en
1569, los rutenos, que habían quedado políticamente
sujetos a Polonia, comenzaron a comparar la lamentable condición
de su iglesia con el desarrollo y la vitalidad del Catolicismo y volvieron
sus ojos hacia Roma. El clero de Rutenia estaba inmerso en la inmoralidad
y en la ignorancia; los obispos no tenían escrúpulos
en dar un mal ejemplo a su rebaño, viviendo en abierto concubinato,
y practicando la más despreciable simonía. Los documentos
rusos del siglo XVI son el testimonio de este decaimiento melancólico
de la Iglesia Ortodoxa en las provincias polacas y de la imposibilidad
de aplicar cualquier remedio. Enfrentada con esta ruina espiritual,
la Iglesia Católica, revitalizada por la llegada de misioneros
jesuitas, mostraba su inmensa superioridad religiosa y moral. Algunos
fieles y honorables miembros del clero y laicos ortodoxos se convencieron
gradualmente de que sólo un retorno a la obediencia a Roma
podría asegurar para su Iglesia unas condiciones saludables.
Los jesuitas, que se habían establecido en Vilna en 1569,
en Yaroslaff en 1574 y sucesivamente en Polotsk, Grodno, y otras ciudades
de la Rusia meridional, pronto se situaron entre los ortodoxos para
entenderse con los amigos de esta unión y para secundar sus
esfuerzos. Empezaron publicando trabajos de controversia religiosa,
dando énfasis a las ventajas espirituales, morales, y políticas
que reportaría, a la citada Iglesia Ortodoxa, su unión
con Roma. Eminentes en este trabajo, de preparar la opinión
para el retorno a la Iglesia romana, fueron el Padre Peter Skarga
(1536-1612), uno de los más grandes apóstoles y un genio
literario y político de Polonia, y el Padre Benito Herbest
(1531-93). El primero publicó, en Vilna, en 1577, su famoso
trabajo "La Unidad de la Iglesia de Dios bajo un sólo Pastor"
(O jednosci kosciola bozego pod jednym pasterzem) y llenó a
los ortodoxo de confusión; éstos quemaron numerosas
copias del mismo, de modo que tuvo que ser publicada una nueva edición
en 1590. El Padre Herbest publicó entonces, también
en polaco, su "Exposición de la Fe de la Iglesia romana,
e Historia de la servidumbre griega" (Cracovia, 1586). Estos
dos trabajos ayudaron enormemente a dispersar las dudas de los ortodoxos
amigos de la unión y a atraerlos todavía más
hacia Roma; una tarea que fue llevada adelante por los escritos y
el trabajo de Antonius Possevinus. Sin embargo, los ortodoxos todavía
permanecían indecisos. Jeremías II, Patriarca de Constantinopla,
visitó Moscú en 1588 y en 1599 llegó a Vilna
dónde convocó un sínodo para encontrar los remedios
para los males más serios de la Iglesia en Rutenia. Recibido
por Segismundo III, Rey de Polonia (1587-1632), con honores y costosos
regalos, consagró a Michael Raposa como metropolitano de Kieff
y Halicz (1588-99). Encontrando que alguno de los ortodoxos rutenos
no ocultaban su deseo de reconciliación con Roma, Jeremías
II, para ligarlos más estrechamente a su propia autoridad y
la Iglesia Ortodoxa, por un decreto del 6 agosto de 1589, designó
a Cyril Terlecki, obispo de Lutzk, como exarca para la jurisdicción
metropolitana de Kieff. El patriarca también ordenó
la celebración de un sínodo de obispos anual para remediar
los desórdenes de la Iglesia en Rutenia.
En 1590 el metropolitano, Rahosa, convocó un sínodo
en Brest para el 24 de junio. Unos días antes de la reunión,
Terlecki tuvo una conferencia en Bels con los Obispos de Lemberg (Balaban),
Pinsk (Pelczycki), y Chelm (Zbiruiski), y prepararon conjuntamente
un documento para "someter su voluntad y su inteligencia al Papa de
Roma", y rogar que se conservaran sus ritos y sus privilegios eclesiásticos.
Este documento se presentó al Sínodo de Brest al que
asistieron el metropolitano y el obispo de Vladimir; fue aceptado
y se aprobó, pero, por razones de prudencia, se mantuvo en
secreto. Terlecki fue encargado de presentarlo a Segismundo III y
obtener la sanción real, pero pasó más de un
año antes de que cumpliera su encargo. Habiendo recibido Segismundo
III, por fin, el documento, respondió el 18 de marzo de 1592,
expresando su alegría por la decisión del episcopado
de Rutenia, prometiéndoles su ayuda contra las posibles persecuciones
por los ortodoxos, y asegurándoles que se respetaría
y salvaguardaría el rito local. No obstante, la propuesta de
unión, aunque calurosamente aprobada por Terlecki, no logró
su realización. Terlecki fue apoyado por Adán Pociej
que fue consagrado Obispo de Vladimir en 1593 en sucesión de
Meletius Chrebtowicz, fallecido. Pociej era un abogado sinceramente
convencido de la unión, aunque entendió bien los obstáculos
a su consecución. Otro sínodo de obispos rutenos se
reunió en Brest el 24 de junio de 1593, pero evitó la
cuestión de la unión, y se limitó a privar a
Gideon Balaban de la administración de su diócesis.
Balaban se negó a reconocer el privilegio concedido a la comunidad
patriarcal Ortodoxa de Lemberg por Jeremías II.
El 24 de junio de 1594, los obispos de rutenos se congregaron de
nuevo en Brest, pero su reunión no tuvo carácter sinodal,
porque Segismundo III estaban en Suecia y ningún sínodo
podía reunirse en ausencia del soberano. Unos días después,
los obispos Terlecki, Balaban, Zbirujski, y Kopystenski se encontraron
en Sokal y reafirmaron su adherencia al acto de unión firmado
en Bels y aprobado en Brest, en 1590. Terlecki tuvo plenos poderes
para tratar de la unión con la Corte de Polonia y la Santa
Sede. Elaboraron un "Decreto de regreso y entrada en la comunión
de la Santa Iglesia Romana" (Decretum de recipienda et suscipienda
communione sanctae Romanae Ecclesiae) en el que, después de
deplorar los males resultados del cisma, solicitaban someterse a la
jurisdicción del pastor visible de la Iglesia de Dios, con
la condición de que se conservaran los sagrados ritos y las
costumbres litúrgicas de la Iglesia Oriental, salvando las
cosas que pudieran juzgarse contrarias a la unión y perjudiciales
para la unidad de la fe. Terlecki comenzó a solicitar la adhesión
de los obispos rutenos a este documento que fue fechado el 2 de diciembre
de 1594. Estaba subscrito por el metropolitano Rahosa, Pociej, Terlecki,
Zbirujski, Pelczyski, Gregorio de Polotsk, y Jonas Hohol de Pinsk.
El 12 de junio de 1595, Rahosa, el metropolitano, y los obispos de
Vladimir, Lutzk, y Pinsk se encontraron en Brest y elevaron dos peticiones,
una a Clemente VIII y otra a Segismundo III. En la primera reclamaban
renovar la unión concluida en el Concilio de Florencia, salvando
siempre las costumbres y ritos Orientales; en la última manifestaban
los mismos deseos, y agregaron que la Iglesia en Rutenia adoptaba
el calendario Gregoriano. Pociej y Terlecki acudieron a Cracovia para
convenir con los delegados del rey y el nuncio apostólico la
base y condiciones de la unión. Estas condiciones fueron aceptadas.
El 2 de agosto de 1595, Segismundo III declaró que el clero
ruteno disfrutaba de los mismos privilegios y derechos que el latino,
que estaban libres de las excomuniones y censuras infligidas por el
Patriarca de Constantinopla, que las sedes rutenas sólo debían
confiarse a prelados de Rutenia, que la Iglesia rutena debía
mantener la libre posesión de sus propiedades, que los templos
y monasterios rutenos no podían ser latinizados y que los prelados
Orientales eran despojados de cualquier jurisdicción sobre
el clero de Rutenia. El nuncio apostólico aceptó la
concesión de estos privilegios y Segismundo III requirió
que una delegación del episcopado ruteno fuera a Roma para
la sanción definitiva del acta de unión. Pero sus conclusiones
ya eran conocidas y los Obispos de Lutzk, Chelm, Przemysl, y Lemberg
lo anunciaron a sus fieles en cartas pastorales fechadas el 27 de
agosto. Desgraciadamente, el metropolitano, Rahosa, no actuó
fielmente: después de firmar el decreto de unión, procuró
en secreto impedir su ejecución, e instigó a Constantino,
Príncipe de Ostrog, para congregar a los obispos rutenos y
disuadirlos de someterse a la Santa Sede. Pero las intrigas de Rahosa
no consiguieron su propósito y, el 25 de noviembre de 1595,
Pociej y Terlecki llegaron a Roma con el decreto de unión del
2 de diciembre de 1594.
La llegada de los obispos rutenos inundó a Clemente VIII y
la Corte romana de alegría. Los delegados fueron recibidos
con gran honor; el papa y los cardenales discutieron las condiciones
de reunión propuestas por el episcopado de Rutenia, y sin ningún
rencor concedieron que debía mantenerse la integridad del rito
ruteno; también se convino que el "Filioque" no se insertara
en el Credo de Nicena, aunque el clero ruteno profesó y enseñó
la procedencia del Espíritu santo del Hijo. Los obispos solicitaron
la dispensa de la obligación de introducir el calendario gregoriano,
para evitar el descontento popular y las disensiones, e insistieron
en que el rey debía concederles, como un derecho, la dignidad
de senadores. A todas estas demandas accedió Clemente VIII.
Todos los obstáculos estaban removidos, la unión de
los rutenos con la Iglesia romana era solemnemente y públicamente
proclamada en la Sala de Constantino en el Vaticano. El canónigo
Wollowicz de Vilna, leyó en ruteno y en latín la carta
del episcopado ruteno al papa, fechada el 12 de junio de1595. El Cardenal
Silvio Antoniani mostró su agradecimiento en nombre del Papa
y expresó su alegría por este feliz acontecimiento.
Entonces Pociej, en su nombre y en el del episcopado ruteno, leyó
en latín la formula de abjuración del Cisma Griego,
Terlecki lo leyó en ruteno y lo firmaron. Clemente VIII les
dirigió una alocución expresando su alegría y
prometiendo a los rutenos su apoyo. Se acuñó una medalla
conmemorando el evento, con la inscripción: "Ruthenis receptis".
El mismo día fue publicada la Bula "Magnus Dominus et laudabilis",
anunciando al mundo Católico el retorno de los rutenos a la
unidad de la Iglesia Romana. La Bula relata los acontecimientos que
precedieron a la unión, la llegada de Pociej y Terlecki a Roma,
su abjuración y la concesión a los rutenos de mantener
sus propios ritos, excepto aquellas costumbres contrarias a la pureza
de la doctrina católica e incompatibles con comunión
de la Iglesia Romana. El 7 de febrero de, 1596, Clemente VIII remitió
al episcopado ruteno el Breve "Benedictus sit Pastor ille bonus",
agradeciendo la convocatoria de un sínodo en el que los obispos
rutenos recitarían la profesión de la Fe Católica.
También se enviaron varias cartas al rey de Polonia, príncipes
y magnates exhortándoles a acoger a los rutenos bajo su protección.
Otra Bula, "Decet romanum pontificem", fechada el 23 de febrero
de 1596, definió los derechos del episcopado ruteno y sus relaciones
de sumisión a la Santa Sede.
A comienzos de febrero de 1596, Terlecki and Pociej regresaron a
su país, llegando a Lutzk en marzo y celebrando un solemne
"Te Deum" por el éxito de su misión. Pero, los enemigos
de la unión, despertado su fanatismo religioso, redoblaron
su actividad. En la Dieta de Varsovia, abierta en mayo de 1596, los
diputados rutenos, liderados por el Príncipe de Ostrog, protestaron
contra los obispos que habían firmado la unión y declararon
que ellos no la aceptaban. Las comunidades ortodoxas de Vilna y Lemberg
levantaron a la gente contra los obispos unionistas. Para cortar rápidamente
esta agitación religiosa, Segismundo III ordenó que
se convocara al episcopado ruteno a un sínodo en Brest, el
8 de octubre de 1596, y proclamar la unión solemnemente. El
6 de octubre, el metropolitano Rahosa, los obispos rutenos de Vladimir,
Lutzk, Polotsk, Pinsk, Chelm, los obispos latinos de Lemberg, Lutzk,
Chelm, Father Skarga, y otros prelados, se encontraron en Brest. Los
ortodoxos habían enviado varios de sus representantes legales,
diversos archimandritas, Nicéforo, protosyncellus (n.d.t
Vicario general) del Patriarca de Constantinopla, y Cyril Lucaris,
representante del Patriarca de Alejandría. Los ortodoxos, con
el Príncipe de Ostrog, solicitaron la deposición de
los obispos que se habían separado de la obediencia al Patriarcado
de Constantinopla, el mantenimiento del antiguo calendario y la revocación
del acta de la unión. Lo que es más, mantuvieron un
conciliábulo para concertar medidas de oposición. Los
comisionados del rey trabajaron en vano para allanar su hostilidad
e inducirlos a aceptar la unión; no lo obtendrían y
aquellos rechazaron reconocer a Rahosa como su metropolitano.
Todos los intentos de vencer esta oposición a la unión
fracasaron, los obispos rutenos, el 9 de octubre, vistiendo sus vestiduras
pontificales, fueron en procesión a la Iglesia de San Nicolás
y celebraron una liturgia, a su conclusión Hermógenes,
Arzobispo de Polotsk, subió al pulpito y leyó la declaración
del episcopado ruteno aceptando la unión con Roma. En cuanto
fué leída, los obispos latinos y rutenos se abrazaron
y marcharon a la Iglesia latina de la Bienaventurada Virgen para cantar
el "Te Deum" de nuevo. Al día siguiente se celebró otra
solemne ceremonia en la Iglesia de San Nicolás y el Padre Skarga
predicó sobre la unidad de la Iglesia de Dios. Los obispos
Gideon Balaban, de Lemberg, y Michael Kopystenski, de Przemysl, habiéndose
declarado opuestos a la unión, fueron depuestos y excomulgados.
Sus diócesis permanecieron en el cisma hasta 1720. Los enemigos
de la unión publicaron, el 9 de octubre, una protesta contra
el episcopado ruteno. El Príncipe de Ostrog se convirtió
en el alma de la oposición, y la lucha se mantuvo, particularmente
en el campo de la teología. Pero Segismundo III emprendió
con eficacia la defensa de la unión; con un edicto, del 5 de
diciembre de 1596, ordenó a los rutenos reconocer únicamente
a los obispos que aceptaban el acta de unión.
Así aconteció uno de los hechos más propicios
en la historia del Catolicismo en relación con los pueblos
eslavos. La Unión de Brest pudo haber producido frutos más
abundantes y podría haber contribuido grandemente al triunfo
del catolicismo en Rusia si los estadistas y el clero latino de Polonia
hubieran aprovechado su influencia política y religiosa, y
hubieran usado sus esfuerzos para favorecerla y si, después
de la partición de Polonia, Rusia no los hubiera eliminado
en las provincias conquistadas con los métodos más brutales
de violencia..
SKARGA, Synod brzeski; obrona synodu brzeskiego (El Sínodo de
Brest; Una defensa del Sínodo de Brest) (1596), reimpreso en
Pamjatniki polemitcheskoi literatury v zapadnoi Rusi (Monumentos de
la literatura polémica en la Rusia Oriental) (S. Petersburgo,
1882), 939-1002; Echthesis, abo krotkie zebranie spraw, ktore sie dzialy
na partycularnym synodzie w Brzesciu litewskim (Colección de
pequeños documentos relacionados con el Sínodo Especial
de Brest) (Cracovia, 1597; Moscú, 1879) in Pamjatniki, III (S.
Petersburgo, 1903), 329-76; PHILALETHES, Apokrisis, abo odpowiedz na
xiazki o synodzie brzeskim (Réplica al trabajo del Padre Skarga
en el Sínodo de Brest) (Vilna, 1597; 1599; trad. rusa., Kieff,
1870) in Pamjatniki, III, 1003-1820; ARCUDIUS; Antirresns, apo apologia
przeciwko Krzystofowi Philaletowi (Apología contra Christopher
Philalethes) (Vilna, 1600) in Pamjatniki, III, 477-982; ZOCHKOWSKI,
Colloquium lubelskie (Lemberg, 1680); KULCZYNSKI, Specimen ecclesiae
ruthenicae (Rome, 1733; Paris, 1859); HARASIEWICZ, Annales eccl. ruthenae
(Lemberg, 1862), 111-61; LIKOWSKI, Historya unii kosciola ruskiego z
rzymskim (Historia de la unión de la Iglesia rutena con Roma)
(Posen, 1875), trad. francesa. « L'union de l'eglise grecque ruthene
en Pologne avec l'eg. rom., conclue a Brest, en Lithuanie, en 1596 »
(Paris); MALINOWSKI, Die Kirchen-und Staats-Satzungen bezuglich des
griechisch-kathol. Ritus der Ruthenen in Galizien (Lemberg, 1861); BARTOSZEWICZ,
Szkic dziejow kosciola ruskiego w Polsce (Boceto histórico de
la Iglesia rutena en Polonia) (Cracovia, 1880); PELESZ, Gesch. des Union
der ruthen. Kirche mit Rom, I (Wurzburg, 1881), 498-556.
Los principales trabajos de los escritores ortodoxos rusos sobre la
Unión de Brest son: KAMENSKIJ, Izvestie vozniksei v Pol' sie
unii (Notas sobre la Unión concluida en Polonia) (Mosú,
1805); FLEROV, Oxpravoslavnyh cerkovnyh bratswah protivoborstvovavshih
unii (Comunidades eclesiales ortodoxas que se opusieron a la Unión
de Brest) (S. Petersburgo, 1857); KOJALOVIC, Litovskaya cervoknaja unija
(Unión eclesial lituana) (S. Petersburgo, 1861). Los principales
trabajos rusos, Católicos y no-católicos se encuentran
en PALMIERI, Theologia dogm. ortho., I (Florence, 1911), 748-51, 783-98.
A. PALMIERI
Transcrito por Herman F. Holbrook.
Dedicado a Rev. Nicholas DeProspero, sacerdote
Traducido por Quique Sancho.
Con amor a S.S. Juan Pablo II, apóstol de la
Unidad de la Iglesia