(Del griego ou
no y topos lugar)
Término utilizado para designar un estado visionario
o idealmente perfecto de sociedad. El nombre fue utilizado por primera vez por
Tomás Moro en su obra titulada "De optimo reipublicae statu
deque nova insula Utopia" (Lovaina, 1615), y desde entonces
se ha utilizado como término genérico para novelas políticas.
Una novela como ésta, a la que Moro debió muchas de sus ideas,
es "La República" de Platón. En esta obra, Platón prescribe una modalidad
de vida de corte comunista para los guardianes y auxiliares (no
para las clases productivas) del Estado.
Las calidades superiores de la clase de guardianes y auxiliares
se debían mantener por la práctica de la estirpecultura y el control
estatal de la crianza de los niños. En La República los fines que se
buscan son más políticos que económicos.
Por otra parte, Tomás
Moro no limita su atención a la clase gobernante sino que incluye
en su plan toda la estructura social.
La mayor parte de su narración la pone en boca de un tal
Raphael Hythloday, un viajero portugués que critica mordazmente
las leyes y costumbres de los estados europeos y pinta en brillantes
colores las instituciones ideales que observó durante su estada
de cinco años entre los utopianos.
Hythloday sostiene que las leyes inglesas están mal administradas. Se castiga por igual, con la muerte, al ladrón
y al asesino, sin la disminución correspondiente por el delito de
robo. En cambio, se deberían
adoptar medidas para que los hombres o se vieran impulsados a robar. Por ejemplo, la clase de los sirvientes debería
aprender oficios de forma que no tuvieran que recurrir a convertirse
en asaltantes de caminos cuando sus amos los despidieran. Además, se debería instituir alguna disposición
para los agricultores a fin de que no siguieran la misma profesión
de los sirvientes cuando las tierras cultivables quedaran convertidas
en pastizales para ovejas, un mal flagrante de la Inglaterra de
la época. Sostenía además que la mayoría de los problemas
de los gobiernos europeos eran el resultado de la institución de
la propiedad privada. Se
objeta que una nación no puede prosperar cuando toda la propiedad
es común porque no hay incentivo para el trabajo y los hombres se
vuelven holgazanes, lo que a la vez resultaría en un incremento
de la violencia y el derramamiento de sangre. Hythloday responde a esta objeción presentando
un recuento de las instituciones y costumbres de los utopianos.
En la isla de Utopía, al sur del Ecuador, hay cincuenta y
cuatro ciudades que distan como mínimo veinticuatro millas una de
otra. El gobierno es de
corte representativo. De
cada ciudad se envían a la capital, cada año, tres hombres sabios
y experimentados para debatir los asuntos públicos. La población rural vive en granjas diseminadas a todo lo largo y
ancho de la isla, cada una de ellas con por lo menos cuarenta personas,
además de dos esclavos. Por
cada treinta granjas hay un líder, conocido como el filarca. Diez filarcas con sus grupos de familias están bajo el mando de
un oficial conocido como un filarca en jefe.
El príncipe de la isla es elegido en forma vitalicia por
los filarcas, de entre cuatro candidatos nombrados por el pueblo. Puede ser depuesto si fuere sospechoso de tiranía. Hay pocas leyes y rara vez se incumplen. Entre los utopianos, la agricultura es una ciencia
en la que todos reciben instrucción.
Los niños en las escuelas aprenden su historia y su teoría. De cada grupo de treinta granjas se envían
anualmente veinte personas a las ciudades vecinas para abrir campo
para un número igual de personas provenientes de la ciudad o del
campo. Con el tiempo, todos tienen la oportunidad
de experimentar la vida de granjeros.
Además de la agricultura, cada persona aprende un oficio. Por lo general, elige el oficio de su padre,
aunque, si lo desea, se le permite aprender otro distinto. Los utopianos trabajan sólo seis horas diarias
pero esto es suficiente para que satisfagan todas las necesidades
y cuenten con todas las comodidades de la vida; por esto hay muy
pocos vagos y no se gasta tiempo en proveer lujos inútiles o de
carácter vicioso. En las ciudades, los grupos de familias tienen
comedores comunes, aunque el que lo desee puede comer en su propia
casa. Estos comedores son atendidos por esclavos,
mientras que las mujeres de las distintas familias supervisan por
turno la preparación de las comidas.
Cuando los utopianos han producido los suministros suficientes
para abastecerlos durante dos años, utilizan cualquier superávit
que tengan para comercializar con los países vecinos, asegurando
así las provisiones de oro, plata, hierro y otras cosas que necesitan.
No utilizan el oro y la plata como dinero, puesto que la
propiedad es común, pero lo obtienen principalmente para contratar
mercenarios provenientes de los países vecinos.
En la música, la aritmética y la geometría no son superados
por los europeos y en la astronomía y en la meteorología superan
en mucho a los habitantes de ese continente.
Hay distintos tipos de religión, pero su culto
público es de carácter tan general que pueden practicarlo unidos. Se toleran todos los credos, con excepción del ateísmo. Su ética es hedonista y muy pocos se inclinan
por un estilo de vida ascético.
Aquellos acusados de crímenes atroces son condenados a la
esclavitud y se buscan los sentenciados a muerte en otros países
para que sirvan como esclavos.
Los hijos de los esclavos no heredan la categoría de sus
padres. Las personas que
sufren enfermedades incurables y dolorosas son alentadas por los
sacerdotes y magistrados a quitarse la vida.
Sin embargo, si no desean hacerlo, nadie los obliga. Quienes se suicidan sin el permiso de los sacerdotes
y magistrados reciben un entierro deshonroso y los que se enfrentan
a la muerte con alegría son cremados como señal de honor. Las mujeres no pueden contraer matrimonio antes
de los dieciocho años ni los hombres antes de los veintidós. Se tiene mucho cuidado de que quienes van a
contraer matrimonio se conozcan mutuamente para evitar uniones desgraciadas. El divorcio se permite por una sola causa y
sólo la parte inocente puede volver a contraer matrimonio. Los sacerdote utopianos son extremadamente
santos pero su número es escaso.
Son elegidos por el pueblo por voto secreto.
Las mujeres no se excluyen del sacerdocio aunque sólo se
eligen unas pocas y siempre viudas o ancianas.
El sacerdocio es un rango que recibe altos honores. El viajero termina su recuento atribuyendo la felicidad y la concordia
que prevalecen en Utopía a la ausencia de la propiedad privada.
A veces se pregunta si More pretendería que sus
propuestas de Utopía fueran tomadas en serio.
No cabe duda de que esta no era su intención.
Eran simplemente medios que le permitían llamar la atención
hacia algunos de los abusos de su época sin que el rey le exigiera
cuentas de su libertad. Aunque
demuestra que entiende las debilidades del comunismo, permite que
Hythloday presente sólo sus aspectos positivos.
Desde los tiempos de Moro han surgido muchas mancomunidades
ideales, similares a Utopía en al literatura.
Unas de las más conocidas son:
La Nueva Atlántida de Bacon (1624),
en la que el autor sueña que la felicidad de la humanidad se alcanza
a través del progreso de las ciencias naturales; La Ciudad
del Sol de Campanella (1637), que enfatiza la propiedad común
y la estirpecultura; Oceanía de Harrington (1656); Telemaquia
de Fénelon (1699); Viaje a
Icaria de Cabet (1840); Mirada al Pasado"
de Bellamy (1889); Noticias de Ningunaparte de William
Morris (1890); Freiland de Hertzka (1891); y Una
Utopía Moderna (1905) y Nuevos Mundos para Viejos
de H. G. Wells (1908).
Mancomunidades Ideales, de Morley, contiene
una traducción al inglés de la Utopía de More así como de La
Nueva Atlántida de Bacon, de La Ciudad del Sol
de Campanella, y otros estados imaginarios.
FRANK O'HARA
Trascrito por Tomas Hancil and Joseph P. Thomas
Traducido por Rosario Camacho-Koppel
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