La primera traducción del Viejo Testamento Hebreo al
griego popular antes de la Era Cristiana. El artículo tratará
de:
I. Su importancia.
II. Su origen.
A. De acuerdo a la Tradición.
B. De acuerdo con el punto de vista común aceptado.
III. Historia subsecuente, recensiones, manuscritos y ediciones.
IV. Valor crítico e Idioma.
I. Importancia histórica de Los Setenta
La importancia de la Versión de los Setenta se muestra en las siguientes
consideraciones:
A. Los Setenta es la más antigua traducción del Antiguo Testamento
y por consiguiente de valor incalculable para los críticos para entender
y corregir el texto hebreo( Masora), tal como nos ha llegado, siendo el texto
establecido por los Masoretas en el siglo sexto d.C. Muchas corrupciones textuales,
adiciones omisiones o trasposiciones pueden haberse introducido en el texto
hebreo entre los siglo tercero y segundo a.C y los siglos sexto y séptimo
de nuestra Era. Por consiguiente los manuscritos de los que dispusieron los
Setenta pueden haber sido mejores que los manuscritos masoréticos.
B. La Versión de los Setenta fue aceptada primero por los judíos
de Alejandría y después por todos los países de habla griega,
y ayudó a extender entre los gentiles la idea de la expectación
del Mesías y a introducir en el griego la terminología teológica
que le convirtió en el mejor instrumento para la propagación del
Evangelio de Cristo.
C. Los judíos la usaron mucho tiempo antes de la Era Cristiana y en tiempos
de Cristo era reconocida como un texto legítimo, emplead en Palestina
aún por los rabinos. Los Apóstoles y los Evangelistas también
la usaron y hasta tomaron prestadas citas del Antiguo Testamento, especialmente
relacionadas con las profecías. Los Padres y otros escritores eclesiásticos
de la Iglesia Primitiva la aprovecharon ya directamente, como en el caso del
los Padres Griegos o indirectamente como los Padres Latinos y escritores que
empleaban las versiones latinas, siríacas, etiópicas, árabes
y góticas. Todos la tenían en gran estima y algunos hasta creían
que estaba inspirada. Consiguientemente un conocimiento de los Setenta ayuda
a perfeccionar el conocimiento de estas literaturas.
D. Actualmente, Los Setenta es el texto oficial en la Iglesia Griega y las antiguas
versiones latinas usadas en la iglesia occidental se hicieron a partir de ella.
La más temprana traducción adoptada en la Iglesia Latina, la Vetus
Itala, salió directamente de los Setenta: Los significados que se adoptaron
en ella, los nombre griegos y las palabras empleadas ( tales como Génesis,
Éxodo, Levítico, Números [Arithmoi],Deuteonomio) y finalmente
la pronunciación dada al texto hebreo, pasó muy frecuentemente
a la Itala y desde ella , a veces, a la Vulgata, que da algunos signos de la
influencia de la Vetus Itala, especialmente en los Salmo,s ya que la traducción
de la Vulgata es simplemente la Vetus Itala corregida por S. Jerónimo
de acuerdo con el texto hexaplar de los Setenta.
II. ORIGEN DE LOS SETENTA.
A. Según la Tradición.
La versión de los Setenta es la primera mencionada en una carta de Aristeas
a su hermano Filocrates. En sustancia esto es lo que se lee sobre el origen
de la versión: Ptolomeo II Filadelfo, rey de Egipto (287-47 BC) había
establecido recientemente una valiosa biblioteca en Alejandría. Fue persuadido
por Demetrio de Falero, bibliotecario jefe, que la enriqueciera con una copia
del libro sagrado de los hebreos. Ptolomeo, para ganarse la aprobación
popular y por consejo de Aristeas, un oficial de la guardia real, egipcio de
nacimiento y pagano de religión, emancipó a 100.000 esclavos en
diferentes partes de su reino. Envió delegados, entre los que estaba
Aristeas, a Jerusalén para pedir a Eleazar, sumo sacerdote judío,
que le proveyera con una copia de la ley y judíos capaces de traducirla
al griego. La embajada tuvo éxito y se le envió una copia ricamente
ornamentada de la Ley y setenta y dos israelitas, seis de cada tribu, encargados
de ir a Egipto a realizar la voluntad del rey. Fueron recibidos con grandes
honores y durante siete días asombraron a todos por la sabiduría
que mostraron contestando a setenta y dos preguntas que se les hicieron. A continuación
fueron llevados a la solitaria isla de Faros donde comenzaron a trabajar traduciendo
la Ley, ayudándose unos a otros y comparando las traducciones a medida
que las iban terminando. Al final de setenta y dos días el trabajo estaba
completado. La traducción fue leída en presencia de los sacerdotes
judíos y de la gente reunida en Alejandría. Todos ellos reconocieron
y alabaron su perfecta conformidad con el original hebreo. El rey quedó
muy complacido con el trabajo y lo entregó a la biblioteca.
A pesar del carácter legendario, el relato de Aristeas
logró ganar crédito. Aristóbulo (170-50 B.C.), en un pasaje
conservado por Eusebio dice que “por el esfuerzo de Demetrio de Falero
una traducción completa de la legislación judía fue realizada
en los días de Ptolomeo”. La historia de Aristeas se repite casi
verbatim por Flavio Josefa (Ant. Jud., XII, ii) y por Filón de Alejandría
sustancialmente aunque con la omisión del nombre de Aristeas (De vita
Moysis, II, vi). La carta y la historia fueron aceptadas como genuinas por muchos
Padres y escritores eclesiásticos hasta principios del siglo dieciséis.
Y para enfatizar el extraordinario origen de la versión, se fueron añadiendo
detalles al relato de Aristeas: Los setenta y dos intérpretes fueron
inspirados por Dios (Tertulliano, S.. Augustin, el autor de "Cohortatio
ad Graecos" [¿Justino?], y otros); al traducir ninguno consultó
con los otros porque habían sido encerrados en distintas celdas, ya solos
ya de dos en dos, y cuando sus traducciones se compararon se vio que coincidían
con el texto original y unos con otros en el sentido y en las expresiones empleadas
(Cohortatio ad Graecos, St. Irenaeus, St. Clement of Alexandria). S. Jerónimo
rechazó la historia de las celdas como fabulosa y no verdadera ("Praef.
in Pentateuchum";"Adv. Rufinum", II, xxv) y otro tanto respecto
a la supuesta inspiración de los Setenta. Finalmente los setenta y dos
intérpretes tradujeron no sólo los cinco libros del Pentateuco
sino todo el Antiguo Testamento hebreo. La autenticidad de la fue puesta en
duda primero por Luis Vives carta en cuestión (1492-1540), profesor en
Lovaina (Ad S. August. Civ. Dei, XVIII, xlii) después por Scaliger (+.
1609), y especialmente por H. Hody (+. 1705), Dupin ( +1719) y hoy es negada
universalmente.
Criticismo
(1) La carta de Aristeas es ciertamente apócrifa. El escritor que se
llama a si mismo Aristeas y dice que es un griego pagano muestra en todo su
trabajo que es un judío pío y celoso que reconoce al Dios de los
judíos como el único verdadero, que declara que Dios es el autor
de la Ley Mosaica. Es un entusiasta admirador del Templo de Jerusalén,
de la tierra de los judíos de su gente, de sus sagradas leyes y de sus
hombres sabios.
(2) El relato de la carta ha de ser considerado como fabuloso y legendario,
al menos en algunas de sus partes. Algunos de los detalles, tales como la intervención
oficial del rey y del sumo sacerdote, el número de 72 traductores, las
72 preguntas a las que tenían que responder, los 72 días que les
costó realizar el trabajo, son afirmaciones arbitrarias. Es difícil
admitir que los judíos alejandrinos aceptaran para su adoración
pública una versión de la Ley, hacha a petición de un rey
pagano. Por fin, el mismo lenguaje de la versión de los Setenta traiciona
en algunos lugares un conocimiento imperfecto tanto del griego como del hebreo
y de la topografía de Palestina y se corresponde más con el idioma
vulgar de Alejandría. Pero no es cierto que todo lo contenido en la carta
sea legendario y los estudiosos se preguntan si no hay un fundamento histórico
bajo los detalles legendarios. De hecho es probable – como aparece por
el carácter peculiar del idioma, también por lo que sabemos del
origen e historia de la versión – que el Pentateuco fue traducido
en Alejandría. Parece también verdad que data de tiempo de Ptolomeo
Filadelfo y por consiguiente de mediados del siglo tercero a.C. Porque si, como
se cree normalmente, la carta de Aristeas se escribió alrededor del 200
a.C. cincuenta años tras la muerte de Filadelfo y con la intención
de incrementar la autoridad de la versión griega de la Ley, ¿hubiera
sido tan fácilmente aceptada y extendida si hubiera sido ficticia y si
el tiempo de la composición no coincidiera con la realidad? Más
aún, es posible que Ptolomeo tuviera algo que ver con la preparación
o la publicación de la traducción, aunque no podamos determinar
cómo ni por qué. ¿Fue para el propósito de enriquecer
la biblioteca como dice el Pseudo–Aristeas?. Esto es posible, pero no
probado, como se mostrará abajo y podemos muy dar cuenta del origen de
la versión independientemente del rey.
(3) Los pocos detalles que durante el curso de los tiempos
han sido añadidos al relato de Aristeas no pueden ser aceptados, tal
como la historia de las celdas (S. Jerónimo la rechaza explícitamente),
la inspiración de los traductores, una opinión basada en la leyenda
de las celdas, el número de traductores, setenta y dos, ( ver abajo),
la afirmación de que se tradujeron todos los libros hebreos al mismo
tiempo. Aristeas habla de la traducción de la Ley (nomos) de la legislación
(nomothesia), de los libros del legislador. Estas expresiones, especialmente
las dos últimas, ciertamente significan el Pentateuco, excluyendo otros
libros del Antiguo Testamento. S. Jerónimo (Comment. in Mich.) dice:
“Josefo escribe y los hebreos nos informan que sólo los cinco libros
de Moisés fueron traducidos por ellos (setenta y dos) y entregados al
rey Ptolomeo”. Además, las versiones de los varios libros del Antiguo
Testamento difieren tanto en vocabulario, estilo, forma y carácter, a
veces libre a veces extremadamente literal, que no pueden ser la obra de los
mismos traductores. Sin embargo, a pesar de estas divergencias el nombre de
Versión de los Setenta se aplica universalmente a la colección
completa de los libros del Antiguo Testamento de la Biblia Griega adoptada por
la Iglesia Oriental
B. Origen según el punto de vista comúnmente aceptado.
Respecto al Pentateuco, el siguiente punto de vista parece plausible y es aceptado
comúnmente en líneas generales. Los judíos de los dos últimos
siglos a.C. eran tan numerosos en Egipto, especialmente en Alejandría,
que en un momento dado llegaron a ser dos quintos del toda la población.
Poco a poco la mayoría dejaron de usar y hasta olvidaron en gran parte
el idioma hebreo y corrían el peligro de olvidar la Ley. Por ello se
convirtió en una costumbre interpretar en griego la ley que se leía
en las sinagogas y era muy natural que después de algún tiempo,
algunos hombres celosos de la ley tomaran la iniciativa de compilar la traducción
griega del Pentateuco. Esto sucedió a mediados de la tercera centuria
a.C. Respecto a los otros libros hebreos – proféticos e históricos
– era natural que los judíos alejandrinos, que ya usaban el Pentateuco
traducido al griego, en sus reuniones litúrgicas – deseasen leer
los libros restantes y poco a poco hacer que se tradujeran al griego, que se
había convertido en su idioma materno. Y esto es mucho más probable
puesto que cada día era menor su conocimiento del hebreo. No es posible
determinar con precisión el momento o la ocasión en la que se
hicieron las distintas traducciones, pero es cierto que la ley y los Profetas,
y al menos parte de otros libros, es decir, las hagiografías, existían
en griego antes del año 130 a.C. como aparece en el prólogo del
Eclesiástico, que no es posterior a ese año. Es difícil
decir donde se hicieron las diferentes traducciones, ya que los datos son tan
escasos, pero a juzgar por las palabras y expresiones egipcias que aparecen
en la versión, la mayoría de los libros deben haber sido traducidos
en Egipto, y muy probablemente en Alejandría. Sin embargo, Ester fue
traducido en Jerusalén (XI, i). ¿Quienes eran los traductores
y cuántos? ¿Hay algún fundamento para el número
70 ó 72, como cuenta la leyenda? (Brassac-Vigouroux, n. 105)? Parece
imposible decidir claramente. Los talmudistas nos dicen que fueron cinco (Sopherim,
c.i.). La Historia no nos da detalles, pero un examen del texto muestra que
en general los autores no fueron judíos palestinos llamados a Egipto,
y diferencias de terminología, método etc., prueban claramente
que los traductores no fueron los mismos para los diferentes libros. Es imposible
decir si el trabajo fue ejecutado por encargo oficial o fue una iniciativa privada,
como parece ser el caso del Eclesiástico, pero los diferentes libros
traducidos fueron pronto puestos juntos – el traductor del Eclesiástico
conoció la colección – y fueron recibidos como oficiales
por los judíos grecoparlantes.
III. La historia posterior
Recensiones
La versión griega conocida como Los Setenta bien acogida por los judíos
de Alejandría, se extendió rápidamente por los países
de habla griega, fue utilizada por diferentes escritores y suplantó al
texto original en los servicios litúrgicos. Filón de Alejandría
la usó en sus escritos y pensaba que los traductores estaban inspirados
como los profetas. Por fin fue recibida hasta por los judíos de Palestina
y fue empleada notablemente por Josefo., el historiador palestino judío.
Sabemos también que los escritores del Nuevo Testamento hicieron uso
de ella, tomando de ella la mayoría de sus citas. Se convirtió
en el Antiguo Testamento de la Iglesia y se la tenían en tan alta estima
por los primitivos cristianos que muchos escritores y Padres declararon que
estaba inspirada. Los cristianos habían recurrido a ella constantemente
en su controversias con los judíos, que pronto reconocieron sus imperfecciones
y finalmente rechazaron a favor del texto hebreo o de traducciones más
literales (Aquila, Teodocion)..
Correcciones críticas de Orígenes, Luciano y Hesiquio
Las copias de los Setenta se multiplicaron para ser distribuidas entre los judíos
helenizantes y los primeros cristianos. Y como era de esperar, se colaron muchos
cambios deliberados o involuntarios. Se Sentía la necesidad de restaurar
el texto en lo posible a su prístina pureza. La siguiente es una relación
de esos intentos de corrección:
A. Orígenes reprodujo el texto de los Setenta en la quinta columna de
sus Hexapla, marcando con “obeliscos” los textos que ocurrían
en los Setenta que no estaban en el original, añadiendo, según
la versión de Teodoción, y distinguiendo con asteriscos y “metobeliscos”
los textos del original que no estaban en los Setenta adoptando el texto, de
entre las variaciones, que estuviera más cerca del texto hebreo y finalmente
trasponiendo allí donde el orden de los Setenta no se correspondía
con el orden del hebreo. Su recensión, copiada por Panfilio y Eusebio
se llama hexaplar, para distinguirla de la previamente empleada y que se llama
común, Vulgata, koiné o ante- hexaplar. Fue adoptada en Palestina.
B. S. Luciano, sacerdote de Antioquía y mártir. a principios del
siglo cuarto, publicó una edición corregida de acuerdo con el
hebreo, que retuvo el nombre de koiné, edición Vulgata y a veces
llamada Loukianos por su autor. En tiempos de S. Jerónimo se utilizaba
en Constantinopla y Antioquía.
C. Finalmente Hesiquio un obispo egipcio, publicó por el mismo tiempo
una nueva recensión empleada principalmente en Egipto
Manuscritos
Los tres más celebrados manuscritos de los Setenta que se conocen son
el Vaticano, “Codex Vaticanus” ( siglo cuarto), el Alejandrino “Codex
Alexandrinus” ( siglo quinto) ahora en el Museo Británico de Londres
y el del Sinai “Codex Sinaiticus” ( siglo cuarto) encontrado por
Tischendorf en el convento de Santa Catalina en el Monte Sinaí en 1844
y 1849, y que ahora está parte en Leipzig y parte en S. Petersburgo.
Todos ellos escritos en unciales.
El “Codex Vaticanus” es el más puro de los tres. Generalmente
da le texto más antiguo, mientras que el “Codex Alexandrinus”
toma mucho prestado del texto hexaplar y está cambiado siguiendo el texto
masorético ( Al Codex Vaticanus se le asigna la letras B, al Codex Alexandrinus
la A y y al Codex Sinaiticus la primera letra del alefato hebreo Alef o la S).
La Bibliotheque Nationale de París posee también un importante
manuscrito palimsesto de los Setenta "Codex Ephraemi rescriptus" (
designado por la letra C) y dos manuscritos de menos valor (64 y 114), en cursivas,
uno perteneciente al siglo diez u once y el otro al trece (Bacuez and Vigouroux,
12th ed., n. 109).
Ediciones Impresas
A. Todas las ediciones impresas de los Setenta se derivan de las tres recensiones
mencionadas arriba
· La editio princeps es la Complutense o de Alcalá. Fue impresa
en 1514-18 del texto hexaplar de Orígenes y no fue publicada hasta que
apareció en la Biblia Políglota del cardenal Jiménez de
Cisneros en 1520.
· La Edición Aldina (comenzada por Aldus Manucius) apareció
en Venecia en 1518. El texto es más puro que el de la edición
Complutense. Y más cercana al Códice B. El editor dice que cotejó
manuscritos antiguos pero no los especifica. Se ha reimpreso varias veces.
· La más importante es la Romana o Sixtina que reproduce el “Codex
Vaticanus” casi exclusivamente. Se publicó bajo la dirección
del cardenal Caraffa con la ayuda de varios sirvientes en 1586 por la autoridad
de Sixto V, para asistir a los que estaban revisando para una nueva edición
de la Vulgata latina ordenada por el Concilio de Trento. Se ha convertido en
el textus receptus del Antiguo Testamento Griego y ha tenido muchas nuevas ediciones,
como la de Holmes y Pearsons (Oxford, 1798-1827), las siete ediciones de Tischendorf
que aparecieron en Leipzig entre 1850 y 1887, las dos últimas publicadas
tras la muerte del autor y revisadas por Nestle, las cuatro ediciones de Swete
(Cambridge, 1887-95, 1901, 1909), etc.
· La edición de Grabe publicada en Oxford, de 1707 a 1720, reproducía
imperfectamente, el “Codex Alexandrinus” de Londres. Para las ediciones
parciales ver Vigouroux, "Dict. de la Bible", 1643 sqq.
IV. VALOR CRÍTICO Y LENGUAJE
La Versión de los Setenta, mientras que daba exactamente
tanto en la forma como en la sustancia el verdadero sentido de los Libros Sagrados,
difiere considerablemente de nuestro texto hebreo actual. Estas discrepancias,
sin embargo, no son de gran importancia , cuestión solamente de interpretación.
Pueden clasificarse así.
Algunos resultados de los traductores que habiendo tenido a su disposición
recensiones hebreas que diferían de las que eran conocidas por los Masoretas.
Algunas veces los textos variaban, otras eran idénticos, pero leídos
en diferente orden. Otras diferencias se deben a los mismos traductores, por
no hablar de la influencia ejercida sobre su trabajo por sus métodos
de interpretación, las inherentes dificultades del trabajo, su mayor
o menor conocimiento del griego y del hebreo, de vez en cuando eran traducidos
de forma diferente de los Masoretas, porque leían los textos de forma
diferente, lo que era natural ya que el hebreo, escrito en caracteres cuadrados
y con ciertas consonantes que eran iguales en la forma, era fácil confundirlas
ocasionalmente y por ello dar una traducción errónea; más
aún, como el texto hebreo se escribía sin espacios entre las palabras,
podían fácilmente cometer un error en la separación de
las palabras y finalmente, el texto hebreo que tenían a su disposición
no llevaba vocales y podían poner vocales diferentes de las que después
usaron los Masoretas. Es más, no debemos pensar que tenemos actualmente
el texto griego tal como fue escrito por los traductores. Las frecuentes transcripciones
durante los primeros siglos, de la misma forma que las correcciones y ediciones
de Orígenes, Luciano y Hesiquio, perjudicaron la pureza del texto. Voluntaria
o involuntariamente los copistas permitieron que muchas corruptelas textuales,
transposiciones, adiciones y omisiones se colaran en el primitivo texto de los
Setenta. En particular podemos notar la adición de pasajes paralelos,
notas explicatorias o traducciones dobles causadas por notas al margen. Sobre
ésto, consultar Dict. de la Bible, art. cit., and Swete, "An Introduction
to the Old Testament in Greek".
Languaje.
Todos admiten que la versión de los Setenta se hizo en
griego popular, el koine dialectos. ¿Pero es el griego de Antiguo Testamento
un idioma especial? Muchas autoridades así lo afirman, aunque estén
en desacuerdo respecto a su carácter real. El "Dict. de la Bible",
s.v. Grec biblique, afirma que era el griego hebraizante hablado por la comunidad
judía de Alejandría”, el griego popular de Alejandría
“con una gran mezcla de hebraicismos”, El mismo diccionario, s.v.
Septante, menciona la más reciente opinión de Deissmann que el
griego de los Setenta es meramente el griego ordinario vernacular, el puro koiné
de de su tiempo. Deissmann basa su teoría en el perfecto parecido del
idioma de los Setenta y el de los papiros e inscripciones del mismo aquel tiempo
y cree que las peculiaridades sintácticas de los Setenta, que al principio
parecen favorecer la teoría del idioma especial, un griego hebraizante,
se explican suficientemente por el hecho de que los Setenta son una traducción
de libros hebreos
. VANDER HEEREN
Transcrito por Nick Austriaco
Dedicado con gratitude a Dios , a la Asociación Católica M.I.T.
Traducido por Pedro Royo