Poeta Cristiano Latino del siglo IV. Todo lo que sabemos de su vida es lo que
nos cuenta San Jerónimo (De viris, lxxxiv; cf. Chron., ad an. 2345; Epist.
lxx, 5; In Matt., I, ii, 11). Era español nacido de muy buena cuna, se
ordenó sacerdote y escribió en tiempos de Constantino. De un pasaje
en su obra (II, 806, sq.) y de la Crónica de San Jerónimo, se
debe inferir que escribió alrededor del año 330. Su poema, escrito
en hexámetros dactílicos, se intitula "Evangeliorum libri"
(Los Evangelios). Es la historia de Cristo de acuerdo a los Evangelios, particularmente
el de San Mateo. Recurre sin embargo a otros evangelistas para aquello que no
encuentra en San Mateo – tal como la historia de la Infancia, que toma
de San Lucas. Él sigue su modelo muy de cerca, “casi literalmente”,
como lo apunta San Jerónimo. Su problema más grande consistió
en cómo exponer el texto del Evangelio en un lenguaje sencillo que se
ajustara a la tradición de los poetas Latinos, procedente principalmente
de Virgilio. En esta tarea no logró un mérito mayor que aquél
que obtendría un hábil estudiante de primer nivel escolar; se
permite poca originalidad, más allá de aquella en que exhibe en
nuevas palabras compuestas o derivadas, conforme a tipos ya familiares (auricolor,
flammiuomus, flammicomans, sinuamen), sinónimos elegantes para expresar
las realidades Cristianas (tonans para "Dios", genitor para el Padre,
spiramen para el Espíritu Santo, uersutia para el Demonio), o finalmente,
expresiones arcaicas. En su poesía no hay color ni movimiento. El lenguaje
es correcto, los versos bien construidos. Algunas oscuridades en la prosodia,
traicionan el período en el cual la obra fue escrita. El efecto completo
es forjado cuidadosamente.
En el prólogo, Juvenco anuncia su deseo de contraponer a los cuentos
llenos de mentira de los poetas paganos Homero y Virgilio, las glorias de la
verdadera Fe. Espera que su poema habrá de sobrevivir a la conflagración
final del mundo, y que le librará a él, el poeta, del infierno.
Invoca al Espíritu Santo, de la misma forma en que los paganos solían
invocar a las musas o al dios Apolo. La obra está dividida en cuatro
libros, que conforman divisiones arbitrarias de la vida de Cristo. El número
cuatro parece ser simbólico, correspondiente al número de los
Evangelistas. Algunas otras trazas de simbolismo pueden encontrarse en Juvenco,
siendo la más notable, el significado atribuido a los regalos de los
Magos – el incienso ofrecido al Dios, el oro al Rey, la mirra al Hombre.
Esta interpretación, que con toda seguridad no es de su invención,
tendría luego por lo que sabemos, un gran éxito. Finalmente, en
ocho versos preliminares, cuya autoría se disputa como no perteneciente
a Juvenco, caracteriza a los Evangelistas, asignándoles emblemas; pero
éstos le asignan el águila a San Marcos y el León a San
Juan. El texto bíblico que Juvenco parafrasea, es por supuesto antiguo;
sin embargo, pareciera que también recurrió en algunos momentos
al texto griego. La fuente de su técnica y su fraseología poética
es, primeramente Virgilio, luego Lucrecio, Propercio, Horacio, Ovidio, Silio
y Estacio. La fría corrección de la obra fue la mejor recomendación
para los gustos de la Edad Media, en que fue frecuentemente citada, imitada
y copiada.
San Jerónimo nos dice que Juvenco compuso otro poema cristiano, más
corto, sobre “el orden de los misterios” (Sacramentorum ordinem).
Esta obra está perdida. Escritores modernos le han atribuido incorrectamente
el "Heptateuchus", una obra de Cipriano de Galia, y el "De Laudibus
Domini", una obra del tiempo de Juvenco, pero acreditada a algún
alumno de los retóricos de Augustodunum (Autun). Las dos mejores ediciones
de Juvenco son las de Marold (Leipzig, 1886) en la "Bibliotheca Teubneriana",
y la de Hümer (Vienna, 1891) en el "Corpus script. ecclesiast. latinorum".
TEUFFEL, Geschichte der römischen Literatur (Leipzig, 1890),
1016; SCHANZ, Geschichte der röm. Literatur, IV (Munich, 1904), 1, 190;
BARDENHEWER, tr. SHAHAN, Patrology (St. Louis, 1908).
PAUL LEJAY
Transcribed by Stephen William Shackelford
Dedicated to my wife, Jesursa Figuracion Shackelford
Traducido al Castellano por: José Miguel Piñeres Renauld