Obispo de York, hijo de un noble de Nortumbria, nació el 634; murió
en Oundle, Northamptonshire, el año 709. Fue infeliz en casa, con la
dureza de una madrastra. A los 14 años fue enviado a la corte del Rey
Oswy, rey de Nortumbria. Allí atrajo la atención de la reina Eanfleda,
y conforme a su propia petición, ella lo envió al monasterio de
Lindisfarne. Después de tres años pasados allí le enviaron,
otra vez gracias a la bondad de la reina, a Roma, en la compañía
de San Benedict Biscop. En Roma él fue el pupilo de Bonifacio, el archidiácono
del Papa. En su camino a casa permaneció por tres años en Lyons,
en donde él recibió la tonsura de Annemundas, el obispo de ese
lugar. Annemundas quería que él permaneciera en Lyons, casarlo
con su sobrina y que fuera su heredero; pero Wilfrid estaba decidido a ser sacerdote.
Al poco tiempo ocurrió la persecución en Lyons, y allí
falleció Annemundas falleció, Wilfrid también estuvo cerca
de morir, pero se dieron cuenta que era anglosajón y esto permitió
que él regresara a Inglaterra. En Inglaterra recibió el monasterio
nuevamente fundado en Ripon como regalo de Alchfrid, hijo de Oswy y heredero,
y aquí estableció el canon benedictino completo. Los monjes de
Columbite, que habían sido colocados previamente en Ripon, se retiraron
al Norte. No fue si no luego de cinco años de abad en Ripon, que Wilfrid
se volvió sacerdote.
Su principal trabajo en Ripon fue la introducción de las reglas romanas
y poner por delante las prácticas romanas con respecto a los puntos en
discusión entre la Santa Sede y los monjes escoceses en Nortumbria. Para
resolver estas preguntas se llevó a cabo al sínodo de Whitby en
el año 664. Principalmente debido a la defensa de Wilfrid de las demandas
de la Santa Sede, los votos de la mayoría fueron dados a ese lado, y
Colman y sus monjes, decepcionados amargamente, se retiraron de Nortumbria.
Wilfrid, en consecuencia con los favores que había obtenido, fue elegido
obispo en lugar de Colman, y, pero este recibimiento fue rechazado por los obispos
cismáticos norteños. Se dirigió a Francia y allí
fue consagrado en Compiègne.
Él permaneció un tiempo en Francia, bien por su propio error
o no, lo cual no está absolutamente claro, pero a su regreso en el año
666 fue desviado de su curso por una tormenta y naufrago en la costa de Sussex,
en donde los habitantes paganos lo rechazaron y casi le mataron. Tuvo éxito
en tierra, al menos, en Kent no lejos de Sandwich. Desde aquel lugar emprendió
ruta a Nortumbria, sólo para encontrar que, debido a su larga ausencia,
su lugar en el obispado había sido ocupado, y que San Chad era obispo
en su lugar. Él se retiró a su viejo monasterio en Ripon, y desde
el cual se dirigió hacia el Sur y trabajó en Mercia, especialmente
en Lichfield, y también en Kent.
En el año 669 el Arzobispo Teodoro de Cantorbery visitó Nortumbria,
donde encontró a Chad como obispo. Él le observó los defectos
de su posición y por su presión, Chad se retiró y Wilfrid
una vez más se convirtió en obispo de York. Durante su ejercicio
en el obispado, él actuó con gran vigor y energía, completando
el trabajo de obediencia hacia Roma con los monjes escoceses. Él fundó
cuantiosos monasterios de la orden benedictina, especialmente en Henlam y en
Ripon, y reconstruyó totalmente la catedral en York. En todo lo que él
hizo él actuó con gran magnificencia, aunque su propia vida era
siempre simple y modesta.
Mientras Oswy vivió todo fue bien, pero con el hijo de Oswy Ecgfrid,
sucesor. Wilfrid era muy impopular, debido a su acciones en conexión
con la novia Etheldrida de Ecgfrid, que por el consejo de Wilfrid no vivía
con su compañero sino retirada en un monasterio. Fue justo en este punto
que Teodoro, excediendo posiblemente sus poder como Arzobispo de Cantorbery,
procedió a subdividir la gran diócesis que Wilfrid gobernaba,
y crear obispados colaboradores de Lindisfarne, de Hexham, y de Witherne. Wilfrid,
aprobase o no el principio de la subdivisión, rechazó a Teodoro
el hacerlo, y apeló a la autoridad central en Roma. Teodoro contestó
consagrando a tres obispos en la propia iglesia de Wilfrid en York y dividiendo
su obispado entre ellos.
Este intento fue hecho por sus enemigos que querían evitar que Wilfrid
llegara a Roma, pero por una coincidencia singular Winfredo, obispo de Lichfield,
resultó yendo a Roma por el mismo tiempo, y la semejanza en el nombre
ocasionó que fuera detenido mientras que Wilfrid consiguió ir
en forma segura. En Roma el Papa Agato llamó a un consejo para decidir
el caso, y Wilfrid apareció ante él en persona, mientras que Teodoro
fue representado. El caso fue decidido en favor de Wilfrid, y los obispos intrusos
fueron retirados. Wilfrid debía volver a York, y puesto que la subdivisión
de su diócesis era necesaria, él debía designar a otros
como asistentes. Él regresó a Nortumbria con esta decisión,
pero al rey, aunque no disputando el derecho de Roma de resolver la objeción,
dijo que Wilfrid había trabajado la decisión y lo puso en prisión
en Bambrough. Después de un tiempo este encarcelamiento fue convertido
a exilio, y fue expulsado del reino de Nortumbria. Él fue al Sur a Sussex,
donde los habitantes paganos que 15 años antes lo habían rechazado,
cuando había predicado como misionero en Selsey.
En 686 una reconciliación ocurrió entre Teodoro y Wilfrid, que
entonces había estado trabajando en Sussex por cinco años. A través
de los buenos oficios de Teodoro, Wilfrid fue recibido en Nortumbria, donde
estaba de rey Aldfrid. Él lo hizo obispo de Hexham inmediatamente y después
de poco tiempo, cuando York estuvo nuevamente vacante, tomó posesión.
Por algunos años todo marchó bien, pero al final de esos tiempos
grandes dificultades se presentaron con el rey porque Wilfrid rehusó
reconocer lo que había hecho Teodoro pero, nuevamente tuvo que apelar
a Roma cuando fue anulada el asunto de la subdivisión de la diócesis.
Él llegó a Roma por tercera y última vez en el año
704.
Los procedimientos en Roma fueron muy largos, pero luego de algunos meses Wilfrid
obtuvo la victoria. El Arzobispo Brihtwald debía llevar a cabo a un sínodo
y ver que se hiciera justicia. Wilfrid regresaría a Inglaterra pero en
su travesía enfermó y casi muere en Meaux. Luego de recuperado
prosiguió su viaje y en éste se reconcilió con Brihtwald.
Llevaron a cabo a un sínodo, y fue decidido devolver de nuevo a Wilfrid,
a Hexham y a Ripon, pero no a York, una decisión que, aunque insatisfactoria,
él decidió aceptar, pues el principio de la autoridad romana había
sido solicitado.
Más allá de otros de su tiempo, San Wilfrid destaca como el gran
defensor de la Santa Sede. Por ese principio él luchó toda su
vida, primero contra Colman y los monjes escoceses de Iona, y luego contra Teodoro
y su sucesor en la jurisdicción de Cantorbery; y buena parte de su vida
la pasó en exilio por esta razón. A él más que a
otros se le debe el establecimiento de la autoridad del Vaticano en Inglaterra,
y por esa razón él siempre tendrá un lugar muy alto entre
los santos ingleses.
Eddius, el biógrafo de San Wilfrid, fue traído por el Santo de
Cantorbery cuando él regresó a York en el año 669. Su trabajo
era estar en contacto con la música de la iglesia de York, y él
debía enseñar el método romano de canto. Él fue
un interno del monasterio de Ripon en el año 709, cuando San Wilfrid
pasó sus últimos días allí, y él emprendió
el trabajo de escribir la vida del Santo a petición de Acca, sucesor
de San Wilfrid en el obispado de Hexham. La mejor edición del trabajo
está en Raines, los "historiadores de la iglesia de York" (serie
de Rolls).
ARTHUR S. BARNES
Transcribed by Paul Knutsen
Traducido por Ramiro Banda Valdivia